Israel vota en una jornada marcada por fuerte afluencia de votantes en las primeras horas del día. La participación electoral alcanzaba el 31,5 por ciento a las doce del mediodía, según la Comisión Electoral Central, frente al 28,4 por ciento registrado a la … misma hora en las elecciones de 2022. Es la participación más alta a esa hora desde 1973, cuando se celebraron las primeras elecciones posteriores a la guerra de Yom Kipur. Estos son los primeros comicios desde el ataque de Hamás del 7 de octubre y Benjamín Netanyahu se juega su futuro político.
El primer ministro y su esposa, Sara, votaron en un colegio electoral de Jerusalén y lanzaron un mensaje a los israelíes: «¡Id a votar!» Sus palabras son órdenes para sus seguidores, que se sienten amenazados por la movilización de los partidos de la oposición y las formaciones árabes. La clave para conocer el impacto de la alta participación no está solo en cuánta gente vota, sino en quién está acudiendo a las urnas. La movilización del electorado árabe puede alterar el equilibrio entre bloques y será uno de los datos decisivos y eso lo sabe bien Netanyahu porque le costó el gobierno en los comicios de 2021.
Los sondeos arrojan un empate entre bloques. La coalición de ultranacionalistas y judíos ultraortodoxos del primer ministro se enfrenta a un conjunto de partidos de oposición dividido y liderado oficiosamente por el ex jefe del Ejército Gadi Eisenkot, apodado en los medios locales como el «anti Bibi» (apelativo para referirse al primer ministro).
División interna
A las puertas de los colegios electorales de Jerusalén, el futuro de Netanyahu divide a los votantes. Tamar Gantz, de 25 años, es religiosa y ha votado siempre a Likud, hasta hoy porque «quiero un cambio de gobierno. Estos cuatro años han sido horribles para nuestra sociedad. Esta coalición nos ha dividido a los israelíes, nunca he visto tanta división interna». Su apuesta es por una alternativa encabezada por Naftali Bennett, Eisenkot y Avigdor Lieberman. «Netanyahu es un líder impresionante, pero después del 7 de octubre necesitamos un cambio de verdad. No creo que este Gobierno haya asumido su responsabilidad por lo ocurrido», asegura.
«Esta coalición actual nos ha dividido a los israelíes, nunca he visto tanta división interna»
Tamar Gantz
Joven de 25 años y ex votante del Likud
Tamar está incluso dispuesta a aceptar una fórmula de gobierno que incluya a los partidos árabes, pese a sus reticencias ideológicas. «No me gusta, pero no tengo otra alternativa, así que lo acepto», reconoce. Sus palabras reflejan el dilema que tiene una oposición tan diversa para construir una mayoría parlamentaria capaz de sumar 61 escaños para desalojar a Netanyahu del poder.
Roni Razalit, de 69 años, también acude a votar en Jerusalén, pero no tiene ninguna duda sobre su elección. «A veces es mejor el diablo conocido que el diablo por conocer. No digo que Bibi sea un diablo, pero es mejor que cualquier otro», afirma con rotundidad. Para esta vecina de la ciudad santa «no existe otro dirigente capaz de gobernar Israel en un momento tan delicado. Ahora mismo, solo Bibi».
«No digo que Bibi sea un diablo, pero es mejor que cualquier otro»
Roni Razalit
Votante de Netanyahu
El miedo marca su voto, como el de muchos israelíes. Roni teme la creación de un Estado palestino y considera que Netanyahu es la mejor garantía para impedirlo. «Voto a Bibi porque tengo miedo, no porque lo quiera tanto», confiesa ante un colegio en cuyas puertas los partidos hacen campaña hasta el último segundo. Los centros de voto cerrarán a las 10 de la noche (una hora menos en España) y comenzará el recuento para conocer el futuro político de Israel.
