La entrada de la principal morgue de Katmandú evidencia el drama humano de la catástrofe. A un lado de la calle, los familiares pegan fotografías de sus seres queridos desaparecidos. Al otro, las autoridades hacen lo propio con los cadáveres encontrados.
Son imágenes muy duras, … con cuerpos de todas las edades apenas reconocibles a causa de las mutilaciones y los efectos de la descomposición. Llantos desconsolados acompañan cada identificación. Las cifras oficiales sobrepasan ya los 919 muertos en total: 903 del lado nepalés y 16 en la vertiente tibetana.
Por otro lado, la esperanza de encontrar supervivientes entre los cerca de 5.000 desaparecidos es casi nula. Entre ellos figuran cientos de extranjeros, turistas, peregrinos u obreros. Las autoridades, además, han activado la alerta ante la posibilidad de nuevas inundaciones y, ante la saturación de las morgues y las dificultades para identificar los cuerpos recuperados, han comenzado a realizar entierros colectivos.
Algunos cadáveres han sido arrastrados por el agua hasta las orillas de Bharatpur, en Chitwan, a unos 160 kilómetros del lugar donde se produjeron las inundaciones. Pero las instalaciones disponibles son claramente insuficientes: Nepal es uno de los países más pobres del mundo y cuenta con unas infraestructuras muy deficientes. La morgue de la región de Chitwan solo tiene capacidad para almacenar unos 30 cadáveres.
Entierro colectivo: una decisión inevitable
Ante esta situación, el Gobierno nepalí está utilizando edificios gubernamentales como morgues provisionales. En ellos se encuentran unos 270 cuerpos, la mayoría todavía sin identificar. Los cadáveres han permanecido durante mucho tiempo en el agua y, además, las altas temperaturas propias del monzón han acelerado considerablemente su descomposición. Por ello, las autoridades han decidido enterrar aquellos cuerpos recuperados cuya identidad no haya podido ser determinada o que no hayan sido reclamados por sus familiares.
La medida busca evitar los olores provocados por la descomposición y la propagación de enfermedades infecciosas, además de garantizar que los cuerpos sean tratados de forma segura y digna. Los funcionarios están intentando conseguir hielo seco para complementar la única instalación de refrigeración disponible, mientras habilitan puntos de información y fotografían los cuerpos para facilitar la identificación de los desaparecidos.
Según informó ‘The New York Times’, el sábado fueron enterrados 93 cadáveres en una zona boscosa cercana a Bharatpur y el domingo se sumaron otros 100. El diario local ‘The Kathmandu Post’ informó de que «el lugar de enterramiento es un terreno abierto en Devghat, en el distrito 1 de la ciudad de Bharatpur», y señaló que el sábado comenzaron a enterrar 229 de los 233 cuerpos recuperados que todavía no habían podido ser identificados.
Antes de proceder al entierro, se fotografían los cadáveres y se registran minuciosamente sus características físicas y la ropa que llevaban puesta. También se recogen muestras de ADN y se ha colocado una placa metálica numerada en cada tumba para facilitar una eventual identificación posterior.
Una vez superadas las primeras 72 horas, consideradas el periodo crítico para rescatar supervivientes, las posibilidades de encontrar personas con vida son cada vez menores. Las autoridades continúan las labores de rescate y búsqueda, especialmente en los túneles de las centrales hidroeléctricas de las regiones de Rasuwa y Nuwakot, donde se concentra buena parte de los daños.
