Desde Irlanda, Moscú lanzó este miércoles un aviso claro: los misiles atómicos son una opción si Occidente intenta aislar a su territorio en el Báltico. Los representantes rusos hicieron llegar una nota diplomática a la Alianza Atlántica en la que advierten que «no cabe duda … de que Rusia estará preparada para utilizar todo su arsenal, incluidas las armas nucleares, para defender su territorio si los países de la OTAN intentan aislar la región de Kaliningrado del resto del país». La misión en Dublín añadió que también Bruselas es «irresponsable y miope» y la culpó de «estar jugando un juego peligroso».
En la misma publicación se culpa a los líderes de la Unión Europea de usar a Moscú como una excusa para justificar un aumento del gasto militar en el bloque comunitario y para armar a Ucrania. Kiev, desde el inicio de la invasión, ha recibido grandes cantidades de armamento y recursos económicos de Occidente. Y ahora ha pedido otra inyección cercana a 50.000 millones de euros para sufragar su déficit.
El secretario de la OTAN, Mark Rutte, ha respondido a la nota con una declaración en la que recuerda que «somos una alianza defensiva. Basta de amenazas nucleares. Esto es absolutamente injustificado y no contribuye en nada», Posteriormente, un portavoz de la organización ha explicado que ésta ha remitido una réplica a Moscú en los mismos términos. «Ninguna de nuestras actividades o ejercicios supone una amenaza para ninguna parte de Rusia. Condenamos firmemente la amenaza del uso de la fuerza, incluida cualquier retórica nuclear irresponsable. Instamos a Rusia a poner fin a su guerra no provocada en Ucrania».
La Alianza ha confirmado, por otra parte, que el mecanismo elegido por la misión diplomática rusa es el envío de una nota ‘non-paper’; es decir, un documento oficioso, informal y sin firma que no compromete al Gobierno que lo emite. Este tipo de mensajes se utilizan de manera habitual en la diplomacia para sondear opiniones, presentar borradores de cooperación o compartir propuestas de forma anónima y no como una postura oficial. Un alto mando de la OTAN ha señalado este miércoles que el mensaje ruso es de una especial gravedad mientras otras fuentes lo han considerado una provocación verbal más dirigida desde el Kremlin.
El apoyo de los aliados ha sido vital para la supervivencia de Ucrania. El Kremlin ha respondido con varios episodios de guerra híbrida en diversos puntos del continente, como los ataques con drones contra el aeropuerto alemán de Leipzig, el incendio en las instalaciones de la empresa estonia Milrem Robotics o el ciberataque contra la administración letona, según han acusado los dirigentes de estas naciones. Los gobiernos culparon al Kremlin, aunque el gigante euroasiático ha negado cualquier vinculación con ninguno de estos sucesos.
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Carlota Pérez e Ignacio Gil
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, aseguró el 16 de septiembre que si Europa ataca a su Estado, el resultado sería una guerra «totalmente diferente y breve». La embajada rusa en Irlanda recordó estas palabras en su comunicado. Además, el cuerpo diplomático señaló que en este escenario las tropas priorizarían realizar «golpes preventivos contra los centros de decisión de los países de la Alianza en los primeros momentos del conflicto».
Los mandatarios comunitarios también han hablado sobre un posible enfrentamiento directo entre Moscú y la UE. «Un ataque de Rusia en territorio nacional con drones hoy en día ya no es una hipótesis descartable, es una posibilidad real para la que nos estamos preparando», declaró el pasado 25 de septiembre el líder francés Emmanuel Macron. Tres días antes, el primer ministro polaco, Donald Tusk, apuntó en la misma línea: «No queremos la guerra, pero que nadie se equivoque: si nos atacan, sabremos responder de forma contundente.»
Paz tensa
Esta retórica de la misión rusa en la isla Esmeralda choca con las palabras de Putin del 25 de este mes. «Rusia no se está preparando para combates de ningún tipo con Europa. No tenemos motivos, ni interés geopolítico, ni económico, ni militar para entablar un conflicto con los países europeos», dijo entonces desde San Petersburgo.
Desde el inicio de la contienda, Moscú ha mostrado un discurso ambiguo. Ha reiterado que no quiere atacar a sus vecinos, pero recuerda constantemente que responderá a cualquier ofensiva en su contra.
Sin embargo, en algunos momentos ha mostrado un mensaje totalmente contrario. A finales de mayo de este año, un dron ruso se estrelló contra un edificio de apartamentos en Rumanía (en la ciudad de Galați) en medio de un intenso bombardeo sobre Ucrania. La OTAN calificó las acciones de Moscú como «temerarias», y el vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso y exmandatario del país, Dmitri Medvédev, reaccionó con dureza en sus canales oficiales a esa denuncia. «Las autoridades de la UE han iniciado unilateralmente un conflicto armado con Rusia (…) Que se callen y no se sorprendan por nada de lo que ocurra a partir de ahora: vuestro sueño pacífico se ha acabado», escribió en su perfil de X en inglés. Medvédev se ha caracterizado habitualmente por sus declaraciones estridentes y amenazantes, aunque no suelen ser secundadas públicamente por sus compañeros de gabinete.
En la televisión pública nacional también es común que se lancen todo tipo de exabruptos y amenazas. En ‘prime time’ se señalan posibles objetivos del ejército en el futuro y los presentadores participan con placer en estas conversaciones. Desde los platós se han lanzado propuestas para quemar capitales como Múnich, Madrid y Londres; planes de invasión de Estonia, Letonia, Lituania y Suecia, entre otras.
«Si Lituania posee armas nucleares dirigidas contra Rusia, su territorio será blanco de armas nucleares rusas», aseguró recientemente el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, cuando el país vecino apostó por una reforma que le permita albergar ese tipo de arsenales de destrucción masiva.
