«Cerramos un ciclo histórico en torno a uno de los acontecimientos más dolorosos y trascendentales de la historia de la sociedad israelí. Llevamos años trabajando en este asunto en secreto, y hoy, los frutos de la labor de inteligencia y operativa han dado frutos». … Así anunció Itamar Ben Gvir el descubrimiento de la ubicación del ‘Altalena‘, a 20 kilómetros de la costa de Israel y a una profundidad de 503 metros. El ministro de Seguridad Nacional, inmerso en plena campaña de cara a las elecciones del 27 de octubre, acaparó el protagonismo del hallazgo de un barco que para la derecha israelí es todo un símbolo político.
La operación «secreta» no ha contado con la participación del ejército, ha costado más de un millón de séqueles (285.000 euros al cambio) de fondos públicos y ha dejado a Benjamín Netanyahu en un segundo plano. El diario ‘Yediot Ahronot’ aseguró que la oficina del primer ministro se vio «sorprendida» por el anuncio.
«Un barco cargado de armas que ha llegado a las costas del país ha sido tomado por las fuerzas del Irgún. El Gobierno del Estado de Israel ha adoptado una decisión unánime y ha ordenado a las Fuerzas de Defensa de Israel que empleen todos los medios necesarios para poner las armas bajo control del Gobierno». Este era el texto de los panfletos que se lanzaron en Tel Aviv en junio de 1948, poco después del establecimiento de Israel, cuando el ‘Altalena’ apareció cerca de las aguas de la ciudad costera.
«Judíos contra judíos»
El barco transportaba nuevos inmigrantes, combatientes del Irgún (organización paramilitar sionista de derechas dirigida por Menájem Beguin) y un enorme cargamento de armas y el Gobierno de Ben Gurion percibió su llegada como una amenaza a su propia autoridad.
Después de varios choques armados, que dejaron 19 muertos entre paramilitares y miembros del ejército, y de que las partes no lograran alcanzar un acuerdo, el ‘Altalena’ fue hundido. Shir Aharon Bram, de la Biblioteca Nacional de Israel, lo recuerda como un momento de «judíos disparando a judíos» que «sigue siendo uno de los episodios más controvertidos de la historia del Estado de Israel. El hundimiento del barco fue el punto culminante de una dramática crisis interna que se prolongó durante tres tensos días» en los que asomó el fantasma de la guerra civil.
El Irgún actuó en Palestina durante el mandato británico y combatió tanto contra las autoridades británicas como contra la población y organizaciones árabes. Entre sus acciones más sangrientas figuran el atentado contra el hotel King David de Jerusalén en 1946 (con 91 muertos y decenas de heridos) o la masacre de la aldea palestina de Deir Yassin en 1948 (más de cien muertos). Beguin dirigió desde 1943 un grupo que, tras la creación de Israel, aceptó su integración en las fuerzas armadas, pero durante los primeros meses hubo unidades que se mantuvieron activas y estas esperaban las armas del ‘Altalena’ para usarlas en el pulso por Jerusalén.
Desde la orilla, varias personas observan los ataques contra el ‘Altalena’.
(Archivo)
Tras el anuncio de Ben Gvir, el ministro de Patrimonio, Amihai Eliyahu, declaró a los medios que «la ubicación del ‘Altalena’ representa un momento crucial para nuestra memoria nacional. Trabajamos en esta operación impulsados por la firme misión de revelar la verdad histórica y hacer accesible a las futuras generaciones la historia de los héroes del barco». Para una parte de Israel, el héroe fue Ben Gurion por su apuesta por la unidad nacional y no permitir que ningún grupo tuviera armas fuera del ejército, pero para otra parte fue Beguin, por su orden final a los paramilitares de no entrar en combate.
Con el paso de los años, Beguin se convirtió en fundador del Likud y llegó a ser primer ministro en 1977 y 1983. El actual líder del partido es Netanyahu, pero la ultraderecha le ha dejado fuera de la operación ‘Altalena’.

