Donald Trump ha decidido dedicar las horas previas al 25º aniversario de los atentados del 11 de septiembre a la campaña para las elecciones legislativas de noviembre. El presidente viajó este miércoles a Dallas para encabezar la primera convención de medio mandato organizada en … la historia del Partido Republicano, un encuentro de dos días concebido para movilizar a sus votantes y presentar bajo una misma marca política a los candidatos y las propuestas con las que el partido pretende conservar el control del Capitolio.
Trump estará ausente de Nueva York este 11-S. No es la primera vez que un presidente en ejercicio elige otro de los lugares atacados para recordar los atentados de 2001, pero esta vez se trata de una fecha especialmente señalada, el 25º aniversario. Trump permanecerá en Washington y encabezará el homenaje en el Pentágono, mientras el vicepresidente J. D. Vance representará a la Casa Blanca en la ceremonia de la Zona Cero.
Antes, sin embargo, el presidente será la figura central del congreso de Dallas, que se celebra en el American Airlines Center, un recinto con capacidad para unas 20.000 personas. Por allí pasarán durante dos días dirigentes republicanos, miembros del Gobierno y candidatos de algunas de las principales carreras de noviembre. Vance tendrá también un papel destacado. Marco Rubio, en cambio, no estará, porque se encuentra de viaje por América Latina. Los dos son considerados los principales aspirantes a suceder a Trump como candidato a la presidencia por los republicanos.
La propia existencia de esta convención dice bastante sobre la estrategia republicana para noviembre. Los dos grandes partidos estadounidenses celebran sus convenciones nacionales cada cuatro años para proclamar a sus candidatos presidenciales. El Comité Nacional Republicano ha decidido trasladar por primera vez ese modelo a unas elecciones legislativas, sin candidatos presidenciales que nominar ni una plataforma que aprobar, y convertir Dallas en una gran concentración nacional alrededor de Trump.
El objetivo es bastante sencillo: intentar trasladar a las elecciones de medio mandato parte de la movilización que permitió al presidente regresar a la Casa Blanca en 2024. Trump no aparecerá en ninguna papeleta el 3 de noviembre, pero los republicanos quieren que sus votantes acudan a las urnas como si estuviera. El presidente ha prometido implicarse personalmente en algunas de las contiendas más difíciles y el partido ha organizado la convención como una mezcla de mitin, escaparate de candidatos y operación de recaudación.
Es también una apuesta que tiene riesgos. Los republicanos llegan a las últimas semanas de campaña con la economía, el coste de la vida y la guerra con Irán entre los asuntos que más pesan sobre el debate político, y varios candidatos que disputan escaños especialmente ajustados han preferido quedarse en sus estados o distritos. Otros consideran, en cambio, que prescindir de Trump sería todavía más arriesgado porque una parte importante de la base republicana sigue identificándose antes con él que con el partido.
Los republicanos celebran su primera su primera convención para las elecciones de medio mandato para que Trump atraiga a los votantes
El calendario añade una circunstancia poco habitual. Trump cerrará su participación en Texas prácticamente en vísperas del 25 aniversario del 11-S y regresará a Washington para asistir el viernes a la ceremonia del Pentágono, uno de los tres escenarios de los ataques del 11 de septiembre de 2001.
El presidente había estudiado inicialmente acudir a la principal conmemoración de Nueva York, en el lugar donde estuvieron las Torres Gemelas. Su equipo hizo preparativos para esa posibilidad, pero finalmente Trump optó por Washington. El diario ‘The New York Times’ informó de que entre las razones estuvo su interés en pronunciar un discurso, algo que no está permitido en la ceremonia de la Zona Cero desde 2012. La Casa Blanca niega que ése fuera el motivo del cambio.
Los organizadores de la ceremonia neoyorquina llevan 14 años evitando discursos de cargos políticos. Presidentes, expresidentes, gobernadores y alcaldes pueden acudir, pero el protagonismo corresponde a los familiares de las víctimas, que leen durante horas los nombres de los fallecidos. Trump sí podrá intervenir en el Pentágono, donde ya encabezó la conmemoración el año pasado. Vance estará en Nueva York y otros representantes de la Administración acudirán a la localidad de Shanksville, en Pensilvania, donde se estrelló el vuelo 93 de United Airlines.
Trump comenzó además los homenajes antes que otros años. El martes participó en un acto junto a la Casa Blanca, ante una viga de acero de casi ocho toneladas recuperada de la Torre Sur y trasladada durante meses por todo el país. Allí recordó a los fallecidos, homenajeó a los primeros intervinientes y concedió a título póstumo la Medalla Presidencial de la Libertad a Welles Crowther, el joven operador financiero y bombero voluntario conocido como «el hombre del pañuelo rojo», que ayudó a evacuar a varias personas antes de morir en la Torre Sur.
La ausencia de un neoyorquino ilustre
La relación de Trump con el 11-S es además especialmente personal por su condición de neoyorquino. Estaba en la ciudad cuando se produjeron los ataques y ha hablado de aquel día repetidamente desde que entró en política. La última vez que asistió a la ceremonia de la Zona Cero fue en 2024, durante la campaña presidencial.
Veinticinco años después de los ataques, Trump dividirá así esta semana entre dos escenarios muy distintos: Dallas, donde el Partido Republicano intenta convertir de nuevo su figura en el principal motor de movilización política para noviembre, y Washington, donde el viernes encabezará el homenaje del Pentágono. Nueva York, su ciudad y el lugar que concentra la memoria más visible del 11-S, quedará esta vez en manos de su vicepresidente, que aspira a ser su sucesor.
