Cada dos años, en los últimos estertores del verano y el comienzo del otoño coinciden en EE.UU. la temporada alta en el campo -tiempo de cosecha- y la temporada alta en la política: la recta final de la campaña electoral. Este año están unidas … por un elemento: el precio disparado del diésel, el combustible que mueve -entre otros- los tractores y la maquinaria agrícola y que amenaza con complicar todavía más el resultado en las urnas para Donald Trump y sus aliados republicanos.
Dentro de poco más de un mes, el 3 de noviembre, los estadounidenses renovarán las dos cámaras del Congreso. Los republicanos tienen ahora mayorías por la mínima tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. El precio del diésel está agudizando el problema central que planea sobre la elección, el coste de vida, profundizado por una decisión que tiene la firma de Trump y con la que cargan los candidatos republicanos: la guerra de Irán y su impacto en los costes energéticos en todo el planeta. Pero, en el caso del diésel, afecta en especial a territorios dominados por los republicanos, como los estados del Medio Oeste con sectores rurales fuertes. Lo que deberían ser victorias por goleada empiezan a aparecer en las encuestas como resultados inciertos.
El resultado es que hay republicanos -en especial, en estos territorios- que empiezan a distanciarse de Trump y el presidente se plantea medidas sin precedentes -como el veto a la exportación de diésel- que podrían complicar el acceso al combustible en Europa o Hispanoamérica. Es algo que ya ha ocurrido por otros asuntos, como la caída de apoyo del voto hispano.
La semana ha comenzado con el diésel en niveles muy altos, en 6,45 dólares por galón (unos 3,7 litros), poco después de que la semana pasada se batiera su récord histórico, cuando ascendió hasta los 6,52 dólares.
Son precios insoportables para muchos estadounidenses con vehículos que utilizan diésel, para el sector del transporte y, en especial, para los agricultores en este momento, cuando tienen el mayor pico de actividad por la cosecha.
Iowa es un ejemplo perfecto del cambio de marea política con los precios del diésel, que llega a candidatos que hasta ahora no se movían ni un milímetro de las posiciones de Trump. Ashley Hinson, una diputada republicana que ahora es candidata a uno de los dos escaños al Senado por Iowa, ha hecho un llamamiento para que los ciudadanos de Iowa «no tengan que pagar la cuenta de la guerra de Irán en el surtidor de gasolina».
Hinson ha votado hasta en cuatro ocasiones contra las propuestas de los demócratas de pedir un final inmediato a la guerra de Irán. Ahora, cuando siente el aliento de su rival demócrata en las encuestas, defiende que la guerra tiene que «llegar a un final exitoso e inmediato».
Más candidatos con problemas
La última vez que un demócrata ganó un escaño al Senado en Iowa fue en 2008. Entre los republicanos hay mucho miedo a que el coste de la vida ponga fin a la racha.
«La guerra tiene que llegar a su final lo más rápido posible para que podamos tener precios bajos», ha defendido su compañero de partido Jon Husted, de Ohio, también en el Medio Oeste, también candidato al Senado. Su rival, Sherrod Brown, un demócrata veterano con un mensaje económico contundente y populista, se le está acercando.
Algo similar ocurre en un estado vecino, Michigan, uno de los territorios más importantes en política en EE.UU., clave siempre para las presidenciales y ahora también para la conformación del Senado. Allí, el republicano Mike Rogers intenta detener el ascenso del demócrata Abdul El-Sayed, un candidato que no debería tener grandes opciones: ha abrazado ideas socialistas y aspira a convertirse en el primer senador musulmán de la historia de EE.UU.
Pero, entre el descontento económico generalizado, las encuestas ya ponen a El-Sayed por delante. «La guerra en Irán tiene que acabar para bajar los precios, y las familias de Michigan no se pueden permitir esperar más», ha defendido en un anuncio de su campaña que presentó la semana pasada.
Estas tres elecciones en Iowa, Ohio y Michigan serán decisivas para ver si el Senado cambia de manos o se mantiene bajo mayoría republicana. Antes de la guerra de Irán, era improbable que el vuelco demócrata ocurriera. Del tercio de escaños de la Cámara Alta que se ponen en juego cada dos años, buena parte de ellos se sitúan en territorios favorables a los republicanos. El cambio de mayoría era más probable en la Cámara de Representantes, que se renueva por completo cada dos años. Ahora todo el Congreso parece en peligro para los republicanos.
