Fue en Dessau, en mayo de 1932, capital del estado de Anhalt, donde el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) logró por primera vez un presidente regional, en la República de Weimar. Su nombre, Alfred Freyberg, ha caído en el olvido. Lo que no se ha … olvidado es lo que siguió a su victoria electoral: el colapso de la democracia alemana. En menos de un año, el partido nazi repitió la hazaña a nivel de la República y en enero de 1933 fue elegido canciller Adolf Hitler. Ulrich Siegmund, el candidato regional de Alternativa para Alemania (AfD), pretende hoy repetir esa historia.
Como precaución ante un posible fraude, ha enviado a cientos de simpatizantes voluntarios a los colegios electorales que desde primera hora hacen presencia y vigilan las mesas, con el objetivo de que los «votos patrióticos ganados con esfuerzo no desaparezcan». Si bien es cierto que la comparación entre AfD y el partido nazi no es del todo justa, sus usos electorales se parecen y su historia está íntimamente conectada. Hitler inspiró a los redactores de la Constitución alemana, la Ley Fundamental de 1949, motivo por el que AfD es ahora clasificado oficialmente como peligro para la democracia.
Como respuesta al despliegue de AfD, la Plataforma Electoral también ha situado en toda Sajonia-Anhalt más de 80 observadores «para proteger nuestra democracia». Cuenta con el apoyo de la Bolsa Europea GmbH y de la Plataforma Europea para las Elecciones Democráticas (EPDE). Su objetivo es una «misión independiente de evaluación electoral según estándares internacionales», como los del Consejo de Europa y la OCDE. Con unos y otros observadores, 1,7 millones de votantes viven hoy la cita con las urnas en un clima de tensión y muy presionados. Todo el que va a votar queda fichado y el que no también.
Casi a la misma hora en la que se abrían las urnas, el obispo de Magdeburgo, Gerhard Feige, ha vuelto a pedir esta mañana el voto contra AfD. El cristianismo «actualmente signifique de una manera especial resistir contra el espíritu nacionalista y xenófobo», ha dicho durante la peregrinación de la Diócesis al monasterio de Huysburg, cerca de Dingelstedt, sin citar expresamente al partido.
Feige ha criticado las «ideas apocalípticas y racistas que han echado raíces en la mente de muchos, que convierten la caridad en una no-palabra —y la misantropía en socialmente aceptable». Ha advertido contra la «agitación y propaganda de fuerzas políticas que siembran discordia, fomentan la desconfianza y los miedos, quieren restringir drásticamente derechos y libertades, mientras prometen condiciones paradisíacas en un engrandecimiento mesiánico».
Poco después han acudido a su colegio electoral el candidato de Afd, Ulrich Siegmund, junto a su esposa Julia, en Tangermünde. Tras posar para las cámaras, Siegmund ha vuelto a sugerir que sólo gobernará si puede hacerlo en solitario, con una mayoría absoluta que las encuestas todavía le escatiman. Las más optimistas le conceden hasta un 43%, otras un 41%. La conservadora Unión Cristianodemócrata (CDU), del actual presidente regional Sven Schulze, alcanza el 23% en la encuesta publicada el jueves por el Research Group Elections.
A la izquierda de estos dos partidos, el escenario es desolador. El Partido de Izquierdas, en tercer lugar, tendría un 11,5%. El Partido Socialdemócrata (SPD) queda reducido al 8,5% y Los Verdes al 6%. La extrema izquierda de El BSW, con un 45, y los liberales del FDP, con un 3%, ni siquiera lograrían entrar en el parlamento regional. «Todavía es muy pronto, hay un alto porcentaje de indecisos y debemos esperar al recuento de los votos», ha mostrado Schulze esperanza cuando ha acudido a depositar su voto junto a su esposa, en un colegio electoral de Magdeburgo.
A las seis de la tarde, cuando comience el recuento, podrían producirse tumultos porque AfD lleva semanas pidiendo a sus seguidores que vigilen de cerca a las juntas electorales, a lo cual, según la ley electoral, todos tienen derecho sin registro previo y siempre que no molesten. Pero no sólo toda Alemania, sino también toda Europa está pendiente de este resultado. En definitiva, el 0,5% del electorado europeo está votando una cuestión crucial: si un partido político clasificado oficialmente como contrario a la Constitución por las instituciones del país puede hacerse con el control de un gobierno regional, controlar su policía y desde esa posición desestabilizar Alemania y Europa, que son objetivos declarados de AfD.
Cabe recordar que AfD nació en 2013 como un partido euroescéptico, como reacción de académicos y economistas alemanes a los rescates europeos durante la crisis de la deuda. Desde entonces, ha sido cooptado por su ala extremista más radical y transformado en un partido de ultraderecha, pro-Putin, antimusulmán y antiucraniano, que aboga por la salida de Alemania de la Unión Europea, por la prohibición de medios de comunicación y por separar a los niños alemanes étnicos del resto en las escuelas, entre otros muchos puntos de un programa radical y antisistema. Cuenta con la dirección más joven entre los partidos alemanes, un liderazgo con gran dominio de los medios que promete destruir el orden europeo.
