Domingo 28 de junio. Un hombre cubierto de polvo retira la mascarilla de su boca para increpar a un grupo de efectivos de la Guardia Nacional de Venezuela. El vídeo, tomado en la parroquia Caraballeda de La Guaira y difundido por DW Noticias, muestra … cómo un grupo de uniformados vigilan, sin ayudar, a quienes remueven los escombros intentando buscar supervivientes. Han transcurrido cuatro días de los dos terremotos de 7.1 y 7.5 grados. Hay cansancio y desesperación. Cada hora es decisiva para recuperar personas con vida. Son los vecinos, con ayuda de rescatistas internacionales, quienes se mantienen desde el primer día en labores de rescate. Uno de esos vecinos es quien protagoniza el reproche. «¿Por qué traen armamento? ¡Lo que tenían que traer era una pala!». Los efectivos no retiran la mascarilla de su rostro. Algo parecido a la vergüenza los paraliza y enmudece. «¿Por qué van armados? ¿Dónde está la guerra?». Hace una pausa. «La verdadera guerra está ahí», dice señalado los escombros con su dedo índice.
Misma fecha, mismo lugar. Otro hombre, también con mascarilla y guantes de trabajo, increpa a otro militar «Mi nombre es Julián Bordones, integrante del Grupo de Rescate…», se identifica. Rodeado de escombros y vigilado al milímetro por funcionarios militares, se dirige perplejo a los militares: «Aquí yo he visto más fusiles que palas y aquí no hay delincuentes», se queja, impotente e incrédulo, casi estupefacto ante la actitud del mando militar. Como ésa hay varias imágenes más de civiles que afean a las fuerzas armadas su inacción primero y su abuso después: un grupo de mujeres motorizadas rompiendo un cordón de la Guardia Nacional y de otros cuerpos de seguridad para entrar a las zonas afectadas y llevar ayuda; ciudadanos que abuchean y afean a efectivos de la Guardia Nacional buscando dólares entre los escombros de las casas colapsadas e incluso una mucho peor de varios funcionarios uniformados peleándose como rapiña por el botín que puedan hallar en los escombros. La guinda le corresponde al ministro de Interior, Diosdado Cabello, excapitán del Ejército venezolano, quien protagonizó en público una discusión con un rescatista extranjero que reclamaba acceso a La Guaira para participar en las labores de salvamento. En vídeos difundidos en redes sociales se observa al ministro golpear el capó de un vehículo durante el intercambio.
Desde el ascenso al poder de Hugo Chávez, y todavía más durante los años de Nicolás Maduro, los militares han sido un estamento de peso en el ordenamiento político y en las prebendas económicas de la Revolución Bolivariana. Desde hace casi tres décadas, sus miembros ejercen con igual ahínco el mando y la represión contra los civiles, así como contra sus propios compañeros de armas que impugnaron y criticaron la deriva autoritaria del proyecto chavista. Un veneno se derrama desde los altos cargos hasta la tropa y estas imágenes así lo demuestran. Revisar los cajones de casas derruidas es lo más parecido a revisar los bolsillos de un moribundo. La corrupción le es afín a este estamento. No hay tragedia que les impida ejercerla. Si Hugo Carvajal se declaró culpable en Estados Unidos de cargos relacionados con narcotráfico y crimen organizado y muchos otros mandos integran el llamado Cartel de los Soles, vinculados a alianzas criminales, por qué deberían de actuar de otra forma aquellos que fueron adiestrados para controlar, reprimir y perseguir y no para servir.
