Tsunami demócrata en Estados Unidos. La oposición acaba de conseguir una victoria histórica en Carolina del Sur, uno de los bastiones más seguros del Partido Republicano. La agencia Associated Press proyecta la victoria de Annie Andrews, una pediatra demócrata de 45 años, frente … a Darline Graham, hermana del fallecido senador Lindsey Graham y candidata respaldada personalmente por Donald Trump. Los demócratas no ganaban un escaño del Senado en Carolina del Sur desde 1998, hace 28 años. Trump ganó allí por casi 18 puntos en las presidenciales de 2024.
La derrota tiene una dimensión especialmente delicada para el presidente. Tras la muerte de Lindsey Graham en julio, su hermana fue nombrada senadora provisional y Trump intervino directamente para convertirla en candidata republicana. La respaldó frente a otros aspirantes de su propio partido, viajó varias veces a Carolina del Sur para hacer campaña y movilizó a su maquinaria política. El principal comité republicano de apoyo al Senado destinó cinco millones de dólares a intentar salvar el escaño. No ha sido suficiente.
Andrews ha conseguido imponerse con una campaña centrada en el coste de la vida, la sanidad y las críticas a Washington. Su victoria supone además un hito histórico: será la primera mujer elegida senadora por Carolina del Sur.
Los demócratas necesitaban cuatro ganancias netas para recuperar la mayoría del Senado, por lo que ahora les faltarían otras dos, siempre que conserven sus propios escaños.
Pero la trascendencia política va más allá de la aritmética del Capitolio. Si los republicanos pierden incluso en Carolina del Sur, un estado que parecía prácticamente asegurado antes de comenzar la campaña, el resultado evidencia la amplitud del descontento electoral y las dificultades del presidente para trasladar su popularidad entre los votantes republicanos a los candidatos que respalda.
Trump había pedido votar como si su nombre figurara en las papeletas. Ahora, mientras la Casa Blanca intenta atribuir las derrotas a la calidad de los candidatos, Carolina del Sur ofrece precisamente el ejemplo más incómodo para ese argumento: la candidata fue una apuesta personal del presidente, que se implicó directamente en su elección y en su campaña.
La Casa Blanca trata de marcar distancias con los resultados electorales y adopta una actitud desafiante. «Trump no estaba en la papeleta», asegura un alto cargo de la Administración, que responsabiliza de las derrotas a los propios candidatos republicanos. «El presidente hizo más por promocionar a muchos de ellos que ellos mismos», añade. El argumento contrasta con la estrategia de Trump durante la campaña, cuando pidió votar como si su nombre figurara en las papeletas. Ahora, ante los malos resultados, su equipo intenta evitar que el voto de castigo se interprete como un rechazo directo a su presidencia.
La Casa Blanca acaba de publicar la agenda de Trump para mañana miércoles y no hay previsto un solo acto público ni comparecencia ante la prensa. El presidente, que sigue desde la residencia de la Casa Blanca los resultados electorales junto a miembros de su equipo, ha optado por una jornada completamente a puerta cerrada. La agenda incluye tiempo de trabajo privado desde las ocho de la mañana y cuatro reuniones sobre políticas de Gobierno, todas sin acceso de periodistas. De momento, Trump no ha comparecido para valorar los resultados de unas elecciones que él mismo quiso convertir en un referéndum sobre su presidencia y que están dejando noticias muy desfavorables para los republicanos.
