La guerra entre Irán y Estados Unidos supera los seis meses y se ha convertido en un pulso financiero tras la amenaza de Donald Trump de «tremendas consecuencias económicas» a cualquier país que no deje de hacer negocios con la república islámica. A la … espera de conocer las medidas concretas en las que piensa Estados Unidos, que serán anunciadas en las próximas horas por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, Irán apeló al ojo por ojo y aseguró que «cualquier país que participe en la imposición de restricciones económicas contra nosotros será considerado un enemigo». Estas fueron las palabras de Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, en una entrevista a la cadena estatal IRIB en la que advirtió de una represalia «sísmica» contra quienes se sumen a la «guerra económica» de Trump.
Rezaei, antiguo responsable de la Guardia Revolucionaria y uno de los estandartes de la línea dura del régimen, aclaró que «por supuesto, primero negociaremos con ellos. Mantendremos conversaciones y les diremos que se aparten y se distancien de Estados Unidos. Pero, si no actúan, atacaremos. Atacaremos los intereses de ese país».
Este mensaje está en la línea de la estrategia mantenida por los iraníes durante los primeros 40 días de guerra, cuando no dudaron a la hora de golpear a intereses y bases estadounidenses en toda la región en respuesta a los bombardeos sufridos. A excepción de Israel, el resto de aliados en la región vieron por primera vez peligrar su seguridad ante la incapacidad de Estados Unidos de protegerles. En las últimas décadas, tener bases estadounidenses era símbolo de protección, pero los iraníes han acabado con esta ecuación. Desde el inicio de la guerra, además, bloquean Ormuz y esto supone una pesadilla para la salida de petróleo y gas.
División en la cúpula
Mientras Rezaei responde a las amenazas de Washington con nuevas amenazas, Teherán espera una visita del jefe del Ejército de Pakistán, Asim Munir, figura clave en la mediación entre Estados Unidos e Irán por su buena sintonía con Trump. El portavoz Exteriores, Esmail Baghaei, señaló en un comunicado que Munir encabezará una delegación a Teherán como parte de «los esfuerzos en curso de Pakistán para ayudar a consolidar la paz y la seguridad en la región».
Las conversaciones de paz parecen estancadas después de una reanudación de las hostilidades a principios de julio entre ambas partes. Unos y otros se culpan de no cumplir los puntos acordados y el memorando de entendimiento está en un limbo, lo que provoca alarma por la posibilidad de un nuevo choque a gran escala.
«Cualquier país que participe en la imposición de restricciones económicas contra nosotros será considerado un enemigo»
Mohsen Rezaei
Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán
En la cúpula del régimen islámico se perciben dos maneras diferentes de afrontar la situación. Los principales dirigentes políticos apuestan por centrarse en poner fin a la guerra y reforzar la economía, pero los sectores más duros, como Rezaei, mantienen el tono desafiante. A lo largo de la semana, el presidente, Masoud Pezeshkian, y el presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, abogaron por la salida negociada para aliviar la grave crisis que sufren los ciudadanos de a pie debido al conflicto armado y las sanciones.
«La guerra tiene que llegar a su fin en algún momento», afirmó Pezeshkian en declaraciones recogidas por medios iraníes. «Es mejor que demostremos hoy nuestra fuerza y nuestra dignidad y digamos al mundo que hemos ganado y que estamos poniendo fin a la guerra». Ghalibaf afirmó que no habrá seguridad si el país ignora su crisis económica ya que «por mucho poder militar que tengamos, si nuestro pueblo está sufriendo y el país carece de circulación financiera y crecimiento económico, no lograremos avanzar. Como alguien que ha vivido la guerra, comprendemos el verdadero valor de la paz».
El presidente Pezeshkian admite que el país atraviesa muchas dificultades
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, reconoció el domingo que el país atravesaba «numerosas dificultades», justo cuando Estados Unidos busca aumentar la presión sobre Teherán con una nueva andanada de sanciones económicas. En un discurso difundido por la televisión estatal, Pezeshkian respondió al proyecto estadounidense. «Estamos inmersos en una guerra total en los planos económico, militar y de seguridad. Él [el presidente estadounidense Donald Trump] afirma sin rodeos que impone a Irán las sanciones más contundentes o más temibles», declaró. «Soy consciente de que nuestra sociedad atraviesa actualmente numerosas dificultades. Hacemos todo lo posible para evitar que la situación se agrave», agregó.
«Nos esforzamos de todo corazón por superar la inflación, los problemas de subsistencia, el desempleo y garantizar el futuro del pueblo, para que pueda vivir con dignidad y orgullo», insistió Pezeshkian.
En la cúpula del régimen y entre los partidarios del sistema islámico hay un debate abierto sobre la estrategia a seguir. El impacto de los castigos es cada vez más severo y el dólar estadounidense alcanzó un máximo histórico de dos millones de riales. El bloqueo y las sanciones de Trump complican la venta de crudo a los iraníes y esta es la principal vía de financiación de la república islámica.
