La Casa Blanca ha salido este viernes a tratar de fijar los términos reales del acuerdo que Donald Trump negocia con Irán, después de dos días de filtraciones cruzadas, borradores difundidos por medios próximos al régimen de Teherán y versiones contradictorias sobre el alcance del … pacto. Un alto cargo de la Administración aseguró en una llamada con periodistas que el texto que se negocia no contempla pagos inmediatos ni liberación automática de fondos iraníes, sino un sistema gradual en el que Teherán solo recibirá alivio económico si cumple primero sus obligaciones.
Según esa versión, el acuerdo tiene cinco elementos centrales: la reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo; el desmantelamiento del programa nuclear iraní; la entrega, destrucción y retirada del material enriquecido; un compromiso de paz regional a largo plazo; y un régimen de inspecciones destinado a verificar que Irán cumple lo pactado. A cambio, si Teherán ejecuta esos compromisos, se abriría la puerta a una reducción de sanciones, a la descongelación de activos y a una reintegración progresiva de Irán en la economía mundial.
El mensaje de la Casa Blanca busca corregir la impresión creada por las filtraciones iraníes, que hablaban de hasta 24.000 millones de dólares en fondos desbloqueados, negociaciones nucleares futuras y mantenimiento del enriquecimiento de uranio durante una primera fase de sesenta días. El alto cargo estadounidense fue tajante al respecto: «Los iraníes no reciben nada al firmar el memorando ni por la negociación en sí». Según explicó, los beneficios llegarán sólo si Irán entrega el material nuclear, desmantela instalaciones, acepta inspecciones y contribuye a la estabilidad regional.
La Administración Trump sostiene que el acuerdo ya no es sólo una declaración de intenciones. Hace dos semanas, según el alto cargo, Washington tenía propuestas y compromisos verbales de Teherán. Ahora, seguís asegura, existe un texto real de memorando de entendimiento que ambas partes consideran aceptable. La firma podría producirse «en los próximos días», aunque aún no hay fecha ni lugar cerrados. El alto funcionario elevó la probabilidad de éxito desde el 75% que habría calculado por la mañana hasta un 80% o 85%, pero insistió en que no está hecho.
Cautela iraní
La cautela responde al sistema interno iraní. Según la Casa Blanca, la mayoría de los actores con poder en Teherán, incluidos sectores civiles, militares y del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, aceptan el pacto. Pero no todos, hay resistencias. La Administración Trump reconoce la existencia de sectores duros que se oponen o que tratan de presentar el acuerdo ante su propia opinión pública como una concesión menor de Irán y una victoria frente a Estados Unidos. Por eso, el alto cargo pidió escepticismo ante las informaciones procedentes de medios vinculados al régimen o a la Guardia Revolucionaria.
«Están intentando vender el acuerdo a su población interna», dijo el funcionario. «Eso era previsible». La Casa Blanca cree que buena parte de las filtraciones iraníes responden a esa necesidad de propaganda doméstica. En particular, considera falsas las versiones que hablan de pagos inmediatos de 12.000, 6.000 o 1.000 millones de dólares en el momento de la firma. La estructura del acuerdo, según Washington, es otra, y conlleva el cumplimiento primero, y el alivio financiero después.
El punto nuclear es el más delicado. El alto cargo aseguró a la prensa que Irán se comprometería indefinidamente a no desarrollar ni adquirir armas nucleares. También aceptaría destruir y retirar el material enriquecido, desmantelar el programa de armas nucleares y desmantelar o clausurar instalaciones nucleares. La ejecución no sería inmediata, porque quedan por resolver detalles técnicos sobre cómo retirar un material altamente sensible y combustible. Pero la Casa Blanca sostiene que el compromiso político ya está incorporado al texto.
Negociación técnica
Tras la firma, si se produce, se abriría una negociación técnica de sesenta días. Ese plazo serviría para definir cómo se destruye o extrae el material enriquecido, cómo se clausuran las instalaciones y cómo se organiza el régimen de verificación. La Administración reconoce que no confía en Irán. Su argumento es que no necesita confiar: el acuerdo estaría diseñado para que Teherán no obtenga los beneficios económicos hasta que Estados Unidos y sus aliados comprueben que cumple.
El alto cargo afirmó además que el acuerdo no se limita a Irán y Estados Unidos, sino que forma parte de una arquitectura regional más amplia. Incluiría a Israel, a los países del Golfo, a Líbano y a los actores vinculados a Teherán. Washington espera que Irán deje de financiar violencia en la región y que sus aliados, incluida la milicia libanesa Hizbolá, cesen los ataques contra Israel. A cambio, se respetaría la soberanía territorial de Irán. La Casa Blanca no exige, sin embargo, que Israel renuncie a su derecho de defensa.
Ese punto es clave para entender las dudas de Israel. El Gobierno de Benjamin Netanyahu ha expresado reservas ante cualquier acuerdo que permita a Irán conservar capacidades nucleares, recursos financieros o influencia militar regional. La Casa Blanca asegura que Trump habló con Netanyahu el jueves y que, una vez Israel vea los términos completos, estará cómodo con el pacto. Pero también reconoce que Israel mantendrá su derecho a responder si Irán o sus milicias incumplen.
La explicación de la Casa Blanca refleja una doble necesidad política. Por un lado, Trump quiere presentar el acuerdo como una victoria estratégica con la reapertura de Ormuz, fin del bloqueo, retirada del material enriquecido y desmantelamiento del programa nuclear iraní. Por otro, necesita diferenciar ese supuesto pacto de cualquier fórmula parecida al acuerdo nuclear de Barack Obama, que el propio Trump denunció durante años como insuficiente.
De ahí la insistencia en que Irán no mantendría una vía abierta hacia el arma nuclear, que el material enriquecido no permanecería en el país sin control y que las concesiones económicas no serían previas, sino condicionadas. La Casa Blanca trata así de contener las críticas de Israel, de los republicanos más duros y de quienes ven en cualquier alivio de sanciones una recompensa al régimen iraní.
El acuerdo, si se firma, no cerrará de inmediato la crisis. Abrirá una segunda fase más técnica, más lenta y probablemente incluso más difícil. La Administración Trump sostiene que el texto político ya está casi cerrado. Pero reconoce que la firma aún depende de que Teherán resuelva sus fracturas internas y de que el líder supremo avale finalmente el pacto. Según el alto cargo, los interlocutores iraníes han trasladado que Alí Jamenei está cómodo con los términos. Washington admite que sólo podrá comprobarlo si Irán firma y empieza a cumplir.
La Casa Blanca está, por tanto, en una posición de optimismo vigilado. Trump ha pasado en pocos días de amenazar con nuevos ataques a anunciar un posible acuerdo de paz. Ahora su Administración intenta convertir ese anuncio en una arquitectura concreta con obligaciones nucleares para Irán y alivio económico condicionado. En todo caso, el conflicto sigue abierto.
