Epicentro urbanístico, cultural y comercial de Teherán, la plaza Valiasr contempla cada día el frenético transitar de cientos de miles de ciudadanos de la capital iraní. A veces circulan bajo la atenta mirada del líder supremo, Mojtaba Jamenei, o de su difunto padre, Alí. … Otras, este enjambre de personas lo domina un Donald Trump humillado o una amenaza mortal contra el líder estadounidense. Es el contenido del mural que preside la explanada y que las autoridades del régimen emplean para hacer llegar su propaganda a los vecinos del municipio y prácticamente a cada rincón del planeta.
Esta enorme pancarta, que es más un póster que un mural pintado al uso, permite a la República Islámica desplegar todas sus capacidades para encumbrar a sus propios líderes y cargar contra el enemigo, habitualmente Estados Unidos y, en menor medida, Israel. A ella se suma la dispuesta en otra de las principales plazas capitolinas, la de la Revolución, que ha albergado en las últimas semanas una imagen de Trump dentro de un ataúd u otra del presidente estrangulado junto a un mensaje que clama venganza.
Con imágenes del mandatario con la boca cosida y una referencia al estrecho de Ormuz o de la exaltación de las autoridades del régimen, estas plazas no son, no obstante, los únicos puntos de la ciudad ni del país donde Irán muestra todo su talento para difundir su propaganda dirigida a distintas audiencias y con diferentes objetivos. Dibujados como verdaderos murales o colocados a modo de póster, estas creaciones salpican las localidades de la República Islámica, con algunas tan representativas como ‘Los niños de Minab’ -en homenaje a las más de 168 personas, en su mayoría pequeñas de entre 7 y 12 años, fallecidas en el bombardeo de una escuela primaria en febrero de 2026-.
Todas estas representaciones han dado la vuelta al mundo y permanecen en buena medida en las retinas de quienes las han contemplado al menos una vez, pero ¿por qué resultan tan impactantes e inolvidables para el espectador? En parte, afirma el director del Grado en Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad CEU San Pablo, Javier Rodríguez Laíz, se debe a que los autores «han traspasado todos los límites» y «golpean donde más puede doler». «Se saltan las fronteras de lo normal y cada vez van un paso más allá. Son ideas que conectan mucho con la población, como amenazar con matar a un líder como Trump», explica.
«Estamos peor informados que nunca, no leemos, no profundizamos. Vivimos en una cultura de la imagen. No hace falta explicar las motivaciones políticas detrás de cada decisión. Lo que debo hacer es crear una imagen muy rápida y que permanezca en la cabeza del receptor», detalla Rodríguez Laíz, que incide en la importancia de que estos mensajes analógicos son «rebotados» por medios de todo el mundo en una «baratísima» campaña de propaganda internacional para Irán.
Precisamente en esta idea de «replicar» el mensaje insiste Leticia Rodríguez Fernández, profesora y directora general de Comunicación Estratégica de la Universidad de Cádiz, como una de las claves del éxito de la propaganda del régimen de los ayatolás. «El contenido es noticiable, y los medios se hacen eco. Además, son elementos que se pueden fotografiar y compartir digitalmente, lo que abre la posibilidad a que la imagen no se pierda, sino que queda permanentemente y genera una iconografía propia», recalca.
Accesibilidad, simbolismo y tamaño
Asimismo, resalta la «accesibilidad» como pieza fundamental para el gran calado de estos murales, puesto que otro precepto básico de la propaganda es que sea «universal», es decir, que en la medida de lo posible todo el mundo la entienda. «El uso de las imágenes, sea en entornos físicos o digitales, siempre contribuye a que cualquier persona, independientemente del idioma que hable o de su grado de alfabetización o de educación, pueda percibir cómo se trasladan esas ideas», enfatiza.
Ahora bien, estas no son las únicas características que contribuyen a la efectividad de la propaganda de la República Islámica: su «simbolismo», su «enorme» tamaño y su «localización estratégica» representan también un factor determinante. Su ubicación, en muchas ocasiones en «barrios de clase media y arterias principales» o lugares representativos, como «la antigua Embajada de Estados Unidos», resulta crucial, de acuerdo con Natalia Sancha, analista sénior no residente del Instituto Elcano para Oriente Medio y Norte de África.
Experiencia iraní con los murales
Más allá de los elementos anteriores, otro de los factores centrales en el éxito de estas pancartas es la experiencia de Irán con este tipo de campañas. La República Islámica lleva casi medio siglo recurriendo a los murales en términos propagandísticos, ya desde antes de la Revolución de 1979 -que supuso la caída de la monarquía-, de acuerdo con Raffaele Mauriello, profesor de la Facultad de Literatura Persa y Lenguas Extranjeras en la Universidad Allameh Tabataba’i de Teherán.
Varios ejemplos de la propaganda en los murales de Irán..
(EFE)
Ya en la última década de la época del sah Mohammad Reza Pahlavi, abunda, se empezaronn a utilizar estos elementos como propaganda de Estado y acabron volviéndose virales durante la Revolución. Esta corriente, señala, bebe del muralismo soviético y latinoaméricano, especialmente del mexicano, que recupera y reinterpreta: «La República Islámica ha hecho un arte de estos mecanismos, en el sentido de que los utiliza mucho, los controla muy bien, los ha desarrollado y los ha cambiado con el tiempo».
