Andy Burnham parece dispuesto a pasar a la historia como el líder que revertió la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Todavía no está claro que tenga un plan, pero ha decidido liderar a la mayoría de los ciudadanos que piensa que … la retirada fue una mala decisión e intuyen que mejor no hundirse más en el agujero al que les ha llevado la ola populista. El horizonte preferido es volver a ser un Estado miembro, con la posibilidad de pasos intermedios (pertenencia al mercado interior o a la unión aduanera).
Un nuevo referéndum podría ser el billete de vuelta, y también una plataforma europeísta compartida entre varios partidos en las siguientes elecciones. La otra gran pregunta es si los 27 socios europeos aceptarían el regreso del hijo pródigo -la primera potencia militar y la segunda economía del continente- y con qué condiciones.
La vuelta del Reino Unido significaría una victoria del espíritu europeo y una oportunidad estratégica que no se debe desaprovechar. Sin embargo, sucedería en una etapa en la que la integración europea atraviesa años difíciles, por el tiempo geopolítico en el que hemos entrado y la previsible llegada de más partidos anti-europeos al poder en distintas capitales nacionales.
El Gobierno de Londres tiene derecho a negociar su no participación en la libre circulación de personas como lo ha hecho Irlanda y en la moneda única, como Dinamarca y Suecia. A cambio, en materia presupuestaria el traje a medida sería más complicado. Seguro que hay voces que reclaman dureza y poner el listón muy alto a los británicos, mientras advierten que tanto Reform como los conservadores, con la ayuda de las huestes de Trump, pueden romper de nuevo con Bruselas. Son los que no entienden que los europeos no andamos sobrados de buenas noticias y que es apremiante reformar la Unión y convertirla en un proyecto más atractivo al que se sumen los que nunca debieron salir.
