En Francia, muy pocos hablan ya del motivo real de las manifestaciones, que no comenzaron el pasado 17 de octubre, sino mucho antes, cuando, a mediados de septiembre, varios institutos dijeron «basta» por las malas condiciones en las que había comenzado el curso. … Esas eran las razones para manifestarse. Sin embargo, lo ocurrido las noches del pasado sábado y domingo eclipsó casi por completo al movimiento estudiantil.
Una horda de encapuchados sembró el caos en las calles de París, destruyendo y saqueando establecimientos y tiendas.
La pregunta está en el aire: ¿quiénes son los que generan este caos, saquean y destruyen? ¿De dónde vienen?
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Saint-Exupéry de Créteil
Carlota Pérez
Las comparecencias ante los jueces de los detenidos por la policía durante estos últimos días «han permitido constatar que existen perfiles muy diversos: manifestantes que acudieron a protestar, jóvenes desempleados o con pequeños empleos mal pagados, jóvenes con antecedentes judiciales por menudeo de drogas y una madre que cría sola a sus hijos y que, según aseguró, «pasaba por ahí»», explica a ABC el sociólogo Francis Dupuis-Déri.
Cultura del motín
Aunque resulte complicado establecer un perfil sociológico de estos individuos, las imágenes de los saqueos están ahí y, al menos, permiten identificar algunos rasgos físicos de los saqueadores: jóvenes, en su mayoría hombres, con el rostro cubierto por capuchas, gafas oscuras, bufandas y ropa negra. Un equipamiento que tiene su razón de ser: dificultar su identificación por parte de la policía.
Se trata de alborotadores que, según escribe el politólogo Jérôme Fourquet, se han instalado en «la cultura del motin» y pueden dividirse en dos grupos: los «cuasi profesionales», militantes de ultraizquierda a menudo procedentes del movimiento Black Bloc, y los vándalos, mucho más numerosos, que actúan por oportunidad y comparten una misma consigna: «¡Vamos a joderlo todo!».
Esta táctica, conocida como Black Bloc (bloque negro), no cuenta con una organización jerárquica ni con un liderazgo definido: «Cualquiera puede incorporarse a él. Hay anarquistas, comunistas, ecologistas, feministas, personas ‘queer’ y los célebres antifascistas», señala Dupuis-Déri. Su método resulta fácil de reproducir por la sencillez de su propuesta: una estética punk que surgió en el Berlín Occidental de finales de los años ochenta.
Por otro lado, están los vándalos que aprovecharon el descontrol generado por estos encapuchados vestidos de negro para saquear y robar a manos llenas en los establecimientos de sus vecinos.
El propio ministro de Asuntos Urbanos, Vincent Jeanbrun, afirmaba en una entrevista que se trataba de una «facción de delincuentes de los suburbios» que «saqueó parte de Francia». «Hay jóvenes y adultos perfectamente entrenados en este tipo de violencia, en esta guerra de guerrillas urbanas, y eso no se aprende en la escuela. Entonces, ¿dónde se aprende? En las calles de ciertos barrios, con grupos clandestinos de narcotraficantes que enseñan a nuestros jóvenes desde muy pequeños a atacar a la policía y a odiarla», declaró.
«Hay jóvenes y adultos perfectamente entrenados en este tipo de violencia, aprendida con grupos clandestinos de narcotraficantes que les enseñan a atacar a la policía y a odiarla»
Vicent Jeanbrun
Ministro de Asuntos Urbanos
En uno de esos suburbios, en la periferia norte de París, en Saint-Denis, el día amaneció como suele hacerlo en estas fechas: gris y frío, aunque algo más tranquilo. «El ambiente se ha calmado, pero la situación es mala, muy mala», comenta una pareja de españoles que emigraron hace más de 60 años desde Ponferrada hasta este barrio.
Las declaraciones del ministro no son nuevas para los vecinos de este barrio. «Siempre señalan a los suburbios y aquí sabemos quiénes causan el caos: son los de siempre. Mira lo que pasó cuando ganó el PSG o cuando hubo otras manifestaciones…», explica Gael, vecino del barrio. Durante la celebración de la victoria del equipo parisino en la Champions en mayo de este año, los saqueos y la violencia fueron protagonizadas por individuos que, según el entonces prefecto de la policía y ahora ministro del Interior, Laurent Nuñez, procedían de barrios de la periferia de París: un 70% de los deenidos procedían de ellos y un tercio resultaron ser menores de edad.
La ley del más fuerte
Una opinión muy parecida a la de Teresa, profesora de castellano en un colegio de la zona norte de París: «Aquí reina la ley del más fuerte y es lo que también se vio el fin de semana». Tras diez años dando clases en colegios de estos barrios periféricos, admite la «falta de integración» de los chavales, lo que degenera en tensiones en los barrios.
La realidad es la que es. En Saint-Denis, las autoridades municipales se mantienen en estado de alerta máxima. El mismo lunes, un día después de los saqueos, el alcalde, Bally Bagayoko, de La Francia Insumisa y convertido en «héroe» por «defender» a los estudiantes frente a la policía, se reunió con los comerciantes para informarles de la situación e instar a la población a extremar las precauciones. Hay temor de un nuevo descontrol ya que en los últimos días ha habido llamamientos en las redes sociales que instaban a los jóvenes a participar en saqueos, imitando lo que estaba ocurriendo en París. «El domingo hubo muchos jóvenes de pueblos vecinos, pero también jóvenes de Saint-Denis; tenemos que reconocerlo», admitió Bagayoko.
