En agosto, las fuerzas rusas lanzaron más de 2.500 drones propulsados a reacción contra Ucrania. En julio fueron 1.500, afirmó el asesor del presidente ucraniano, Serhii Beskrestnov. Esta escalada aérea se traduce, entre otras consecuencias, en muertes civiles. Pero también afecta a la … economía del país en guerra. Durante el bombardeo del 1 de septiembre, al menos 12 personas, entre ellos un ciudadano indio, han perdido la vida. Los heridos ascienden a 18 en la capital y su región. Uno de los objetivos del ataque fue un depósito y otras instalaciones ferroviarias. Allí impactó un misil balístico ruso. Siete trabajadores de los Ferrocarriles Ucranianos murieron en sus puestos.
La Fuerza Aérea de Ucrania no ha precisado el número total de misiles disparados por Rusia durante la noche. Según la información disponible, las defensas aéreas lograron derribar 5 misiles balísticos Iskander, 2 misiles S8000 Banderol y 5 misiles de crucero Kalibr, además de 187 drones. Se registraron hasta 10 lugares donde cayeron los restos de los proyectiles interceptados. En total los ataques se localizaron en 28 puntos del país.
La ofensiva aérea rusa también afectó a la ciudad sureña de Odesa, donde 7 personas resultaron heridas y 4 de ellas están hospitalizadas. Medios locales informan que el paso fronterizo de Orlivka, en la frontera con Rumanía, ha resultado dañado.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, destacó a través de sus redes sociales que «Rusia siempre planea sus ataques específicamente para causar tanta destrucción como sea posible en la vida de las personas, y solo tiene éxito cuando las capacidades de defensa aérea son insuficientes».
La capital ucraniana ha soportado seis días de ataques con drones y misiles día y noche. Entre el 27 y 28 de agosto, en Kiev sonaron hasta 13 veces las alarmas antiaéreas con casi 15 horas de duración. Lo que supone un número récord desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022. Las explosiones se multiplican en la capital afectando principalmente a la infraestructura civil y a la actividad económica.
Rusia no sólo ataca de día, también lo hace con nuevos modelos de drones. Los Geran-4 y Geran-5 propulsados a reacción se han multiplicado en las últimas semanas. Gracias a su motor a reacción son más rápidos. Esta evolución permite que los aparatos puedan volar a velocidades de hasta 600 kilómetros por hora, tres veces más rápido que los shahed propulsados por pistones.
Ucrania tiene ahora mayores dificultades para derribarlos con sus interceptores, un tipo de dron que hasta el momento habían sido una buena solución. El ministro de Defensa de Ucrania, Yevhen Khmara, informó el pasado 29 de agosto, que se están probando hasta cuatro modelos nuevos interceptores para neutralizar los nuevos aparatos rusos. Pero las defensas ucranianas siguen tratando de contener los bombardeos rusos con una escasez crítica de interceptores Patriot de producción estadounidense. Estos proyectiles son mejor solución para abatir los misiles balísticos rusos.
Cesión de Patriots
Los aliados de la OTAN y estados miembros de la Unión Europea están presionando a España y Grecia para que cedan a Kiev interceptores para las baterías Patriot, según fuentes de la agencia Bloomberg.Zelenski volvió a enfatizar esta mañana la importancia de fortalecer las capacidades antibalísticas ucranianas con más entregas de los aliados este otoño.
Otra de las consecuencias de la nueva estrategia rusa se refleja en las finanzas del país. El Ministerio de Economía de Ucrania informó que las previsiones de crecimiento económico se han rebajado del 1,3% al 0,5%.
Los últimos ataques rusos han afectado a los puertos ucranianos, una de las principales vías de exportación del país. Además de otros sectores como el comercio electrónico, la producción de acero y los centros de distribución de alimentos provocando escasez de algunos productos durante semanas.
El primer ministro ucraniano, Serhii Koretskyi, declaró el pasado 29 de agosto que «el enemigo está tratando de paralizar la actividad económica en la capital y las principales ciudades, por lo que nuestros enfoques y mecanismos de respuesta deben cambiar».
