El drama de Gaza después de casi tres años de guerra no se limita a la destrucción física y a la muerte de miles de civiles. Las normas sociales que –con sus peculiaridades– vivía la Franja antes de la guerra, bajo el control del … grupo radical palestino Hamás, también han saltado por los aires. Entre ellos el relativo respeto a la mujer, que vive subordinada al varón en todo sistema islámico, en particular si es radical.
Un informe del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA por sus siglas en inglés) acaba de denunciar que el número de abusos sexuales contra mujeres y niñas por parte de las familias, miembros de la comunidad y empleados de la ayuda humanitaria, se ha duplicado en Gaza en el último año. Se calcula que alrededor de dos millones de palestinos malviven entre restos de edificios y campamentos de refugiados en el estrecho territorio de la Franja.
Aunque en el informe no hay una mención específica a Hamás, un grupo considerado terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, su responsabilidad es evidente. El Ejército israelí ocupa alrededor del 60% del territorio de la Franja. En el que no controla, los milicianos radicales siguen ejerciendo su autoridad entre la población árabe refugiada. En cualquier caso, los militares judíos están solo interesados en buscar y abatir milicianos de Hamás, por lo que dejan la organización interna de los campamentos en manos de los líderes locales y de los activistas de las ONG de ayuda humanitaria.
El informe del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) –dado a conocer esta semana por diversos medios anglosajones, como la BBC, el ‘New York Post’ y la agencia Associated Press– señala que en Gaza los matrimonios con menores, niñas de entre 12 y 17 años, «han visto un incremento del 123% en el segundo trimestre de este año».
Una de las mujeres entrevistada, residente de uno de los campamentos de desplazados, declaró a la BBC que «cuando los casos de violación aparecen en una escuela, sabemos que al día siguiente habrá celebración y boda» en ese mismo recinto. Antes de que los rumores de abusos vayan a más, las familias de la víctima y del acusado se ponen de acuerdo para que haya boda. Esta es la práctica habitual en el islam, aunque siempre suele contarse primero con el visto bueno de un juez religioso. Pero, según la ONU, esa garantía mínima ha desaparecido incluso en la franja de la Gaza por las circunstancias extraordinarias de la guerra con Israel.
El Corán permite la poligamia y el parecer común de los eruditos musulmanes establece que no se supere el número de cuatro esposas. El matrimonio con chicas menores de edad es una práctica habitual porque la esposa favorita de Mahoma fue Aisha, que le fue entregada al profeta cuando esta tenía 6 ó 7 años y él 53. Es común tanto en el sunismo, la corriente mayoritaria, como entre la minoría chií. El ayatolá Jomeini se casó con una chica de 15 años cuando él tenía 27.
El informe del Fondo de Población de Naciones Unidas señala que los matrimonios con niñas de entre 17 y 12 años «han visto un incremento del 123% en el segundo trimestre de este año»
Dada la mortandad de varones palestinos en los tres años de guerra contra Israel, se ha disparado el número de viudas en la población de Gaza –en su mayor parte desplazada y en campamentos–, que están al frente de las familias. De ahí la facilidad con que éstas ‘colocan’ a las niñas para que tengan la protección de un varón. A ese factor se suma la falta de autoridad y el chantaje que ejercen los agentes locales de la ayuda humanitaria. El informe de la ONU se refiere a casos en que los responsables de dar ayuda alimentaria o una tienda de campaña exigen a cambio favores sexuales.
La trágica situación para mujeres y niñas que provocó Hamás –con su alocada y fanática invasión de Israel hace tres años para llevar a cabo una matanza– está solapadamente descrita en la investigación del Fondo de Población de las Naciones Unidas. Su representante para Palestina, Nestor Dwomuhangi, lo describe así: «La tendencia a los abusos contra la mujer en Gaza es asombrosa…Todo se ha erosionado, no hay sistema».
