Fidel Ernesto Castro Calis, uno de los nietos del dictador cubano Raúl Castro, fue incluido este jueves en la lista de sancionados del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, junto al Banco Exterior de Cuba y cuatro empresas estatales pertenecientes a las industrias … del petróleo y el níquel.
Las sanciones implican el bloqueo de los bienes e intereses de los sancionados que se encuentren en Estados Unidos o bajo control de personas estadounidenses, así como la prohibición estricta para ciudadanos y empresas estadounidenses de realizar transacciones financieras con las personas designadas.
A diferencia de otros descendientes de la familia, Castro Calis pertenece a una rama familiar que ha mantenido un perfil público más discreto y sobre la que apenas existe información pública, aunque es de las más cercanas al poder. También se le ha visto disfrutando de los privilegios de su apellido, inalcanzables para la mayoría de los cubanos, como vacaciones en hoteles de lujo en Varadero y comidas en restaurantes caros.
Castro Calis, de 31 años, es hijo de Marietta Calis Lauzurica y del único hijo varón de Raúl, Alejandro Castro Espín, quien, durante años, ha estado estrechamente vinculado a los servicios de inteligencia y contrainteligencia cubanos; se le considera una figura de enorme influencia dentro del aparato de seguridad y de poder en la isla.
La familia Castro en el foco
Conocido como ‘el Tuerto’, Castro Espín alcanzó mayor influencia al ascender su padre a la presidencia formal, en 2008. Fue designado al frente del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional (CSDN), un organismo creado para coordinar los servicios de inteligencia, contrainteligencia y las fuerzas armadas. Constituyó una figura clave en las negociaciones con la administración de Barack Obama que condujeron al restablecimiento de relaciones diplomáticas a finales de 2014.
Existen indicios de que estaría involucrado en los llamados «ataques sónicos» contra diplomáticos estadounidenses en La Habana, lo cual derivó en una crisis diplomática, en el endurecimiento de la postura de la Casa Blanca y en que el CSDN fuera desactivado o relegado de la luz pública.
Alejandro Castro Espín y su otro hijo, Raúl Alejandro Castro Calis, habían sido incluidos previamente en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
La Administración Trump sostiene que las sanciones no están dirigidas contra la población, sino contra los canales financieros y empresariales utilizados por la élite gobernante para sostener su estructura de poder.
Transición al estilo soviético
El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó este jueves a la familia Castro y a sus aliados militares de perpetuar «su control absoluto sobre la economía de la isla» y acaparar «recursos en beneficio de un reducido grupo de élites del régimen».
Las medidas anunciadas, agregó, responden a la visión del presidente Donald Trump de una «Cuba libre», en la que sean desmantelados «las redes financieras ilícitas del régimen, sus aparatos represivos y las estructuras de poder arraigadas desde la era de los Castro».
En los últimos meses, Washington ha dirigido las sanciones contra empresas militares o vinculadas al poder en la isla, así como a figuras clave del régimen. Así, han sido incluidas empresas de Gaesa, el emporio de la élite castrista, y miembros de la cúpula como el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel. También altos oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior involucrados en la gestión económica y en la seguridad interna.
A diferencia de años anteriores, Washington pone en el foco a la familia Castro y a la élite. Por esto ha incluido, por ejemplo, a Lis Cuesta Pedraza y a Manuel Anido Cuesta, la esposa y el hijastro de Díaz-Canel, respectivamente.
De esta forma, la Casa Blanca intenta bloquear estrategias para burlar las sanciones como pudiera ser la utilización de familiares o amigos como testaferros. Recientemente, el régimen anunció medidas de apertura al sector privado, una estrategia que recuerda la transición soviética, en la que los miembros de la élite comunista y de inteligencia pasaron a ser los oligarcas y a acaparar las riquezas del país.
