Los israelíes respondieron con una movilización histórica en las primeras elecciones tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023. La participación superó el 74 por ciento, la más alta desde 1973, cuando comenzaron a tomarse registros. Según los primeros sondeos publicados … por los medios israelíes, las urnas dibujan un mapa político en el que Benjamin Netanyahu es el vencedor de los comicios, pero su coalición con ultraortodoxos y ultranacionalistas sionistas no suma los escaños necesarios para formar gobierno. El bloque de partidos contrarios al primer ministro tampoco suma la mayoría suficiente, pero, si contara con los partidos árabes, podría superar los 61 escaños sin problema.
El primer ministro, el dirigente que más tiempo ha gobernado el país, afrontaba las elecciones tras una campaña marcada por el miedo y la votación se convirtió en un plebiscito sobre el futuro de un primer ministro que ha partido el país en dos. Cerrados los colegios, empezó el recuento de votos y la negociación entre los partidos para formar una coalición que alcance los 61 escaños en el Parlamento para formar gobierno.
Netanyahu y su esposa, Sara, votaron en un colegio electoral de Jerusalén y lanzaron un mensaje a los israelíes: «¡Id a votar!». Su gran rival, Gadi Eisenkot, votó en Herzliya acompañado de su mujer, Hannah, y declaró que «estamos poniendo a Israel en un nuevo camino y responderemos a la confianza de la gente». Al primero le recibieron al grito de «¡Bibi, Bibi, Bibi!», al segundo, «Gadi, Gadi, Gadi!»
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Elecciones en Israel
Chapu Apaolaza
La participación fue especialmente alta entre los ciudadanos árabes, que representan aproximadamente una quinta parte de la población de Israel. Su movilización puso nervioso a Netanyahu, quien no paró de pedir a los suyos que fueran a votar para frenar a los árabes porque era cuestión «de vida o muerte». Netanyahu se pasó el día lanzando mensajes alarmistas en las redes sociaoles para sembrar el miedo sobre el voto de la población árabe. El Likud pidió incluso que se alargara el tiempo para votar con la esperanza de que sus seguidores se animaran a acudir a las urnas tras ver los mensajes de su líder. Recuperando una estrategia polémica que ya utilizó en anteriores elecciones, e incluso repitiendo mensajes en X usados en los pasados comicios e imágenes de IA, Netanyahu repitió de forma insistente que los árabes «están intentando robarnos las elecciones».
El primer ministro se olvidó de Irán durante todo el día para centrarse en la supuesta amenaza que supone para el país el voto de los ciudadanos no judíos. «Nada de playa, nada de barbacoas. Todo el mundo a votar al Likud. Lo que está en juego es el futuro de nuestro Estado judío», apuntó el líder conservador antes de advertir que una victoria de la oposición «supondrá el fin del Estado judío tal y como lo conocemos».
Yashar, partido de Eisenkot, respondió a estos ataques con un comunicado en el que explicaron que «Netanyahu está entrando en pánico y ha empezado a inventarse historias y a afirmar que le están robando las elecciones. No es ninguna casualidad. Ya está preparando el terreno para impugnar los resultados electorales».
División interna
A las puertas de los colegios electorales de Jerusalén, el futuro de Netanyahu dividía a los votantes. Tamar Gantz, de 25 años, es religiosa y ha votado siempre al Likud. Hasta este martes porque, según contaba, «quiero un cambio de gobierno. Estos cuatro años han sido horribles para nuestra sociedad. Esta coalición nos ha dividido a los israelíes, nunca he visto tanta división interna». Su apuesta fue por una alternativa encabezada por Naftali Bennett, Eisenkot y Avigdor Lieberman. «Netanyahu es un líder impresionante, pero después del 7 de octubre necesitamos un cambio de verdad. No creo que este Gobierno haya asumido su responsabilidad por lo ocurrido», asegura.
Tamar está incluso dispuesta a aceptar una fórmula de gobierno que incluya a los partidos árabes, pese a sus reticencias ideológicas. «No me gusta, pero no tengo otra alternativa, así que lo acepto», reconoce. Sus palabras reflejan el dilema que tiene la oposición, que es tan diversa que tendrá problemas para construir una mayoría parlamentaria capaz de desalojar a Netanyahu del poder.
Roni Razalit, de 69 años, también acudió a votar en Jerusalén, pero no tenía ninguna duda sobre su elección. «A veces es mejor el diablo conocido que el diablo por conocer. No digo que ‘Bibi’ sea un diablo, pero es mejor que cualquier otro», afirma con rotundidad. Para esta vecina de la ciudad santa, «no existe otro dirigente capaz de gobernar Israel en un momento tan delicado. Ahora mismo, solo él».
El miedo marca su voto, como el de muchos israelíes. Roni teme la creación de un Estado palestino y considera que Netanyahu es la mejor garantía para impedirlo. «Voto a Bibi porque tengo miedo, no porque lo quiera tanto», confesaba ante un colegio en cuyas puertas los partidos hicieron campaña hasta el último segundo.
