El Partido Laborista ha puesto este jueves en marcha el proceso interno para elegir al sucesor de Keir Starmer al frente de la formación y, por extensión, al próximo primer ministro del Reino Unido. Aunque el calendario oficial acaba de comenzar, todo apunta a que … la carrera podría concluir sin una verdadera competición, ya que el exalcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham, es por el momento el único aspirante que ha formalizado su candidatura y ningún otro dirigente laborista parece dispuesto a disputarle el liderazgo.
La apertura del periodo de nominaciones marca el inicio de un mecanismo interno complejo, diseñado para garantizar que únicamente lleguen a la fase final candidatos con un respaldo significativo dentro del partido.
La primera prueba para cualquier aspirante consiste en obtener el apoyo el 20% del grupo parlamentario; en este caso, 81 diputados laboristas. Además, los candidatos deben conseguir el respaldo de 32 de las 634 agrupaciones locales del partido o, alternativamente, el apoyo de tres de las 31 organizaciones afiliadas, entre sindicatos y sociedades socialistas, de ellas al menos dos sindicatos.
El plazo para reunir esos avales permanecerá abierto hasta el próximo jueves, 16 de julio. La clave del proceso reside en otra cifra. Si Burnham consigue el respaldo de 323 diputados laboristas, matemáticamente ningún otro aspirante dispondrá ya de suficientes parlamentarios para alcanzar el mínimo de 81 nominaciones exigido por el reglamento. En ese escenario, la elección quedaría resuelta antes incluso de que comenzara una campaña interna.
De producirse esa circunstancia, Burnham sería proclamado líder del Partido Laborista en un acto previsto para finales de la próxima semana y accedería al cargo de primer ministro el 20 de julio. El motivo es que el Partido Laborista conserva la mayoría absoluta de las elecciones generales y el liderazgo de la formación implica también la jefatura del Gobierno.
El sistema evita así una votación entre los afiliados cuando únicamente existe un candidato que cumple los requisitos. Solo en el supuesto de que dos o más aspirantes superaran el umbral de nominaciones, se abriría una campaña interna y serían los miembros del partido, junto con determinados afiliados sindicales, quienes elegirían al nuevo líder mediante votación.
Sin competencia
Pero esa posibilidad parece alejarse cada vez más. El miércoles por la noche, el secretario de Defensa Al Carns, cuyo nombre había circulado durante los últimos días como posible candidato, anunció que no concurrirá a las elecciones internas. Su decisión despejó todavía más el camino para Burnham, quien además ha recibido el respaldo público de varios dirigentes que también habían aparecido en las quinielas, entre ellos el exministro de Sanidad, Wes Streeting.
El propio Burnham confirmó este jueves que ya ha presentado oficialmente su candidatura mediante un mensaje en redes sociales en el que reconoció que «todo empieza a parecer muy real». En un tono distendido, añadió que esperaba que «a la tercera fuera la vencida», en referencia a sus dos intentos fallidos por hacerse con el liderazgo laborista en 2010 y 2015.
Aunque el desenlace parece cada vez más claro, algunos sectores del partido han comenzado a reclamar al exalcalde que concrete con mayor detalle cuál sería su proyecto político para el Gobierno. Su larga etapa al frente de la Alcaldía del Gran Mánchester le ha convertido en una de las figuras más conocidas del laborismo contemporáneo, aunque su salida de Westminster en 2017 ha limitado sus relaciones con buena parte de los diputados elegidos en las dos últimas legislaturas, que constituyen hoy la mayoría del grupo parlamentario.
Si finalmente no aparece ningún rival, Burnham comparecerá el próximo lunes como único participante en el debate interno organizado para los candidatos. Un encuentro en el que responderá a las preguntas de sus compañeros sobre las prioridades de un eventual Ejecutivo bajo su liderazgo.
Mientras tanto, ya han comenzado las denominadas ‘access talks‘, las conversaciones confidenciales que mantienen los aspirantes con los altos funcionarios encargados de preparar una eventual transición gubernamental. Estas reuniones, coordinadas por la secretaria del Gabinete, Antonia Romeo, la funcionaria de mayor rango de la Administración británica, permiten que el futuro primer ministro pueda asumir el cargo con la maquinaria del Estado preparada desde el primer día.
Burnham promete que el aumento del gasto en defensa impulsará la industria
Andy Burnham ha adelantado algunas de las líneas maestras de la política exterior y de defensa que impulsará si llega a Downing Street. En un artículo publicado en ‘The Times’, el exalcalde del Gran Mánchester defendió que el incremento del gasto militar previsto para los próximos años debe servir, además de reforzar las capacidades de las Fuerzas Armadas, para reindustrializar el Reino Unido y reducir su dependencia del exterior.
Burnham aseguró que quiere que una parte sustancial de la inversión en defensa se destine a empresas y trabajadores británicos, en lugar de emplearse en la compra de material a compañías estadounidenses o europeas. A su juicio, fortalecer la industria nacional es «fundamental tanto para nuestra seguridad económica como para nuestra seguridad nacional». En el plano internacional, apostó por estrechar la cooperación con aliados europeos, especialmente Francia y Alemania.
Burnham ha empezado también a perfilar algunas de sus prioridades políticas. Durante un discurso pronunciado la pasada semana en Mánchester, propuso crear una nueva unidad del Gobierno en esa ciudad para impulsar la descentralización administrativa y otorgar mayores competencias a las autoridades locales en materias como vivienda y transporte.
Otra de sus propuestas consiste en conceder a todas las regiones del Reino Unido un «mayor control público» sobre los sectores del agua y la energía, aunque todavía no ha explicado cómo pretende materializar esa promesa. En un artículo publicado este jueves en ‘The Times’, confirmó igualmente que mantendría en el cargo al actual asesor de Seguridad Nacional, Jonathan Powell, antiguo colaborador de Tony Blair, y defendió un «incremento sostenido» del gasto en defensa, aunque evitó fijar un objetivo concreto.
