Después de las violentas protestas que tuvieron lugar este fin de semana en Milán, la primera ministra Giorgia Meloni ha convocado este lunes en la sede del Gobierno a sus principales aliados Antonio Tajani y Matteo Salvini y a los ministros con competencias en seguridad … para diseñar un decreto ley que desea aprobar este mismo martes. Sobre la mesa está la idea de ampliar los supuestos de detención preventiva de menores y limitar el derecho de reunión para los responsables de actos de violencia colectiva y destrozos. Además, ha solicitado reforzar la seguridad en Milán con otros 500 efectivos del Ejército.
El encargado de comunicar esta última medida ha sido Matteo Salvini. «¡De las palabras a los hechos! 500 soldados más para defender Milán. Una victoria para la Liga». Así lo afirmó el viceprimer ministro y líder de la Liga en las redes sociales, adelantando una de las disposiciones del decreto que el gobierno prevé aprobar este martes en el Consejo de Ministros para que entre inmediatamente en vigor.
El borrador del decreto ley baraja la hipótesis de conceder al ejército prerrogativas de policía judicial, al servicio de la fiscalía, que le permite intervenir inmediatamente para «bloquear acciones delictivas en curso», recoger pruebas contra los autores del delito y realizar «investigaciones para identificar a los responsables del acto ilegal».
Como consecuencia de los disturbios del sábado, este lunes por la tarde, muchos comercios del centro de Milán han decidido permanecer cerrados por miedo a que regresen los violentos, y los pocos que han abierto lo han hecho con las persianas a media altura y con los escaparates vacíos. La patronal de los comerciantes italianos, Confcommercio, calcula que los episodios de este fin de semana han causado daños a esta ciudad por valor de al menos un millón de euros. No tiene aún en cuenta el impacto en el turismo, que se hará notar en unas semanas.
Temor a nuevas protestas
La situación podría empeorar porque en redes sociales los violentos están convocando nuevas protestas para el próximo sábado, con la idea de extenderlas a otras ciudades italianas. Aunque no están ligados a manifestaciones de protesta, utilizan las que se celebran para justificar su rabia.
El presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, ha dicho que estas manifestaciones «plantean cuestiones sobre las que reflexionar desde distintos puntos de vista». También ha solicitado «realizar un análisis inteligente y exhaustivo y establecer una vigilancia rigurosa capaz de hacer frente a actos de violencia que parecen estallar de forma inesperada por parte de sujetos desconocidos».
Epicentro en Milán
La ciudad de Milán fue el escenario el sábado y domingo de violencia por parte de jóvenes encapuchados que aparecen de improviso, destrozan un escaparate, entran, arrasan y se van antes de que llegue la policía. Participaron entre 2.000 y 3.000 personas en grupos desordenados, la mayoría de ellos menores de edad, algunos de apenas doce años.
Muchos de esos grupos provocaron daños en señales de tráfico y papeleras, golpeado escaparates con extintores, sillas y patinetes, levantado barricadas con contenedores incendiados y lanzado botellas y piedras contra los agentes. Aunque era domingo, el Duomo de Milán tuvo que permanecer cerrado, porque su céntrica plaza es el epicentro de las protestas.
La Fiscalía de Milán ha presentado cargos contra once de los arrestados, por «devastación, saqueo y resistencia con agravantes múltiples», lo que les expone a penas de hasta 15 años de prisión.
El viernes, miles de estudiantes se habían manifestado pacíficamente en numerosas ciudades de Italia contra el mal estado de los centros escolares. El sábado muchos estudiantes se sumaron a otras manifestaciones en Bolonia, Turín y Milán convocadas contra el coste de la vida y los sueldos bajos. El saqueo y la violencia comenzaron cuando algunos de esos manifestantes se separaron del grupo principal para enfrentarse a la policía y sembrar el caos.
A las protestas estudiantiles se unen ahora los transportistas en el sur del país, que bloquean autopistas para reclamar bajadas en el precio del gasolio, y trabajadores de la planta siderúrgica Ilva, que han ocupado el aeropuerto de Génova.
