Este otoño, el Partido Demócrata volverá a enfrentarse a la cuestión que divide al partido con fuerza en la última década: ¿el camino al poder está en el izquierdismo o en la moderación? El asunto se discute desde las primarias históricas de 2016, las de … la irrupción del socialista Bernie Sanders. El veterano senador por Vermont puso contra la pared a su rival Hillary Clinton y al propio partido, que hizo todo lo posible para parar los pies a su movimiento de populismo izquierdista. Muchos progresistas todavía consideran que si se hubiera dado alas a Sanders la historia reciente de EE.UU. sería diferente: la movilización juvenil habría impedido la victoria de Donald Trump.
Ahora, cuando el país empieza a mirar hacia las próximas elecciones presidenciales, las de 2028, la cuestión aflorará con fuerza en un lugar inesperado: Florida, un territorio antes disputado entre demócratas y republicanos, pero que, en la era del trumpismo, se ha inclinado por los segundos.
Allí, las primarias celebradas este martes por la noche han convertido al estado sureño en un laboratorio para el Partido Demócrata. Las dos grandes elecciones que se celebran en Florida este noviembre -un escaño decisivo para el Senado, el puesto de Gobernador- tendrán perfiles opuestos: una candidata socialista, Angie Nixon, y un candidato que fue republicano y no se registró como demócrata hasta el año pasado, David Jolly. De su desempeño -en especial, si alguno da el campanazo y gana la elección a su rival republicano- muchos extraerán conclusiones para 2028.
Desde aquellas primarias con Sanders, el debate está abierto en cada cita electoral. Buena parte del partido, su ‘establishment’ y los grandes donantes consideran que el camino para ganar elecciones clave está en la moderación, en atraer a independientes y moderados. El discurso progresista contra los multimillonarios, a favor de reformas estructurales en el estado de bienestar, la justicia social o la reforma policial están muy bien en los bastiones demócratas. Pero hacen perder elecciones en los territorios donde las fuerzas con los republicanos están ajustadas: esos mensajes asustan a los moderados e independientes.
Los izquierdistas hacen un análisis opuesto: las elecciones se ganan desde la movilización. No es cuestión de agradar a los moderados, sino de activar a las bases del partido con ilusión y mensajes de cambio.
Este otoño, estas dos visiones contrapuestas convivirán en la campaña en Florida para las elecciones legislativas de noviembre. La presencia inesperada es la de Nixon, que derribó al favorito en las primarias, Alex Vindman.
Las elecciones de los extremos
Nixon no tenía hasta hace poco un gran perfil en Florida y mucho menos a nivel nacional. Es una activista que llegó a la política en 2020, cuando logró un escaño como diputada estatal. Algunos incidentes en protestas -el uso de un megáfono rosa en una sesión legislativa, una detención por manifestarse en la oficina del gobernador, el republicano Ron DeSantis- le dieron cierta presencia mediática. Nixon está adscrita a Socialistas Demócratas de América (DSA, en sus siglas en inglés), la facción más izquierdista del partido.
Vindman, un exmilitar que fue alto cargo en Defensa, alcanzó notoriedad por ser un testigo clave en el primer ‘impeachment’ o juicio político contra Trump. En las primarias tenía el apoyo del ‘establishment’ demócrata y de sus donantes. Pero contar con una recaudación de fondos 16 veces mayor que la de Nixon no evitó su derrota, tras una campaña desastrosa. Todo lo contrario que la ganadora, que desplegó un ejército de voluntarios que tocaron puertas de punta a punta de Florida. Nixon tratará ahora de hacer el más difícil todavía para imponerse a la republicana Ashley Moody, que ostenta uno de los dos escaños de Florida en el Senado. Si lo logra, sería algo decisivo para la ambición de los demócratas de recuperar la mayoría en la Cámara Alta.
Pero esta ambición dependerá de la sed de los electores por perfiles extremistas, en un momento de creciente polarización. En Michigan, un estado clave, el candidato surgido de las primarias es el mejor ejemplo de la oleada socialista que sacude al Partido Demócrata: Abdul El-Sayed, que buscará convertirse en el primer musulmán en la historia del Senado de EE.UU. El-Sayed podría unirse a otro socialista musulmán que ha hecho historia: Zohran Mamdani, que el año pasado se convirtió en alcalde de Nueva York, la mayor ciudad del país.
Byron Donalds.
(Reuters)
Un candidato negro y aliado de Trump para hacer historia
El primer gobernador negro de la historia de Florida apunta a ser republicano. El diputado Byron Donalds, un aliado de Trump, ganó con suficiencia las primarias de este martes en el estado sureño y es el gran favorito.
En los 250 años de democracia estadounidense, solo tres candidatos negros han ganado una elección a gobernador: Douglas Wilder (Virginia, 1990-1994), Deval Patrick (Massachusetts, 2007-2015) y Wes Moore (Maryland, desde 2023 hasta ahora).
Al mismo tiempo, los votantes demócratas de Florida eligieron un perfil opuesto al de Nixon para recuperar el puesto de gobernador: Jolly es un centrista, con un mensaje de unidad, pero también de defensa firme del capitalismo.
«Esta coalición no está unida por el partido, está unida por el patriotismo», dijo Jolly en la celebración de su victoria en primarias. «Esta nueva mayoría en la política estadounidense entiende algo importante esta noche», añadió el ganador, en un intento de meter bajo el paraguas demócrata al máximo número de votantes. «Celebramos el retorno de la resiliencia, la renovación de la esperanza, la creencia en llegar a algo mejor, en que somos mejores que el lugar al que nos han arrastrado nuestros líderes».
La elección de este otoño en Florida se parecerá a la de 2018. Entonces los demócratas presentaron a un progresista, Andrew Gillum, a gobernador, y a un centrista, Bill Nelson, al Senado. Ambos perdieron por poco: 32.000 y 10.000 votos, respectivamente. Aquel resultado no dio respuesta a la cuestión de fondo: ¿socialismo o moderación? Habrá que ver si las urnas lo aclaran este otoño.
