A un mes de las tensas elecciones presidenciales y en pleno auge de la derecha en América Latina, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha aprovechado el Día de la Independencia brasileña para reafirmar la soberanía en un blindaje de sus políticas frente … a los aranceles del norteamericano Donald Trump, un aliado de primera hora de la familia Bolsonaro y su candidato presidencial, Flávio, con quien está empatado en las encuestas.
El presidente lideró este lunes en Brasilia, el tradicional desfile militar con un tono bastante sobrio, especialmente calculado para evitar cualquier acusación de proselitismo y riesgo de crimen electoral. Tanto la ceremonia oficial como el discurso de Lula a la nación, en la víspera, contaron con la autorización previa del presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), Kassio Nunes Marques, para blindar al líder izquierdista de posibles denuncias por delitos electorales en la recta final de la campaña.
La defensa innegociable de la soberanía nacional fue el eje central de las conmemoraciones de los 204 años de la independencia brasileña en carteles y banderolas con el mensaje «SOBERANÍA, la fuerza que une a Brasil», repartidas a lo largo del trayecto de Lula en la vía Explanada de los Ministerios, donde se concentran los edificios públicos y los palacios de los Tres Poderes. Como es tradición del Gobierno brasileño, el presidente recorrió la vía en un Rolls Royce descapotable al lado de la primera dama, Rosângela ‘Janja’ da Silva.
Durante su pronunciamiento en la cadena nacional de radio y televisión el domingo por la noche, Lula da Silva lanzó duras críticas indirectas a los recientes aranceles impuestos por Estados Unidos. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) vinculó la independencia política con la protección y explotación estratégica de los recursos naturales del país, haciendo especial hincapié en las reservas de tierras raras, fundamentales para el desarrollo de la industria tecnológica global.
Sin bajar la cabeza
«Necesitamos mantenernos fuertes y altivos, sin bajar la cabeza, para no dejar que Brasil se transforme, nuevamente, en colonia de otras potencias extranjeras. No somos, y no seremos colonia de nadie», afirmó el mandatario, en un tono que también se contrapone a los Bolsonaro, que han dejado claro que llevan ese tema de la venta de minerales en sus agendas con Trump.
Pese a la línea fina de ese tema en la disputa electoral, el magistrado Nunes Marques autorizó el contenido del discurso por considerarlo de «interés público». Lula da Silva enfatizó que una verdadera independencia requiere defender el territorio, el medio ambiente y las riquezas frente a cualquier tipo de interés extranjero. Brasil tiene la segunda mayor reserva mundial de tierras raras después de China.
«Defendemos el libre comercio. Ningún gobernante extranjero tiene el derecho de decir a quién podemos comprar, y a quién podemos vender. Somos un país soberano, y nuestras decisiones nos pertenecen a nosotros y a nadie más», subrayó. El nacionalismo de Lula se ha vuelto importante en su estrategia política para asegurar su reelección y un cuarto mandato.
El nacionalismo de Lula se ha vuelto importante en su estrategia política para asegurar su reelección y un cuarto mandato
Minerales críticos y petróleo
El presidente también celebró el nuevo marco legal para el procesamiento de minerales críticos y el reciente hallazgo de petróleo en la cuenca del río Amazonas. «Tenemos la segunda mayor reserva de tierras raras del mundo, y la mayor fuente de agua dulce, recursos naturales que, así como nuestro petróleo, deben ser usados para el desarrollo de tecnología de punta y generando empleos de calidad en Brasil», destacó.
Un robot vestido con el uniforme de las Fuerzas Armadas de Brasil saluda al mandatario brasileño.
(EFE)
En su estrategia electoral, Lula ahora resalta que quiere impulsar la tecnología nacional, para transformar esas riquezas geológicas en un motor de desarrollo soberano, evitando apenas el extractivismo de materias primas que caracteriza la economía de los países sudamericanos.
Esos temas han ganado fuerza con las recientes sanciones impulsadas por Donald Trump, que contaron con el respaldo de la familia del expresidente Jair Bolsonaro en un intento de debilitar al actual gobierno brasileño. Ese apoyo contradice al mismo tiempo posiciones bolsonaristas alineadas al militarismo, la patria y los colores de la bandera de Brasil.
Lula, que con su PT siempre fue asociado al tradicional color rojo de la izquierda, viene buscando en los últimos años ser identificado con la soberanía, el nacionalismo y patriotismo, banderas que también son defendidas por sectores de su partido y en su propia historia política. Curiosamente, existen vídeos en internet, de los años 2000, en que el entonces parlamentario Jair Bolsonaro, elogia a Lula por su patriotismo.
Unidad institucional
El desfile militar de Independencia también fue marcado por una imagen de unidad institucional, con Lula flanqueado por los líderes de los Tres Poderes, en un momento en que la Corte Suprema pasa por una de sus peores crisis históricas. En la tribuna de honor Lula estuvo acompañado por los presidentes del Senado, Davi Alcolumbre; de la Cámara de Diputados, Hugo Motta; y del Supremo Tribunal Federal (STF), Edson Fachin, en un mensaje claro por la estabilidad democrática.
La semana pasada el mayor escándalo financiero de la historia brasileña, llegó a la puerta del juez Alexandre de Moraes, considerado el más poderoso de Brasil y el mismo que condenó a prisión a Jair Bolsonaro. Un colega de esa Corte, el juez André Mendonça, nombrado por Bolsonaro, presentó pruebas policiales que comprometen a Moraes y al bufete de su esposa por un contrato millonario con el banquero preso Daniel Vorcaro, implicado en fraudes con el Banco Master. Ese empresario es el mismo que financió la película biográfica sobre Jair Bolsonaro, con otros tantos millones, en otro escándalo que ha expuesto a Flavio. Con los dos principales candidatos empatados en las encuestas, cada movimiento de tablero puede ser definitivo para decidir la elección.
