La Unión Europea no está preparada para el nuevo tiempo geopolítico en el que hemos entrado, una nueva etapa en la que las relaciones de poder dejan atrás un mundo basado en normas, organizaciones internacionales y negociaciones diplomáticas. Los conflictos y las amenazas crecen -desde … la IA a la proliferación nuclear- y la seguridad nacional se convierte en el imperativo que desplaza al de la prosperidad global.
En el discurso sobre el estado de la Unión esta semana en el Parlamento Europeo, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, no ha querido decir lo que posiblemente piensa: la UE no tiene las instituciones, las políticas y los líderes (en especial en Alemania y Francia) que necesita para reinventarse a tiempo. La mayoría de sus ciudadanos vive además en una ensoñación pacifista.
La política alemana ha evitado convertir su alegato en un largo lamento y, entre otras propuestas, ha reclamado con acierto fortalecer el mercado interior para mejorar la competitividad y frenar las prácticas comerciales chinas que dañan a la industria europea.
Las dos innovaciones institucionales que ha propuesto en el ámbito internacional, sin embargo, no tienen consistencia y demuestran que las relaciones exteriores no son su fuerte. Por un lado, la puesta en pie de un nuevo foro llamado pomposamente ‘Consejo de Seguridad’ para tratar con países aliados sobre la seguridad del continente, amenazada por Rusia. Para eso ya está el Consejo Europeo, que se puede reunir con terceros estados, o la Comunidad Política Europea.
Por otro, la oferta a Canadá de convertirse en el primer ‘Estado miembro asociado’ de la UE, una categoría que no existe en el Derecho europeo, es un brindis al sol con el que además ha conseguido irritar a Donald Trump. Hay diez socios europeos que aún no han ratificado el acuerdo comercial UE-Canadá de 2017 y nada como empezar por hacer los deberes.
