El origen del clan Bolsonaro comenzó en Brasil en 1888, cuando la familia de su bisabuelo, Vittorio Giovanni Bolsonaro, huyó de la pobreza en Anguillara Veneta, en la región italiana del Véneto, para buscar suerte en la vida rural del interior de Sao Paulo. Allí … vivieron humildemente durante algunas generaciones hasta el nacimiento de Jair Bolsonaro, el líder de la derecha radical, quien llegó a la presidencia en 2018, y ahora, preso por el intento de golpe de Estado de 2023, está cerca de ver cómo puede salir elegido su primogénito, Flávio Bolsonaro.
Si se confirma la victoria de Flávio este domingo, el clan puede tener dos presidentes en menos de una década. En sus orígenes, prosperó en política a partir de una máquina de desvíos que fue descubierta por la prensa brasileña e investigada por la Policía cuando Jair Bolsonaro comenzó a crecer como un candidato fuerte de la derecha radical. Para entonces había pasado tres décadas en el Congreso como un parlamentario irrelevante, que cambiaba de partido constantemente y nunca aprobó ningún proyecto importante.
Conectados a una serie de escándalos de corrupción relacionados con crímenes financieros, desvío y blanqueo de fondos, los Bolsonaro se sustentan sobre un discurso moralista, evangélico y de armar a la población como una estrategia de seguridad pública.
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SEGUNDA VUELTA PRESIDENCIAL
Verónica Goyzueta
«Los bolsonaristas apoyan a Flávio pase lo que pase y critican el fraude y la corrupción de manera selectiva, ya que no perciben como algo negativo lo que hace en el ámbito político o entre bastidores. El objetivo es, sencillamente, sacar al Partido de los Trabajadores (PT) del poder», explica Paulo Ramírez, politólogo y catedrático de la Escuela Superior de Propaganda y Márketing (ESPM).
El estilo del clan es una copia fiel del de otra familia a la que los Bolsonaro admiran fervorosamente, los Trump de Estados Unidos. Los Bolsonaro emulan el estilo paranoico, conservador radical y disfuncional de los Trump, pero sus orígenes son muy distantes y distintos al de esta dinastía norteamericana.
Inicios humildes
El patriarca, Jair Messias Bolsonaro, nunca vivió la opulencia de los Trump. El capitán de reserva nació en Glicério, un pequeño municipio pobre del interior de Sao Paulo de apenas 5.000 habitantes, con ayuda de una matrona. Jair fue un homenaje que su padre le haría a Jair Pinto Rosa, un futbolista de su equipo, el Palmeiras. Messias fue el nombre que su madre, muy católica, le dio al hijo, que ya se comparó muchas veces a Jesús, para transmitir un cierto mesianismo político.
Jair vivió solo ocho meses en Glicerio, donde volvió solo 63 años más tarde como candidato a la presidencia. Empujada por la estrechez económica, la familia comenzó un peregrinaje por varias ciudades paulistas hasta asentarse en Eldorado, otro pequeño municipio, que fue refugio de esclavos y ocupa la región del Vale do Ribeira, la más pobre del estado de Sao Paulo. Su padre, Percy Geraldo, ejercía como dentista práctico sin poseer ningún título universitario, arrancando muelas con un enorme alicate a cambio de gallinas o cerdos para alimentar a sus seis hijos.
Si se confirma la victoria de Flávio este domingo, el clan puede tener dos presidentes en menos de una década
En medio de aquella pobreza rural, donde el joven Jair pescaba y descargaba camiones de abono para ayudar en casa, forjó su temprano resentimiento social. Su modesta familia coexistía con la riqueza de la familia de Rubens Paiva, un diputado opositor a la dictadura militar que luego sería asesinado por el régimen, y a quien Bolsonaro atacaría sistemáticamente durante toda su vida. La historia de Rubens Paiva es retratada en la película ‘Aún estoy aquí’, que ganó el Oscar a mejor largometraje internacional en 2015. En 1973, buscando escapar de la miseria del Vale do Ribeira, el joven ingresó en el Ejército y terminó mudándose a Río de Janeiro.
Su carrera militar estuvo marcada por la insubordinación y la ambición económica, culminando en 1987 cuando fue acusado de planear la explosión de bombas en cuarteles para exigir aumentos salariales. Jair fue absuelto por el Superior Tribunal Militar con el apoyo de importantes militares, como el expresidente João Figueiredo, el último dictador antes de la redemocratización, que le tenía simpatía. Esos episodios oscuros lo hicieron conocido entre militares del escalafón más bajo y entre personas que se identificaban con sus revueltas y resentimientos. Fue precisamente en Río de Janeiro donde el exmilitar echó las raíces definitivas del clan, tejiendo una intrincada red de influencias que terminaría por llevarlo a la presidencia.
Una red endogámica
Hoy, el patriarca de los Bolsonaro cumple una condena de 27 años de prisión por orquestar una intentona golpista contra Lula da Silva en 2023, pero sigue manejando los hilos de la familia. Fiel a su formación castrense y para evitar confusiones, Jair numera a sus hijos como si fueran simples reclutas: Flávio es el «01», Carlos el «02», Eduardo el «03» y Jair Renan el «04». A pesar del encierro, el apellido sigue siendo una poderosa marca electoral que moviliza a la derecha radical.
