La oración oficial para despedir a Alí Jamenei comenzó este domingo a las seis de la mañana (siete y media de la mañana, hora peninsular española). Pero, durante toda la noche, sus seguidores ocuparon la gran mezquita de Mosala con banderas rojas en sus manos, … un poderoso símbolo chií que exige venganza por la sangre de su líder, asesinado por Estados Unidos e Israel en los ataques del pasado 28 de febrero que desataron una nueva guerra en Oriente Próximo.
La seguridad era un nivel superior a máxima porque entre los asistentes estaban el jefe de la Guardia Revolucionaria, el general Ahmad Vahidi, el presidente, Masoud Pezeshkian, el presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohamed Bagher Ghalibaf, y el comandante de la Fuerza Quds, Esmail Qaani. La nueva cúpula de poder que ha tomado las riendas del sistema ante los ojos de todo el mundo, incluidos los enemigos que mataron a sus antecesores.
De la familia del difunto líder aparecieron por primera vez en público desde el estallido de la guerra sus hijos Masud, Meysam y Mostafa, pero su otro hijo y sucesor, Mojtaba, no asistió. La plegaria y los gritos clamando venganza elevaron la temperatura del sector más leal al sistema islámico.
Imposible moverse en los aledaños del templo. Una inagotable marea negra de humanidad ocupa cada centímetro de la zona del centro de la capital, cerrada desde el sábado para la despedida del líder. Este enviado especial tiene la oportunidad de cubrir los funerales de Jamenei bajo la supervisión de un intérprete facilitado por una de las agencias vinculadas al Ministerio de Cultura y Guía islámica.
«Todos queremos ver al nuevo líder, tenemos muchas ganas de escucharle en persona, pero no nos corresponde a nosotros decir cuándo debe aparecer, esa decisión no nos compete a los ciudadanos y solo la puede tomar él», responde algo molesto con la pregunta Shohrab Musavi, responsable de una de las casetas levantadas para ofrecer comida y bebida gratis a todos los asistentes. Musavi, que viene desde Juzestán, en la frontera con Irak, explica que el «el sistema funciona como una cebolla. Si cae una capa, hay otra y es aún más fuerte que la anterior. Que tomen nota nuestros enemigos». En su caseta han comprado una tonelada de sandías y trabajan sin descanso, sobre todo en las horas de calor, cortando pedazos para todos.
«El sistema funciona como una cebolla. Si cae una capa, hay otra y es aún más fuerte que la anterior. Que tomen nota nuestros enemigos»
Shohrab Musavi
Tendero de un puesto de sandías
El deseo por ver al líder es grande, sobre todo en un régimen opaco donde las apariciones públicas suelen ser medidas y cargadas de peso simbólico. Medios estadounidenses, citando informes de Inteligencia, han publicado informaciones sobre su delicado estado de salud tras el bombardeo de Israel en el que falleció su padre, pero entre sus seguidores no hay fisuras. «La amenaza de asesinato por parte de Israel y Estados Unidos es real y no podemos correr ese riesgo. Trump y Netanyahu desean acabar con el líder supremo y, como persona inteligente que es, no debe aparecer hasta que la garantía de seguridad sea total, y no lo es», opina Sajedeh Maisami, llegada desde Shiraz, al sur del país, para el funeral. Después de cuatro meses de espera siente esta despedida como «una muestra de nuestra fortaleza; han asesinado al líder, la pérdida es grande, pero la república islámica continúa su camino».
«Trump y Netanyahu desean acabar con el líder supremo y, como persona inteligente que es, no debe aparecer hasta que la garantía de seguridad sea total»
Desde su nombramiento, Mojtaba Jamenei solo se ha comunicado a través de mensajes escritos que han difundido los canales oficiales. Ni imágenes, ni mensajes de voz, ni ninguna otra señal ha emergido del refugio de alta seguridad en el que se blinda ante la amenaza israelí y estadounidense. El complejo de la gran mezquita de Mosala cuenta con una enorme zona verde que las autoridades han convertido en campamento para millones de personas llegadas desde las provincias. Viajan en autobuses y un ejército de voluntarios trabaja para ofrecerles comida, atención médica y tiendas para dormir. Todo es gratuito. La entrada al recinto es una especie de procesión interminable entre los mensajes de megafonía que recuerdan al líder muerto y preguntan en voz alta sobre su sucesor: «¿Dónde está el hombre de la bonita sonrisa? ¿El hombre de la familia martirizada? Estés donde estés, te decimos que dios te proteja».
El líder «oculto»
El espacio para repartir desayunos, comidas y cenas ocupa una superficie equivalente a varios campos de fútbol. Una de las casetas que tiene una mayor cola de espera es la de una asociación religiosa de Yazd, en el centro del país, vinculada a la Guardia Revolucionaria. Mustafa Qasemi está al frente de un equipo que prepara 24.000 raciones de comida al día y hoy toca arroz con lentejas y patatas fritas. «Esto también es resistencia, peleamos cocinando para nuestra gente las 24 horas del día y de Teherán nos iremos a Mashad para el entierro del jueves», explica Qasemi, vestido de caqui militar. Cuestionado por la ausencia del nuevo líder, responde sin dudas que «no aparecerá de ninguna de las maneras porque el enemigo ha demostrado que no respeta nada. Cuando lo haga, lo hará con la bandera del imán Mahdi».
Mahdi es el duodécimo imán del chiismo. Nació en el siglo IX, pero desapareció y la creencia asegura que permanece oculto hasta que reaparezca para traer justicia al final de los tiempos. Los chiíes, secta del islam mayoritaria en Irán, el Líbano o Irak, piensan que el imán no ha muerto y hablan de un estado de «ocultación» que dura hasta hoy y tiene un peso enorme en la cultura.
Tras recoger los paquetes con la comida, la gente trata de buscar una sombra para tener una tregua del sol. El funeral es un maratón diario de ceremonias y oraciones para los más fieles al sistema, dispuestos a demostrar al mundo que el régimen cuenta con una base sólida. La participación es masiva y las autoridades han puesto todos los medios posibles para conseguir la mayor movilización de la historia de la república islámica, por encima incluso del funeral de su fundador, Ruhola Jomeini.
«Somos de verdad, estas imágenes no han sido creadas por IA, este es el Irán leal al sistema islámico y es real, nadie nos ha obligado a venir aquí. Hay muchos iraníes que se oponen y no toman parte en el funeral, pero otros muchos lo hacemos de corazón», explica Mahdi Firouzmanesh, consultor tecnológico de Rahst, a orillas del Caspio. «En Occidente no pueden entender que los iraníes tengamos un nuevo líder supremo que no salga a la luz, pero, como hemos demostrado con el imán Mahdi durante siglos, podemos esperar el tiempo que sea necesario. No tenemos prisa alguna porque sabemos que está con nosotros. ¿Qué más da si opera detrás de una cortina? El enemigo ha demostrado un profundo desconocimiento de nuestra cultura», asegura Firouzmanesh, bandera roja en mano.
«Este es el Irán leal al sistema islámico. Hay muchos iraníes que se oponen y no toman parte en el funeral, pero otros muchos lo hacemos de corazón»
Mahdi Firouzmanesh
Consultor tecnológico
Superada la jornada de la oración principal en Teherán, la capital se prepara para la procesión que llevará el cuerpo hasta la plaza Azadi (Libertad). Desde allí, el cortejo fúnebre se trasladará a la ciudad santa de Qom para pasar luego a Irak antes del entierro del jueves en Mashad. Irán despide de forma masiva a Alí Jamenei, que deja a la república islámica a la sombra de su hijo y nuevo líder oculto.
