En Hollywood está pasando algo. Durante semanas, la conversación sobre la apariencia física de las celebridades estuvo centrada en Ariana Grande y en los comentarios que surgieron alrededor de su delgadez. Ahora, el foco se trasladó a Jenna Ortega, la actriz de 23 años que conquistó al público con su interpretación de Merlina en la serie de Netflix.
Pero más allá de las fotografías, las alfombras rojas o los comentarios en redes sociales, las historias de ambas actrices abren una discusión mucho más amplia: ¿está regresando a Hollywood el ideal de belleza asociado con los cuerpos extremadamente delgados?
Tras la publicación del perfil de Ortega en Esquire. Las imágenes del reportaje provocaron una oleada de comentarios en redes sociales, donde algunos usuarios expresaron preocupación por su apariencia y la compararon con Grande.
Sin embargo, la propia Ortega aportó un elemento mucho más profundo a la conversación. La actriz habló sobre las exigencias que experimentó durante sus primeros años en la industria y reconoció comportamientos que hoy identifica como parte de un perfeccionismo que llegó a ser perjudicial.
Durante sus jornadas como actriz infantil, explicó que intentaba no convertirse en una carga para los adultos que trabajaban en las producciones. En ese contexto, llegó a restringir incluso necesidades básicas.
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“No pedía ni un sorbo de agua”, relató Ortega a la revista. La actriz explicó que podía pasar todo el día sin comer ni beber porque quería evitar “estar en el camino de nadie”.
Su testimonio vuelve a poner sobre la mesa una realidad que ha acompañado durante décadas a Hollywood: la presión para que las mujeres mantengan determinados cuerpos no comienza necesariamente en la adultez. Para algunas intérpretes, las exigencias sobre su apariencia pueden aparecer desde sus primeros trabajos.
El caso recuerda inevitablemente a Ariana Grande, quien también tiene que responder públicamente a las especulaciones sobre su cuerpo.
En 2023, la cantante pidió a sus seguidores y al público que dejaran de comentar sobre los cuerpos de otras personas. Grande explicó entonces que el cuerpo que muchas personas consideraban su versión “más saludable” coincidía con una etapa en la que ella se sentía profundamente infeliz y atravesaba dificultades personales.
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Su mensaje apuntaba a una idea fundamental: la apariencia de una persona no permite determinar si está sana o cómo se encuentra emocionalmente.
La discusión vuelve a adquirir fuerza en un contexto en el que los medicamentos para perder peso y los tratamientos con fármacos de la familia de los GLP-1 también forman parte de la conversación pública sobre el cuerpo.
El problema aparece cuando estas herramientas médicas son presentadas como simples recursos estéticos o cuando la delgadez se convierte nuevamente en un símbolo de éxito, disciplina o belleza.
Scarlett Johansson ya había hablado sobre la nueva tendencia
La preocupación no es nueva. Scarlett Johansson lleva años hablando sobre la presión que enfrentan las mujeres en la industria cinematográfica.
La actriz reconoce que Hollywood puede ser especialmente duro con el físico femenino y llegó a describir una sensación que resume buena parte del problema: “Todos en Hollywood están tan delgados que constantemente sientes que no estás lo suficientemente delgada”.
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Scarlett también contó que la presión sobre la apariencia puede resultar difícil de ignorar, especialmente en Los Ángeles, donde la imagen tiene un peso enorme dentro de la industria.
Su testimonio resulta particularmente revelador porque proviene de una actriz que durante años fue considerada uno de los grandes referentes de belleza de Hollywood.
¿Un regreso al ‘heroin chic’?
La preocupación actual se relaciona con la percepción de que la estética de los cuerpos extremadamente delgados vuelve a ganar espacio en pasarelas, alfombras rojas, producciones audiovisuales y redes sociales.
Durante los años noventa, el llamado ‘heroin chic’ convirtió las siluetas extremadamente delgadas en una tendencia estética. Décadas después, algunos observadores consideran que determinadas imágenes actuales recuerdan aquella época.
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El contexto, además, es distinto al de hace 30 años. Las redes sociales permiten que cada aparición pública sea analizada, fotografiada y comentada millones de veces, mientras que las herramientas digitales y los tratamientos para modificar el peso añaden nuevas dimensiones a la conversación.
Por eso, las historias de Jenna Ortega y Ariana Grande terminan conectándose en una misma preguntas; ¿el cuerpo femenino continúa siendo uno de los aspectos más vigilados y juzgados de Hollywood?
La diferencia está en que ahora las propias protagonistas están hablando de esa presión. Y sus testimonios obligan a mirar más allá de una fotografía para preguntarse qué hay detrás de los estándares de belleza que la industria vuelve a poner frente a las cámaras.
Redacción: El Colombiano.
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