El primer ministro británico, Keir Starmer, declaró el martes en una reunión de su gabinete que no dimitiría, según informó su oficina. «El Partido Laborista cuenta con un procedimiento para destituir a un líder, y este no se ha activado», rezaba el comunicado. «El país … espera que continuemos gobernando. Eso es lo que estoy haciendo y lo que debemos hacer como gabinete. «Las últimas 48 horas han sido desestabilizadoras para el gobierno, lo que tiene un coste económico real para nuestro país y para las familias».
La silla del primer ministro británico, Keir Starmer, se tambaleó este lunes tras el aumento de las críticas sufridas a raíz de la importante derrota del Partido Laborista en las elecciones locales y regionales. Al menos 70 diputados laboristas han solicitado al ‘premier’ que dimita, apenas dos años después de su victoria en los comicios generales, donde consiguió un total de 403 escaños.
La ministra del Interior, Shabana Mahmood, y la jefa de la diplomacia, Yvette Cooper, le han pedido que defina un calendario para su salida, según informan varios medios británicos, entre ellos ‘The Guardian’ y ‘Sky News’. Para ello, Starmer se reúne este martes –sobre las 10.30 hora peninsular española– con su gabinete de ministros, donde crecerá la presión para que finalmente fije un calendario para su dimisión.
Sin embargo, el primer ministro Starmer prometió, en un discurso de este lunes por la mañana, mantenerse firme en el puesto, pero no logró apaciguar las tensiones en sus filas: «Sé que la gente está frustrada con el estado del Reino Unido, frustrada con la política y algunos también frustrados conmigo».
El discurso se enfocó en dos principios: volver a la senda europea, tras la salida del Reino Unido de la Unión Europa a través del Brexit; y el anuncio de un proyecto de ley con medidas económicas que presentará próximamente para nacionalizar la compañía acerera British Steel.
En las elecciones locales del 7 de mayo, el laborismo, que llegó al poder el 4 de julio de 2024, tras catorce años de gobiernos conservadores, perdió cerca de 1.500 concejales y vio un fuerte avance del partido antiinmigración Reform UK.
Desde su llegada al poder, la popularidad del dirigente, de 63 años, no ha dejado de caer, en un contexto de economía estancada y aumento del coste de la vida, agravado recientemente por la guerra en Oriente Próximo.
Además, quedó atrapado en un escándalo por el nombramiento y destitución de Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en Washington, tras revelarse los vínculos del enviado con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.
«Starmer escucha a sus colegas»
El ministro Darren Jones, aliado de Starmer, declaró el martes a Times Radio que Starmer, ante la creciente rebelión dentro de su partido, estaba consultando con sus colegas. «Está escuchando a sus colegas y está hablando con ellos. No puedo adelantarme a ninguna decisión que pueda tomar», afirmó Jones y recoge la agencia Reuters. Posteriormente, pareció retractarse, reiterando la promesa que Starmer había hecho el lunes de que el primer ministro no dimitiría.
Starmer incidió en que el país jamás perdonaría al Partido Laborista si este se embarcaba en una lucha por el liderazgo, apenas dos años después de que su enorme mayoría parlamentaria supuestamente pusiera fin al caos político que había asolado el país desde el Brexit.
Eso no evitó que sus parlamentarios comenzaran a pedir públicamente su dimisión o que fijara una fecha para su salida. Para el lunes por la noche, cuatro asesores ministeriales habían dimitido, alegando que Starmer ya no tenía autoridad para dirigir el país: «No veo cómo puede seguir adelante», declaró a Reuters un parlamentario laborista bajo condición de anonimato. «Si ahora somos unos 70, el número de quienes piensan que debería irse pero no lo han manifestado públicamente es fácilmente el doble».
Destituir a Starmer ahora, o forzarlo a fijar una fecha de salida, probablemente favorecería al ministro de Sanidad, Wes Streeting, quien pertenece al ala derecha del partido y es considerado un mejor comunicador que Starmer.
Otros posibles contendientes, el alcalde del Gran Manchester, Andy Burnham, y la ex viceprimera ministra Angela Rayner, afrontan obstáculos para presentarse. Burnham no cuenta con el escaño parlamentario necesario para competir, y Rayner aún no ha resuelto por completo los problemas fiscales que motivaron su dimisión el año pasado.
Los mercados de bonos han reaccionado con sensibilidad ante cualquier sugerencia de que Starmer y su ministra de Finanzas, Rachel Reeves, pudieran dimitir y ser reemplazados por alguien más a la izquierda que podría estar dispuesto a endeudarse y gastar más.
La medida en su contra se produce un día antes de que el rey Carlos presente el programa legislativo del gobierno en una ceremonia parlamentaria de gran pompa y esplendor el miércoles.