La inserción de la familia en la maquinaria pública ha sido masiva, parasitando las instituciones con hijos, exmujeres –como Rogéria, madre de los tres mayores–, hermanos, cuñados y su actual esposa Michelle. Durante casi tres décadas en el Legislativo, la familia nombró a 286 asesores, de los cuales al menos 102 compartían lazos de parentesco directo. Esta red endogámica, revelada en 2018 en un reportaje del diario ‘O Globo’, fue el cimiento de una sofisticada estructura de apropiación de salarios públicos, un esquema fraudulento que los convirtió en una familia poderosa y millonaria.
Jair Bolsonaro, en arresto domiciliario el año pasado.
(Reuters)
El mecanismo de corrupción, conocido popularmente en Brasil como ‘rachadinha’, consistía en nombrar a empleados fantasmas, como la famosa ‘Wal do Açaí’ –una empleada que cuidaba su casa de playa–, que devolvían la mayor parte de su sueldo al clan. Una meticulosa investigación de cuatro años destapó cómo el esquema financió la compra de decenas de inmuebles pagados con dinero en efectivo y sustentó un lujoso estilo de vida, especialmente de los hijos. Detrás de la máscara de defensores de la ética y la familia tradicional, los Bolsonaro operaban una lucrativa empresa basada en el desvío sistemático.
Una trayectoria plagada de corrupción
«Todas las personas más cercanas a Jair Bolsonaro estaban de un modo u otro asociadas a un esquema que tenía hasta nombre propio. Durante muchos años, quien prestaba el nombre y el número fiscal para figurar como asesor parlamentario de algún Bolsonaro se adhería automáticamente al sistema que los participantes llamaban ‘El Negocio del Jair’», relata Juliana Dal Piva, periodista que investigó este caso cuatro años. Autora del libro ‘El negocio de Jair: La historia prohibida del clan Bolsonaro’ (2022), desmenuza la falta de escrúpulos de una familia que forjó su imperio engañando al Estado.
El primogénito Flávio, que paradójicamente se vende hoy como el ‘Bolsonaro moderado’, ha sido el principal protagonista de estos escándalos financieros desde su etapa como diputado en Río de Janeiro. Las investigaciones revelaron sus profundos nexos con Fabrício Queiroz, el expolicía encargado de recolectar el dinero desviado, y con figuras oscuras como Adriano da Nóbrega, un asesino a sueldo y líder de una violenta milicia en Río de Janeiro. Esas conexiones con peligrosas milicias no debilitan el discurso de Flávio sobre seguridad pública, inspirado en el modelo del salvadoreño Nayib Bukele. Esas relaciones no han tenido impacto entre los electores, que quieren mano dura contra la violencia.
Flávio tiene vínculos con policías involucrados en tramas de corrupción y un asesino y líder de una milicia en Río de Janeiro
El senador también se encuentra en el ojo del huracán por sus turbias relaciones con el banquero encarcelado Daniel Vorcaro, implicado en el mayor fraude financiero de la historia de Brasil con el extinto Banco Master. Flávio le solicitó a este banquero corrupto más de 12 millones de dólares (10,7 millones de euros) para financiar ‘Dark Horse’ (‘Caballo negro’), una película propagandística en inglés sobre la vida de su padre. Los diálogos grabados con su voz pidiéndole dinero a Vorcaro tampoco afectaron a sus electores. Si logra llegar a la presidencia, los analistas dan por sentado que Flávio indultará a su padre y utilizará la inmunidad del cargo para enterrar sus propios crímenes.
La poderosa Michelle
En medio de este ajedrez de corrupción, evasión y sucesión, emerge con fuerza inusitada la figura de la ex primera dama Michelle Bolsonaro, una importante estrella ascendente de la derecha radical. Evangélica, carismática y devota intérprete de lengua de signos para sordomudos, Michelle ha sabido encarnar a la perfección el rol de la mujer conservadora. Su arrollador tirón popular quedó refrendado en las urnas al coronarse como la candidata al Senado más votada por el Distrito Federal, superando los 930.000 sufragios en su debut electoral.
El innegable capital político de Michelle llegó a eclipsar a los propios hijos del presidente, generando una profunda y amarga enemistad con Flávio y Carlos. Las encuestas internas del bolsonarismo revelaban que la ex primera dama atesoraba muchísimas más cualidades y opciones reales para derrotar a Lula da Silva en las presidenciales que cualquiera de sus polémicos hijastros. Sin embargo, en la encrucijada dinástica, el patriarca Jair Bolsonaro impuso el peso de la sangre y la línea patriarcal para proteger directamente a su linaje biológico.
Michelle Bolsonaro, en 2023.
(AFP)
Relegando el enorme potencial electoral de su esposa para salvar a su hijo mayor de la Justicia, Jair escogió a Flávio como su único heredero al trono presidencial. Michelle cumplió el papel que le correspondía en esa familia, de obediencia y sumisión familiar que predica fervientemente en sus discursos religiosos. Acató la directriz del marido sin pestañear y aceptó postularse al Senado. Su sacrificio evitó una fractura pública en plena campaña, pero ha consolidado una silenciosa e irreconciliable enemistad con el «01» que hoy es inocultable en los pasillos de Brasilia.
Michelle Bolsonaro ha consolidado una silenciosa e irreconciliable enemistad con el «01», su hijastro Flávio
A pesar de haber sido apartada de la cima del poder ejecutivo, el triunfo aplastante de Michelle en la Cámara Alta la posiciona como la legisladora más influyente del país y la verdadera reserva moral del movimiento. Mientras Flávio lidia con el estigma imborrable de la corrupción y la sombra de las milicias asesinas, ella mantiene intacta su pureza ante la poderosa base evangélica. Con paciencia y obediencia, la matriarca aguarda su turno definitivo para reclamar el control de un clan familiar marcado por el escándalo.