Suspenso en gestión económica
Con la economía y el coste de la vida como principal preocupación para los estadounidenses, Trump puede ser un lastre para muchos candidatos de su partido. Una reciente encuesta de la cadena CNN muestra que solo el 27% de los estadounidenses aprueba la gestión económica del presidente, un aspecto que debería ser una de sus fortalezas y una de las razones por las que recuperó las llaves de la Casa Blanca en 2024.
Trump alardea de que la economía de EE.UU. va como un tiro y repite los récords en bolsa registrados en su presidencia. Pero buena parte del electorado no se está beneficiando -como sí lo hacen el propio presidente y su familia- con el ‘boom’ de sectores como la inteligencia artificial o las criptomonedas.
Las causas del descontento económico tienen que ver no solo con el precio del combustible. La inflación persistente afecta al carro de la compra, el mercado inmobiliario está imposible y hay sectores que protestan por la mano dura de Trump en política migratoria, que está haciendo imposible encontrar mano de obra en algunos sectores, como la construcción o el campo.
La posición de Trump es que los precios energéticos son «un precio muy bajo» que hay que pagar para confrontar la amenaza nuclear de Irán, que los combustibles bajarán de forma dramática en cuanto acabe la guerra y que esta finalizará -convenientemente para él- después de las elecciones.
Este lunes, Trump volvió a ser preguntado por los altos precios de gasolina y diésel que enfrentan los estadounidenses e insistió en que esos problemas y la inflación quedarán «erradicados» con el final de la guerra.
Pero sus aliados republicanos en apuros no pueden esperar mucho más. Trump lleva diciendo desde los primeros días de la guerra de Irán que ya la ha ganado y meses asegurando que el acuerdo con Teherán está a la vuelta de la esquina. Y el problema en los combustibles se ha agravado con los ataques de Ucrania a refinerías rusas.
Del veto al diésel al cheque de 5.000 dólares
Trump ha intentado recursos de todo tipo para rebajar los precios energéticos, desde movimientos regulatorios y fiscales hasta exigencias a Volodimir Zelenski que pare ataques contra infraestructura energética rusa. Pero el alza en los precios es pertinaz.
Algunos republicanos le piden que vaya más allá e imponga un veto a las exportaciones de diésel en EE.UU. Con las agitaciones en el mercado energético global, el sector petrolífero estadounidense se está llenando los bolsillos. El mes pasado, se batió el récord de exportación de diésel, con picos de dos millones de barriles al día.
«Lo estamos pensando seriamente», dijo este domingo Trump sobre ese posible veto. La idea es que cerrar la puerta a la exportación abarataría de inmediato el combustible en el sector doméstico.
La industria petrolera ha puesto el grito en el cielo y ha asegurado que eso provocará otros problemas que acabarán creando más dolor para los consumidores. El dolor inmediato sería, por ejemplo, en Europa, que está recibiendo mucho diésel de EE.UU. en estos momentos: cerca de la mitad de las importaciones de este combustible en los dos últimos meses han venido de la primera potencia mundial.
El hipotético veto se sumaría a otras maniobras electorales de Trump, desde la eliminación de aranceles a la importación de ternera -criticada por el sector agrícola- a su promesa de dar un cheque de 5.000 dólares a cada estadounidense si los republicanos ganan la elección.
El presidente anuncia una gran inversión en Iowa, territorio republicano en apuros
Donald Trump anunció este lunes desde la Casa Blanca la apertura de una planta de producción de acero en Iowa. El presidente de EE.UU. aseguró que será «la mayor planta de acero del país» y que estará en operación «en menos de dos años».
Se trata de una inversión de 15.000 millones de dólares que viene de la mano de Mesabi Metallics, una compañía que forma parte del conglomerado indio Essar.
«La reindustrialización de EE.UU. está ocurriendo sobre el terreno y a gran escala», defendió el secretario de Energía, Chris Wright.
El anuncio tiene un evidente componente electoral: Iowa, en especial su elección al Senado, es un estado decisivo en la conformación del Congreso en las elecciones de noviembre. Las encuestas muestran que la candidata republicana, Ashley Hinson, pierde terreno frente a su rival demócrata. Hinson, que participó en el anuncio en el Despacho Oval, aseguró que el anuncio es un «punto de inflexión» para su estado.
