El primer senador musulmán de la historia de Estados Unidos solo podía llegar de un lugar: Míchigan. El estado del Medio Oeste, siempre decisivo en elecciones, tiene la mayor concentración de población árabe y musulmán del país. Y, por tanto, mayor poder político. Aquí, en … los suburbios de Detroit, nació hace 42 años Abdul el Sayed, hijo de inmigrantes egipcios, que será a partir de enero uno de los cien senadores de la primera potencia mundial.
«Esto tenía que pasar aquí», decía a este periódico Chris Samuels, un votante demócrata que acudió al cierre de campaña de El Sayed en un teatro histórico de Detroit. Y no es por el poder del voto musulmán y árabe que, con todo, solo representa un 3% del total en Míchigan. «Es porque estamos acostumbrados a tener a un musulmán como vecino, como compañero de clase, a verlos en las tiendas o en los restaurantes».
La elección de un musulmán para el Senado es un hito en la democracia estadounidense. Positivo para algunos, una amenaza para otros. En las elecciones presidenciales de 1960, muchos estadounidenses miraban con recelo al candidato demócrata, y después ganador, John Fitzgerald Kennedy. Era católico. Por lo tanto, decían algunos en un país dominado por los cristianos protestantes, su labor como presidente se verá afectada por su lealtad al Papa.
En EE.UU., pese a la libertad de confesión que establece la Constitución y que es un pilar de su democracia y de su historia, algunos no ven en El Sayed y en su religión una opción aceptable. En los sectores extremistas de los republicanos, solo cabe el cristianismo protestante en la primera potencia mundial. Incluso la fe católica se mira todavía con sospecha.
El historial de El Sayed ha facilitado la labor a los que le miran con malos ojos. Se presentó a las primarias demócratas entre declaraciones inaceptables, asociaciones cuestionables y posiciones polémicas.
Su rival republicano, Mike Rogers, no ha dejado de vincularle con el ‘influencer’ Hasan Piker, un opinador extremista que ha llegado a decir que EE.UU. «merecía» los atentados del 11-S. El Sayed también provocó condenas abundantes con su reacción al ataque a una sinagoga en Míchigan, en medio de las turbulencias por la guerra de Gaza. «Haces daño y te hacen daño», dijo, en lo que sonaba a justificación. Después, se retractó.
En campaña, Rogers y los republicanos buscaron vínculos con él o con sus familiares con Al Qaida, Hamás o los Hermanos Musulmanes. Donald Trump, en un intentó de levantar la campaña republicana en Míchigan, le calificó de «yihadista».
«A mí me da igual que sea musulmán, lo que me importa es que es un socialista», decía un votante republicano de Detroit a este periódico antes de la cita con las urnas. Ese podía haber sido su otro talón de Aquiles: su ideología.
Apoyo de Sanders
El Sayed no es un miembro de los Socialistas Demócratas de América (DSA, en sus siglas en inglés), la facción más izquierdista de los demócratas de EE.UU. Pero tiene fuertes lazos con ellos y ha contado con el apoyo de el gran tótem socialista del país, Bernie Sanders.
Su mensaje es más moderado, con más capacidad de llegar a votantes que los socialistas, pero inclinado hacia el populismo económico de izquierdas. Doctor en Medicina, parte de su carrera ha estado vinculada a la política sanitaria y la creación de un sistema público de sanidad –anatema para muchos en EE.UU.– es uno de sus mensajes centrales. Como también lo es el coste de la vida –principal preocupación para los estadounidenses, con independencia del partido–, la eliminación del dinero corporativo en política o el aumento de los impuestos a multimillonarios y grandes empresas.
El Sayed forma parte del giro que ha dado el Partido Demócrata en los últimos años, también en su facción izquierdista: centrar el mensaje en lo económico, en los beneficios para la clase trabajadora, donde estuvo el partido de forma tradicional; y no poner el foco en asuntos identitarios que distancian a muchos votantes, como la identidad de género, la agenda LGBTQ o el racismo sistémico.
Cultiva una imagen de ‘macho man’ que incomoda a la izquierda ‘woke’. Habla mucho de deporte, es asiduo al gimnasio, lleva ropa ajustada para lucir sus músculos y cuenta chistes políticamente incorrectos
De hecho, El Sayed cultiva una imagen de ‘macho man’ que ha incomodado a lo que queda de la izquierda ‘woke’. Habla mucho de deporte, es un asiduo al gimnasio, se preocupa de llevar ropa ajustada para mostrar sus músculos y no le importa caer en chistes políticamente incorrectos.
Es un perfil que ayuda a los demócratas para ganar terreno entre el electorado masculino, donde Trump y los republicanos han ganado peso en la última década.
Además, ha sacado a relucir cada vez que puede sus credenciales de hombre de Míchigan. En un seguidor ferviente de los equipos de la Universidad de Míchigan –en la que estudió, compitió y donde dio un discurso de graduación–, se regodea en el frío que hace en invierno y hace referencias constantes a su ‘michiganismo’.
Su mensaje es: ser musulmán y ser muy de Míchigan no está reñido. Los votantes de su estado lo han entendido así. Y Trump y los republicanos –la guerra en Irán y su impacto económico, el efecto negativo aquí de los aranceles– han hecho el resto para que alguien por primera vez en EE.UU. jure su cargo como senador con la mano en el Corán.
