Tras el atentado de Utøya en 2011, que dejó 77 muertos, la mayoría adolescentes, Haakon visitó a las familias de las víctimas, pero impidió la presencia de cámaras. Pasó horas escuchando a padres y supervivientes, que fueron después quiénes dieron testimonio de aquellas conversaciones, … sin periodistas de por medio. Uno de ellos relató que Haakon «no hablaba como Príncipe, sino como vecino y compatriota». Su actuación en semejante momento de dolor demuestra que Haakon dará continuidad al liderazgo cercano y directo del Rey Harald y denota una visión política de la Monarquía contemporánea, como institución de consuelo y cohesión nacional.
Nacido el 20 de julio de 1973 en Oslo, Haakon Magnus es el único hijo varón de Harald V y Sonja de Noruega. A diferencia de generaciones anteriores, Harald y Sonja se esforzaron deliberadamente para conseguir que Haakon creciera «como un niño más». Asistió a colegios públicos, jugó en Skaugum sin protocolos y aprendió la discreción como virtud nacional.
Tras una licenciatura en Ciencias Políticas en la Universidad de California, Berkeley (1999) y un máster en Estudios de Desarrollo en la London School of Economics (2004), completó su formación en la Universidad de Oslo sobre las bases de la cohesión social, la sostenibilidad, la cooperación internacional y la gobernanza democrática. Respaldado por esta amplia formación, ha ejercido como Embajador de Buena Voluntad del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y es miembro de la red Young Global Leaders del Foro Económico Mundial.
También creó en su momento, junto a Mette-Marit, el Fondo Humanitario del Príncipe y la Princesa Heredera para proyectos de inclusión y salud global. Este enfoque humanitario es uno de los pilares que más claramente anticipan su estilo como Rey: un Monarca preocupado por la desigualdad, el clima, la juventud y la cooperación internacional.
Un Rey con formación militar
En lo que sí siguió la tradición fue en lo referente a su formación militar, desde un profundo respeto al marco institucional y en la línea de Harald: neutralidad política, estabilidad y servicio público.
Arriba, un Haakon recién nacido, en brazos de su madre. Abajo, a la izquierda, el Príncipe en mayo de este año; a la derecha, junot a Mette-Marit el día de su boda, en 2001.
(Gtres)
Haakon es almirante de la Marina, general del Ejército y general de la Fuerza Aérea, rangos desde los que ha cultivado un perfil de compromiso institucional. Haakon Magnus de Noruega será, con alta probabilidad, un Rey sereno y contenido, socialmente consciente, internacionalista y profundamente respetuoso con el marco institucional.
Su serenidad y capacidad de contención se han puesto de manifiesto durante las crisis familiares. El profundo sentido de la igualdad en el que fue educado se manifestó cuando conoció en un festival de rock a Mette-Marit Tjessem Høiby, una joven madre soltera con un pasado complejo y una relación previa con un hombre condenado por delitos de drogas. Mette-Marit pidió perdón públicamente por su vida anterior, y la pareja se casó en 2001, en una boda que reveló dos rasgos esenciales de Haakon: su lealtad personal, desde la que defendió a su pareja sin titubeos, y su convicción de que la Monarquía debe reflejar la sociedad real, no una versión idealizada.
Su sobriedad y calma han vuelto después a ser puestas a prueba por la publicación de un documental polémico sobre su hermana Märtha Louise y por el caso judicial de Marius Borg, hijo de Mette-Marit. Su prudencia y respaldo sin grietas a su esposa, a pesar de los muchos errores reconocidos por Mette-Marit en su amistad con Epstein, podrían haber derivado en una posición de debilidad de Haakon, pero paradójicamente han reformado su figura. La fidelidad demostrada en su relación personal, a pesar de las dificultades, ha fraguado una imagen de heredero de la Corona resiliente, transparente y responsable.
Quienes trabajan con él, desde diplomáticos hasta personal de las ONG, coinciden en que Haakon es un líder de escucha profunda, más reflexivo que carismático, más analítico que impulsivo. Su lenguaje corporal es relajado, su tono es suave y su presencia pública evita el protagonismo excesivo. Encaja como un guante con la Noruega contemporánea, un país que valora la sobriedad, la igualdad y la ausencia de ostentación, y su trayectoria, tanto profesional como personal, permite adivinar la capacidad de mantener la estabilidad institucional mientras adapta la monarquía a los desafíos del siglo XXI: clima, tecnología, desigualdad y diversidad cultural. Su reinado no será espectacular, pero promete ser sólido, ético y orientado al bien común.
Los nuevos Reyes, la Princesa Heredera Ingrid Alexandra y el Príncipe Sverre Magnus, en mayo de 2025.
(Gtres)
«Será un Rey disciplinado, preparado y consciente de su deber, incluso cuando su vida personal atraviesa momentos difíciles. Su visión de la monarquía es institucional, estable y orientada al servicio», resume la experta en la Casa Real noruega Tove Taalesen. «Todo lo ocurrido con Mette-Marit y su reacción a cada uno de los escándalos ha demostrado a los noruegos que Harald es alguien que permanece junto a los suyos, tanto en las buenas como en las malas», valora Trond Norén Isaksen, historiador y autor especializado en Monarquía nórdica, «y eso es precisamente lo que más desean los noruegos: en un mundo cada día más incierto, lo que deseas a tu lado es a alguien comprometido, que sin demasiados aspavientos abraza los acontecimientos y aporta fortaleza».
