La Administración Trump ha decidido extender al sector agrícola la apertura económica de Venezuela y facilitar que empresas venezolanas compren alimentos y materias primas de Estados Unidos con créditos que serán respaldados por el propio Gobierno norteamericano. Este es un paso de considerable alcance porque … Washington no se limita a levantar obstáculos al comercio sino que pone a disposición de sus exportadores garantías financieras, programas de promoción comercial, formación técnica y, en paralelo, mecanismos de ayuda alimentaria para facilitar la entrada de productos estadounidenses a un mercado que necesita importar buena parte de lo que consume.
En esencia, la Administración Trump va a facilitar que Venezuela pueda comprar alimentos y productos agrícolas estadounidenses, incluso ayudando a financiar esas compras. A la vez, abre la puerta a enviar ayuda alimentaria y formar técnicos venezolanos, mientras crea más negocio para agricultores y empresas de EE.UU.
El anuncio llega después del acuerdo petrolero entre Washington y Caracas, que ha abierto una nueva etapa de cooperación económica entre ambos países. Tras asegurar una presencia mucho mayor de empresas estadounidenses en el sector energético venezolano, la Administración Trump empieza ahora a extender esa apertura a la agricultura y la alimentación, con más comercio, crédito, asistencia técnica y la posible llegada de la ayuda alimentaria.
Contribuir a la recuperación de Venezuela
El Servicio Agrícola Exterior, que es dependiente del Departamento de Agricultura de EE.UU., presentó lo que denomina un conjunto ampliado de oportunidades comerciales, de desarrollo y seguridad alimentaria para Venezuela. El objetivo declarado es doble: contribuir a la recuperación venezolana, especialmente después de los recientes terremotos y la salida de Nicolás Maduro, y abrir oportunidades para agricultores y empresas estadounidenses.
Luke J. Lindberg, el subsecretario de Agricultura para Comercio y Asuntos Agrícolas Exteriores visitó Venezuela pocos días después de los terremotos y ahora presenta la iniciativa como parte del compromiso de la Administración Trump con la recuperación económica del país en su cooperación con el régimen de Delcy Rodriguez.
La medida más importante es financiera. Washington quiere utilizar el llamado programa GSM-102 para facilitar que importadores venezolanos compren productos agrícolas estadounidenses. El mecanismo no consiste en que el Gobierno de EE.UU. entregue directamente dinero a Venezuela, sino que ofrece garantías de crédito que reducen el riesgo de las entidades financieras que respaldan las operaciones.
Washington quiere utilizar el llamado programa GSM-102 para facilitar que importadores venezolanos compren productos agrícolas estadounidenses
En términos prácticos, una empresa venezolana que quiere comprar trigo, maíz, soja u otros productos estadounidenses necesita conseguir financiación para pagar al exportador. En un mercado con problemas de acceso al crédito, inflación elevada y años de incertidumbre económica por el chavismo, encontrar un banco dispuesto a asumir ese riesgo puede ser difícil o caro. La garantía estadounidense permite reducir una parte importante de esa incertidumbre y facilita que la operación se produzca.
El programa GSM-102 es una de las herramientas tradicionales de Washington para colocar producción agrícola estadounidense en mercados emergentes. Solo en 2022 respaldó 3.400 millones de dólares en exportaciones de productos como maíz, soja, harina de soja, trigo, arroz y algodón.
Levantamiento de restricciones
El Departamento de Agricultura anuncia además que levanta restricciones para permitir que cualquier banco extranjero que cumpla los requisitos pueda respaldar transacciones venezolanas. El propósito es ampliar el número de entidades capaces de financiar esas compras y, por tanto, el volumen potencial de crédito disponible.
El beneficiario inmediato de esa decisión es el exportador norteamericano. Un agricultor, una cooperativa o una comercializadora estadounidense dispone de mayores posibilidades de vender porque una parte del riesgo financiero que hasta ahora dificultaba la operación queda cubierta por Washington. Del otro lado, los importadores venezolanos consiguen una vía adicional para acceder a financiación internacional.
Un informe del propio Departamento de Agricultura publicado en abril calcula que Venezuela necesitará importar 1,5 millones de toneladas métricas de trigo en la campaña 2026-2027, un aumento del 10%. El país consumirá unos tres millones de toneladas de maíz, mientras su sector agrícola continúa sufriendo los efectos de la inflación, el encarecimiento de los fertilizantes y otras dificultades económicas.
Washington quiere ir, sin embargo, bastante más allá del crédito.
También se estudia incluir Venezuela como destino de una próxima misión comercial agrícola regional. Si finalmente se lleva a cabo, representantes de empresas estadounidenses viajarían para reunirse directamente con compradores e importadores. El plazo que maneja el Departamento de Agricultura es comienzos de 2027.
Científicos e investigadores
Hay un tercer componente en esta iniciativa agrícola, que es reconstruir capacidades agrícolas dentro de Venezuela. El Departamento de Agricultura ofrecerá plazas a científicos e investigadores venezolanos un programa de investigación e intercambio de corta duración.
Esos programas permiten formar a especialistas en cuestiones agrícolas, sanitarias y regulatorias, pero tienen también una vertiente comercial. Una mayor compatibilidad entre las normas venezolanas y las prácticas estadounidenses puede reducir obstáculos futuros a la entrada de alimentos y productos agrícolas de EE.UU.
Washington también estudia poner en marcha programas de ayuda alimentaria en Venezuela, especialmente para niños, familias con dificultades y zonas afectadas por los terremotos
Washington también estudia poner en marcha programas de ayuda alimentaria en Venezuela, especialmente para niños, familias con dificultades y zonas afectadas por los terremotos. Además de enviar alimentos, esos programas podrían servir para mejorar la producción agrícola, formar a trabajadores del campo, modernizar sistemas de distribución y ayudar a que el país produzca más por sí mismo. Pero por ahora no hay una cantidad concreta de dinero aprobada ni se ha decidido cuántos alimentos se enviarán: el Gobierno estadounidense está todavía estudiando qué programas puede aplicar y de qué manera.
