«La inmigración ha superado nuestra capacidad de integración». Con estas palabras, el Partido Socialdemócrata de Suecia presenta su página web y desbanca la premisa establecida durante mucho tiempo en Europa de que los partidos progresistas deben aplicar una política migratoria laxa para no … comprometer su ideario.
Liderado por Magdalena Andersson, el Partido Socialdemócrata fue el más votado en las elecciones celebradas en Suecia el pasado domingo, con un 28% de los votos frente al 19,9% conseguido por los Moderados del primer ministro, Ulf Kristersson. Las miradas están puestas en este miércoles, día en que se publicarán los resultados de los votos emitidos por correo. Ante una diferencia electoral tan ínfima –49,3% para el bloque de izquierdas y 49,1% para el de derechas–, dichas papeletas pueden ser decisivas a la hora de consolidar un nuevo gobierno para los próximos cuatro años.
Suecia, con 10,6 millones de habitantes, se ha convertido en uno de los países más inseguros de Europa. Hasta hace unos años era una nación habituada a la calma, pero el paso del tiempo la ha convertido en un territorio azotado por altos índices de criminalidad. Por los suburbios de Estocolmo, ahora campan a sus anchas algunas de las mafias más peligrosas de Occidente , dedicadas fundamentalmente a hacer dinero mediante el narcotráfico, los crímenes cometidos por sicarios y la prostitución. Desde 2016, se han producido 2.800 tiroteos y 385 asesinatos, unas estadísticas que atemorizan a las 480.000 personas censadas en estos barrios marginales.
Según informó en agosto Rosalía Sánchez, corresponsal en Berlín,la Policía sueca tiene identificadas al menos a 40 bandas de origen extranjero, desde los clanes Alikhan y Barzani, establecidos en la ciudad de Gotemburgo y originarios del Kurdistán iraquí, hasta los de origen somalí, como el clan Musa o el Ali/Aden. Otros son de origen balcánico, como el clan Krasniqi o el Berisha, que trafica además con armas, o de origen árabe como los clanes Al Salem o Al Hasan. También los hay de origen turco, como el clan Yildiz, que controla importantes redes económicas informales. Durante mucho tiempo, la política migratoria fue muy receptiva y Suecia, como se está viendo ahora, acogió a más personas de las que su sistema podía asumir.
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elecciones en Suecia
Rosalía Sánchez
El panorama no ha hecho más que empeorar durante los últimos años y los grupos políticos presentan las medidas sobre inmigración como una de las áreas clave de sus programas electorales. En mayor o menor medida, todos ellos han establecido una hoja de ruta sobre el control de las fronteras y proponen aplicar más mano dura en este aspecto. También para los socialdemócratas, que enarbolan una política de centroizquierda pero, al mismo tiempo, proponen más control sobre la inmigración.
La exitosa candidatura de Andersson se desmarca claramente de las ideas que ofrecen los Conservadores y los Demócratas Suecos (SD), que defienden políticas antimigratorias más restrictivas. Pero, aun así, aboga por una inmigración regulada a la que exige integrarse con los valores culturales suecos. «Nuestra prioridad es restablecer la seguridad en las calles y defender el país de todas las fuerzas que nos amenazan», asegura la web del partido.
La agrupación cuyas listas lidera Magdalena Andersson ha establecido una batería de puntos para poner freno a la ola de inmigrantes que, en ocasiones, encuentran en las mafias su forma de vida. Los socialdemócratas quieren reducir la concesión de asilo a los niveles mínimos permitidos por la UE y expulsar del país a los delincuentes extranjeros condenados por delitos graves. Además, hablar sueco se convertirá en obligación para todos los ciudadanos, de modo que el Gobierno reforzará los cursos de idioma local para que los propios extranjeros puedan aprenderlo. «Si falta un idioma común y no existen estos lazos culturales básicos, la solidaridad se erosiona. Por eso, hablar sueco tiene que ser una condición irrenunciable para residir en este país», explicó el portavoz del partido, Lawen Redar, durante el transcurso de la campaña electoral.
Mayor vigilancia en las escuelas y cortar las subvenciones a las organizaciones que promuevan el extremismo religioso o político son otras de las medidas propuestas por los Socialdemócratas
Con el fin de reducir las tasas de criminalidad, se aplicará también vigilancia en las escuelas y se reforzarán los servicios sociales para realizar un seguimiento individualizado de todos aquellos jóvenes en riesgo de entrar en una de estas bandas. Asimismo, proponen cortar cualquier subvención u oferta de fondos públicos a las organizaciones que promuevan el extremismo religioso o político. Según han aclarado los Socialdemócratas, esta manera de proceder sólo se llevará a cabo contra aquellos que supongan una amenaza para el resto de la población. Por ese motivo, harán una distinción clara para proteger a toda persona ya establecida en Suecia y, especialmente, a los niños y adolescentes bien integrados que ya tienen arraigo en el país.
Suecia no es la excepción
Suecia se coloca a rebufo de otros países como Dinamarca que, a pesar de tener un gobierno socialdemócrata, ya dieron tiempo atrás un golpe sobre la mesa a la hora de aplicar en su programa político medidas estrictas contra la inmigración ilegal. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha ganado tres comicios consecutivos gracias, entre otras razones, a su gestión férrea sobre las fronteras. El país nórdico es junto a la Italia de Giorgia Meloni uno de los más restrictivos en este sentido.
Con estas políticas, Suecia imita al Gobierno socialdemócrata de Dinamarca, que tiene una de las políticas migratorias más restrictivas de Europa junto a la Italia de Meloni
Cada vez son más los gobiernos que copian este modelo. Una forma de proceder que el Partido Laborista del Reino Unido también demostró cuando Keir Starmer residía aún en el número 10 de Downing Street. El que hasta hace poco era primer ministro británico aumentó un 25% las expulsiones del país y un 38% los arrestos durante su mandato. De esta gestión presumía en redes sociales al más estilo Trump, una iniciativa que gana cada vez más popularidad entre los Estados del corazón de Europa.