Creación de un enemigo
También la construcción de un enemigo con el que beligerar y confrontar y contra el que articular un relato es necesario en una estrategia de propaganda, algo que está muy presente en estos murales, destaca Rodríguez Fernández: «Permite establecer diferencias entre quiénes somos nosotros y quiénes son los otros, lo que genera una identidad de grupo, colectiva, que hace que tu causa sea noble y la gente se adhiera».
Este enemigo por antonomasia, Irán lo ha encontrado en Estados Unidos, al que definen como Gran Satán y contra el que venden una «narrativa persuasiva» unida a «la exaltación patriótica». La República Islámica lo ha convertido, dice Mauriello, en un «elemento importante dentro del discurso político» y contra él y sus bases en la región dirigen sus ataques al entender que «limita sus capacidades de crecimiento y proyección geopolítica».
¿A quién van destinados los murales?
En cuanto a las audiencias a las que se orienta este tipo de propaganda en forma de mural, no toda está enfocada al mismo receptor: una -«muy articulada»- es interior, otra es exterior y una tercera surge como una combinación de ambas. El póster de la plaza Valiasr, por ejemplo, está claramente dirigido a un público radicado fuera de Irán, ahonda Mauriello, como puede deducirse del hecho de que en muchas ocasiones el mensaje esté escrito en inglés.
Un mural anti-Trump el día de Arbaeen.
(EFE)
Otros muchos, no obstante, están destinados a un público interno, con los textos en persa y «ese grado de ideología omnipresente e invasiva» característico de este tipo de carteles, remarca Sancha. Sin embargo, ¿cuál es la reacción de los iraníes? Depende, responde. Hay quien, como los ‘basijis’, lo recicbe como una suerte de «memoria histórica, colectiva y de unión». Otros, neutrales, lo han normalizado hasta considerarlo mero «mobiliario urbano». Y unos terceros, los disidentes, han optado por elaborar su propia «contrapropaganda» y los pintarrajean o los tachan en un acto de rebeldía.
¿Son eficaces estos mensajes?
En cuanto a la efectividad, los expertos coinciden en su mayoría en que los mensajes son eficaces y logran tanto atraer la atención de distintos sectores como reafirmar el convencimiento de algunas de las audiencias. Estas campañas propagandísticas, dice Mauriello, han mejorado sus resultados respecto a años anteriores gracias, en parte, a su renovación y al aumento del dinamismo con la incorporación también de otros métodos, como los vídeos con muñecos de LEGO, la inteligencia artificial y el uso de redes sociales, que les ha permitido llegar también a audiencias más jóvenes.
Estas camapañas dejarán, además, «una imagen para la historia», como ha ocurrido con las del muro de Berlín, convertidas en auténtico arte urbano, considera Rodríguez Fernández. Algo más reticente sobre la eficacia real de estos dibujos y pósteres se muestra Sancha, que estima que lo verdaderemente efectivo es «la represión». «Lo que funciona realmente es matar a miles de personas cuando van a la calle a protestar», afirma, en referencia a las manifestaciones de 2025 y 2026.
¿Quién hay detrás?
En cuanto a los artífices de estas imágenes propagandísticas, no hay un único actor tras ellas, apunta Mauriello. Y, en función de quién las financie, el mensaje cambia, lo que provoca también una «’lucha’ entre murales». En el barrio céntrico de Teherán, por ejemplo, hay más de 200, muchos de ellos costeados por la municipalidad de la capital, aunque no pocos han sido pagados por la Guardia Revolucionaria -un Ejército creado en 1979 por orden del ayatolá Ruhollah Jomeini para defender el sistema político del régimen y con un gran «poder decisional en términos de comunicación, particularmente en tiempos de guerra»-.
Otros ejemplos del uso de la propaganda iraní en los murales..
(Agencias)
Sin embargo, también hay murales financiados por otros organismos. Tras algunos de ellos -«pocos»-, se encuentra Hizbolá, el partido político islamista chií y grupo armado con base en Líbano. Otros han sido costeados por distintas fundaciones nacidas tras la caída de la monarquía, entre las que se halla una dedicada a los ‘mártires’ con un peso económico sustancial. En el caso del póster de la plaza Valiasr, se trata de un acuerdo alcanzado entre la Guardia Revolucionaria y el Ejecutivo para lanzar mensajes claros y potentes «al exterior», relata el profesor universitario.
En este último caso, que acapara las miradas de medio mundo cada vez que el póster cambia -y en mayor medida cuando el protagonista del mural es Trump-, una de las ideas trasladadas a la comunidad internacional es clara. Más allá de la amenaza en sí misma contra el presidente, el régimen de los ayatolás intenta despertar un sentimiento de desafección en europeos y estadounidenses hacia la gran potencia norteamericana: «Esta guerra no es la tuya. Washington no tiene legitimidad y no representa tus valores».
