El presidente Joe Biden ordenó este martes a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que participaran «en la defensa de Israel ante los ataques iraníes y derriben los misiles que han sido lanzados contra Israel», según dijo la Casa Blanca. El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, señaló que varios destructores de EE.UU. desplegados en la zona «interceptaron misiles de forma exitosa».
EE.UU. tiene tres destructores antimisiles en el Mediterráneo oriental, los USS Arleigh Burke, USS Cole y USS Bulkeley. Estos ya participaron en la interceptación de misiles que lanzó Irán contra Israel en abril.
Sullivan declaró que el ataque de Irán fue «un fracaso» aunque eso no le quita gravedad. Dijo que la Casa Blanca seguirá coordinándose con Israel en días venideros, porque considera que el riesgo de ataque de Irán no ha amainado.
Biden y la vicepresidenta y candidata Kamala Harris fueron informados a primera hora de que Irán se disponía a lanzar cientos de misiles balísticos sobre Israel en respuesta por la muerte de Hasán Nasralá, el líder de Hizbolá, y otros altos mandos de ese grupo terrorista. Inmediatamente, la Casa Blanca advirtió a su contraparte israelí de esa información, y ordenó a sus diplomáticos en Jerusalén y Tel Aviv que se pusieran a cubierto en sus búnkeres.
Relaciones con Arabia Saudí
El jefe de la diplomacia, Antony Blinken, dijo momentos antes de que comenzara el ataque, que «EE.UU. está implicado como siempre en la defensa de Israel». Lo dijo además junto al ministro de Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita. Es relevante que se hiciera esa advertencia a Irán tras esa bilateral: Marruecos es, junto con Baréin y Emiratos Árabes Unidos, uno de los países que bajo la Administración Trump firmó un acuerdo diplomático con Israel.
El objetivo de Washington, bajo Trump y ahora bajo Biden, ha sido que Israel normalizara relaciones con Arabia Saudí, que es, junto con el resto de aliados árabes de Washington, adversario regional también de Irán. Esa normalización no se ha dado por la guerra en Gaza, pero el martes EE.UU. participó activamente en la interceptación de misiles iraníes desde varias posiciones, algunas en países árabes, según dijo el Pentágono también el martes.
Las cifras de EE.UU. al cierre de esta edición eran que Irán había lanzado menos de 200 misiles, menos que los 300 de otro ataque previo en Irán, y que estos habían sido interceptados en su gran mayoría con éxito. Dijo un portavoz de la Defensa en una conversación con periodistas que «EE.UU. participó en la detección y eliminación de varios misiles». En el pasado, como en el ataque de abril, lo ha hecho incluso desde posiciones en Jordania, donde tiene baterías de misiles y destacamentos de aviación.
Biden ordenó el fin de semana un refuerzo en Oriente Próximo, con refuerzo naval en el Mediterráneo oriental y la movilización del portaaviones Abraham Lincoln en el golfo Pérsico. Esta decisión obedece también al riesgo de posibles ataques contra intereses de EE.UU. en la zona, sean militares o diplomáticos.
Orden desde Nueva York
El ataque de Israel a Nasralá fue autorizado por el primer ministro Benjamín Netanyahu mientras estaba en EE.UU., donde asistió a la Asamblea General de Naciones Unidas. Según muestran vídeos revelados por las Fuerzas de Defensa de Israel, los aviones que atacaron el búnker de Hasán Nasralá portaban una bomba de penetración estadounidense diseñada para destruir estructuras subterráneas. Se trata de un explosivo tipo BLU-109, empleada en operaciones militares clave, como la Guerra del Golfo en 1991, la Guerra de Afganistán a partir de 2001 y la Guerra de Irak en 2003. También ha sido utilizada en campañas aéreas más recientes, como los ataques de la coalición liderada por EE.UU. contra Daesh en Irak y Siria. Su capacidad de penetración y precisión la convierte en un arma clave para destruir objetivos profundamente enterrados o fortificados.
La Casa Blanca señaló el domingo que no fue alertada previamente del ataque contra Nasralá, lo cual llama la atención dada la estrecha relación entre Washington y Jerusalén. Si eso ha generado tensión, EE.UU. no lo ha mostrado, ya que el presidente Joe Biden felicitó a Israel el sábado por haber acabado «con el reinado de terror de Nasralá».
Desde el ataque en Beirut, y otros contra líderes de Hizbolá, todos ellos en las listas de terroristas más buscados por EE.UU., Washington considera más probable un conflicto regional en toda regla entre Israel e Irán. De hecho, el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, llamó el sábado al ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant, para expresar su apoyo a la defensa de su país y destacar la necesidad de disuadir a Irán y sus aliados de aprovechar la situación en Líbano para expandir el conflicto.
Israel también ha matado a Ibrahim Aquil, terrorista libanés considerado el responsable último de la muerte de 300 estadounidenses, incluidos Marines, en ataques en Beirut en 1983.
