Ha sido una semana provechosa para los creadores de contenido deportivo mediante polmicas ms o menos artificiales. El lunes France Football entreg en Pars el Baln de Oro, ese prestigioso trofeo individual por el que suspiran todos los futbolistas del planeta, hasta el punto de que las principales estrellas introducen clusulas en los contratos con sus clubes para cobrar an ms dinero e
n caso de ganarlo.
Los pronsticos se cumplieron y Leo Messi se alz con su octavo Baln de Oro, proeza que a buen seguro nadie igualar. A partir de ese momento, en las tertulias de radio, televisin y redes sociales se desencadenaron acalorados debates sobre si era justo o no su triunfo. Lgico.
Si la mayora de las veces se crean discusiones ficticias donde no hay motivo, esta vez que s haba argumentos razonables para un debate razonable los amigos de la polmica no iban a desperdiciar semejante ocasin de zambullirse en el barro.
Erling Haaland presentaba mritos sobrados para haber ganado su primer baln de Oro. Eso es irrefutable. Con 52 goles en 53 partidos, su contribucin al histrico triplete del Manchester City fue determinante.
Logr casi todos los ttulos colectivos y revent todos los registros individuales (bota de oro al mximo goleador de Europa, de la Champions y de la Premier, mejor jugador de Europa, de la Champions y de la Premier, mejor debutante de la Champions y de la Premier…).
El impacto del noruego en su aterrizaje en el ftbol ingls fue algo nunca visto en las Islas.
Pero por desgracia para Haaland hubo Mundial. Y no lo jug.
Messi rein en ese Mundial. Que no fue uno cualquiera, sino el Mundial con ms presin de la historia sobre un solo jugador. Sali victorioso de un desmesurado desafo contra todo y contra todos, especialmente contra los fantasmas de un pas obsesionado hasta el delirio con ganar la Copa del Mundo. Y Leo la gan.
Elegido mejor jugador del torneo, de la final y segundo mximo goleador, Messi se coron en Qatar con Argentina saldando la nica cuenta pendiente que le quedaba. Lo hizo adems con una supremaca y un dominio del escenario y del juego a nivel individual en un deporte colectivo como no se vea desde Michael Jordan con los legendarios Chicago Bulls.
Por todo ello
es comprensible el debate entre los que defienden los mritos del triunfador en la indiscutible cita estrella del curso como los que anteponen la regularidad y constancia en el xito del noruego durante 9 10 meses.
Lo que no se entiende tanto es que haya quien diga que a Messi «le han regalado» el premio.
Tambin cabe otra reflexin.
El para algunos indiscutible Baln de Oro de Messi se decidi en una tanda de penaltis. Porque si en aquella inolvidable final el
Dibu
no le para a Coman su lanzamiento y Tchouameni no enva el suyo fuera, convendrn conmigo en que este Baln de Oro no hubiera ido a parar ni a Messi ni a Haaland, sino a Kylian Mbapp.
El que marc los tres goles en la final y fue el mximo goleador en el Mundial de Qatar (8 en 7). As que seamos ms prudentes en los debates.
