La posible desaparición de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) ha encendido las alarmas en el sur del país. Su mandato expira el próximo 31 de diciembre y la oposición de Estados Unidos a renovarlo hace temer el final de una … presencia que se ha prolongado durante casi medio siglo.
Con motivo del 48º aniversario de la misión este pasado sábado, el jefe de Estado Mayor de la FINUL, el general de división Paul Sanzey, organizó una ceremonia en la catedral latina de San Luis, en Beirut, junto al comandante de la misión, el general Diodato Abagnara, y representantes militares internacionales. El acto, previsto inicialmente en el cuartel general de Naqoura, tuvo que trasladarse a la capital debido a las circunstancias operativas en el sur.
Muchos de los asistentes expresaron su incredulidad ante una retirada que consideran difícil de asumir. Sanzey confirmó que las operaciones de la FINUL concluirán el 31 de diciembre de 2026 y que los cerca de 7.500 efectivos desplegados abandonarán progresivamente el país entre enero y junio de 2027, salvo un cambio de escenario o una nueva decisión internacional.
El militar francés explicó que sobre la mesa existe una propuesta franco-italiana para mantener una presencia internacional bajo otro formato. La iniciativa contemplaría una nueva misión adaptada a la realidad actual y que contaría con el respaldo de las autoridades libanesas y la aceptación de Israel.
La preocupación es especialmente intensa entre los habitantes del sur. Durante décadas, la FINUL no solo ha actuado como mecanismo de mediación entre Líbano e Israel, sino también como uno de los principales motores económicos de la región. «La gente teme perder esa red de seguridad permanente y que vuelvan los enfrentamientos fronterizos», reconoció Sanzey.
«Naqoura es un desierto»
La situación sobre el terreno sigue siendo crítica. «Naqoura es un desierto; alrededor del cuartel general ya no queda nada», lamentó el general. A la destrucción de viviendas se suma el colapso de servicios esenciales como el agua, la electricidad o las telecomunicaciones. Sin estabilidad, advirtió, la reconstrucción será extremadamente difícil.
Durante la ceremonia, representantes de las comunidades locales agradecieron la labor de los cascos azules. Sanzey admitió que deja el país con sentimientos encontrados: lamentó la muerte de siete efectivos bajo su mando, el desplazamiento de unas 800.000 personas y la imposibilidad de completar algunos de los objetivos de estabilización y desarme.
Aunque considera que los combates han remitido, el general reconoció que la calma sigue siendo frágil. «Nunca había visto tanta violencia en un campo de batalla», afirmó al recordar los enfrentamientos registrados entre marzo y mayo.
En un tono cargado de emoción, reivindicó la estrecha relación construida entre la FINUL, la población libanesa y el Ejército del Líbano. Y lanzó un último deseo antes de la retirada: que la misión pueda transformarse en otro mecanismo internacional que permita mantener el apoyo a un país que todavía lucha por recuperarse de años de conflicto.
