Fabiola Posada convirtió su vida, sus experiencias y hasta las dificultades en material para hacer reír a millones de colombianos. Dos años después de su muerte, su nombre continúa ligado a una de las épocas más recordadas de la televisión y el humor nacional.
La Gorda Fabiola falleció el 19 de septiembre de 2024, apenas un día después de celebrar su cumpleaños número 61. Su partida puso fin a una trayectoria de décadas en la televisión, pero no logró borrar el recuerdo de una mujer que hizo del humor una de sus principales formas de expresión.
Antes de convertirse en uno de los rostros más queridos de Sábados Felices, Fabiola se preparó profesionalmente como comunicadora social y periodista. Trabajó en el diario La República y en la revista Contigo, sin imaginar que una invitación inesperada terminaría cambiando el rumbo de su vida.
En 1987, un asistente de Sábados Felices la contactó para participar en una de las secciones del programa. Aquella aparición fue el comienzo de una extensa relación con el espacio humorístico, donde permaneció durante años y construyó una identidad propia frente a las cámaras.
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Su particular manera de contar historias, su espontaneidad y sus personajes la llevaron a convertirse en una figura reconocida en todo el país. También incursionó en la actuación y participó en producciones como Yo amo a Paquita Gallego, Juegos prohibidos y la película ¿En dónde están los ladrones?.
Pero su historia no estuvo únicamente marcada por los escenarios.
En Sábados Felices conoció a Nelson Polanía, Polilla, con quien inició una relación que, pese a las circunstancias y a una diferencia de edad que inicialmente mantuvieron en reserva, terminó convirtiéndose en una de las historias de amor más conocidas del entretenimiento colombiano.
La pareja estuvo junta durante más de 27 años, tuvo a Nelson David y llegó a casarse tres veces: primero por lo civil, luego en Las Vegas y finalmente por la Iglesia católica. Su vida en pareja, incluso, terminó convirtiéndose en parte de las historias con las que ambos hacían reír al público.
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Tras la muerte de Fabiola, Polanía encontró en los recuerdos una manera de afrontar su ausencia. Fotografías, videos y experiencias compartidas terminaron convirtiéndose en el material de Mi gorda y yo: aprendiendo a vivir sin ti, un libro en el que reconstruyó la historia de amor que compartieron y su proceso de duelo.
La vida de la humorista también estuvo marcada por difíciles episodios de salud. En 2014 sufrió cuatro infartos y fue sometida a una cirugía de corazón abierto. En 2018 atravesó otra grave crisis que la llevó a permanecer varios días en coma.
Sin embargo, sus problemas cardíacos no fueron señalados por sus hijos como la causa de su muerte. Según explicaron después de su fallecimiento, la humorista contrajo una infección bacteriana que avanzó rápidamente y deterioró su estado de salud en cuestión de días.
Dos años después, su legado permanece en las imágenes de televisión, en sus personajes y en las historias que todavía recuerdan sus seguidores.
Fabiola Posada hizo de la risa su oficio y consiguió algo que pocos artistas alcanzan: convertirse en parte de la memoria colectiva. Por eso, aunque ya no esté frente a las cámaras, cada vez que aparece uno de sus personajes o se recuerda alguna de sus ocurrencias, vuelve también aquella mujer que durante décadas tuvo una misión sencilla: hacer reír a Colombia.
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