La derrota republicana ha abierto una batalla anticipada por la sucesión de Donald Trump. JD Vance ha empezado a marcar distancias con la guerra de Irán, mientras crecen las presiones internas para reclutar a Marco Rubio y que este, que guarda silencio, le dispute … la candidatura de 2028. Las informaciones filtradas sobre una posible dimisión del secretario de Estado han alimentado las sospechas de maniobras internas. Fuentes consultadas por ABC creen que su entorno está tanteando el terreno, aunque el Departamento de Estado lo niega tajantemente.
La hecatombe electoral del martes ha sacudido la Casa Blanca mucho más de lo que Donald Trump está dispuesto a reconocer. Los demócratas no solo han recuperado las dos cámaras del Capitolio, sino que han ganado en estados tan conservadores como Kansas e Iowa y han llegado a hacer que Misisipi esté en disputa, algo inaudito. El resultado ha dejado al presidente ante dos años de difícil convivencia con la oposición y ha precipitado algo que hasta ahora se discutía en voz muy baja: quién heredará el trumpismo cuando abandone la presidencia en 2029, con 82 años.
El primero en mover ficha abiertamente fue su vicepresidente, JD Vance. Apenas unas horas después de conocerse los resultados, publicó en redes sociales un extenso análisis de la derrota que causó sorpresa en el entorno presidencial. No culpó a los candidatos ni a los errores de campaña. Señaló la guerra de Irán, que Trump inició en febrero con la promesa de resolverla rápidamente y que ocho meses después sigue sin poder cerrar. «La razón por la que perdimos es la guerra», escribió. También mencionó el encarecimiento de la vida, las promesas incumplidas de anteponer los intereses de los estadounidenses y la necesidad de reconsiderar la relación con Israel.
One of the things the data analysts on our side obsessed over was «composition»—whether the electorate looked close enough to 2024 for Republicans to win. And despite polls that showed a Democrat blowout, the data kept on telling us the same story: in some states turnout was merely OK, in other states it was downright amazing, and in no state was it catastrophic. There was a genuine sense of optimism on our team: our people were showing up. So, I asked the smartest data guy I know, does that mean we’re going to shock the world? «No,» he told me. «We might do better than the polls suggest. But the data is telling us that a lot of Trump/Vance 2024 voters are pissed and planning to vote for the other guys. Our voters are turning out, but they may not vote for us.» Well, that looks prophetic now. Our voters did show up. In Florida, for example, the electorate was 9 points more Republican than Democrat, just a couple points worse than 2024. Undoubtedly there were places we could have done better on turnout. But the main problem is not turnout. The main problem is that many people who voted for Trump/Vance in 2024 voted for Democrats in 2026. There will be a lot of infighting and arguing over what happened and why that is. One of the pollsters I really respect told me that our economic messaging wasn’t sharp enough down the stretch. I’m sure that’s true. But the real reason we lost is obvious to almost everyone. Another pollster—one of the smartest people I know in politics, told me yesterday we’d lose the generic ballot by 13 points. I felt negative going into Tuesday, but even I was shocked by this. In his polling, he saw that a lot of Trump 2024 voters were angry and planning to vote for Democrats. He asked those voters who had abandoned us what would cause them to come back on our team. The top four answers, accounting for nearly all of the responses were: 1) End the war 2) Focus on cost of living/inflation 3) Put America First 4) Change our relationship to Israel Our voters showed up. And the above four reasons are why many of them voted for Democrats. This is according to a pollster who nailed the results. While many spent Monday attacking Rachel Campos Duffy for calling for a diplomatic resolution to the conflict, it turns out her political advice was sound. (She’s also a great person.) In the next few months, there’s going to be a lot of gaslighting. Expect to hear any number of establishment politicians say the solution to our woes is amnesty. I’m open to the idea that we should change enforcement—by focusing more on businesses that hire illegal labor, for instance. But anyone pushing amnesty is lying to you. The reason we lost is the war. The president himself said so last night. If you’d like to argue it was worth it, that losing the Senate for the next 6 years was worth it, then do so. Argue it was a worthwhile cost to pay. Agree or disagree, that’s at least honest. But everyone knows why we lost. And any honest conversation about where we go from here must start there. I remain hopeful about our country. To the people who are pissed off and want to say, “I told you so”: you’re right, you did tell us so. Take that energy into electing Republicans who share your worldview. To the people who are just pissed at the results, you should be. Let’s take that anger and get back to the work of saving our country.
— JD Vance (@JDVance) November 4, 2026
Los problemas que Vance veía eran casi todos de política exterior, la cartera de Rubio. Trump, al día siguiente asintió en lo de Irán, pero acto seguido se negó a apoyar a Vance en la sucesión y de hecho dijo que no sabe ni siquiera si se presentará a primarias.
Hubo otro detalle revelador. Donald Trump Jr., el hijo mayor del presidente y una de las figuras con mayor ascendencia sobre las bases del movimiento trumpista, compartió públicamente el mensaje de Vance y manifestó su respaldo absoluto. «Cada palabra», escribió, acompañado de tres símbolos que expresaban un apoyo del cien por cien. Era una forma de avalar una interpretación que trasladaba la responsabilidad de la derrota a una guerra decidida por su propio padre.
Every word of this is 💯💯💯
— Donald Trump Jr. (@DonaldJTrumpJr) November 4, 2026
Hasta entonces, Vance había sido considerado el heredero natural del trumpismo. Trump había favorecido esa percepción en conversaciones privadas, aunque públicamente había evitado cerrar la puerta a otros aspirantes. La derrota ha alterado ese equilibrio, al vicepresidente se le considera herido sobre todo por lo que ha pasado en Ohio.
Es el estado que proyectó a Vance al Senado y desde el que dio el salto a la vicepresidencia. Allí, su amigo Vivek Ramaswamy perdió las elecciones a gobernador frente a la demócrata Amy Acton. La derrota fue acompañada de otro revés republicano en la carrera al Senado, donde Sherrod Brown recuperó el escaño frente a Jon Husted. Para algunos asesores externos del presidente consultados por ABC, el resultado de Ohio es una demostración de los límites electorales del vicepresidente.
A ello se añade su papel en la polémica que generó a Ramaswamy en las últimas semanas de campaña. El candidato perdedor difundió un anuncio en el que aparecía la madre de Acton, distanciada de su hija desde hacía décadas después de una historia familiar marcada por abusos sexuales, acusándola de ser una mentirosa. El anuncio fue condenado incluso por destacados republicanos de Ohio, incluido el gobernador Mike DeWine. Trump y Vance, sin embargo, salieron en defensa de Ramaswamy. Lo que sus partidarios consideraban una ofensiva electoral terminó convertido en una polémica que perjudicó al candidato y que ahora algunos republicanos recuerdan como ejemplo de una estrategia equivocada.
🇺🇸🇮🇳 Vivek Ramaswamy is facing intense backlash after releasing an ad featuring his political opponent Amy Acton’s own mother disavowing her. Acton’s mother lost custody of her children after years of documented neglect, including time spent living in a tent and a spouse who sexually abused Amy. Acton’s brother has also confirmed this story. Ramaswamy’s betting odds for winning the gubernatorial race have plunged sharply since the release of the video. https://t.co/RP2UyJOhWZ
— Europa.com (@europa) October 20, 2026
Es en este contexto donde no pocos republicanos en Washington están en la operación Marco Rubio. El secretario de Estado, que acumula también las responsabilidades de asesor de Seguridad Nacional, se ha convertido a esos ojos en el principal rival potencial de Vance para encabezar la candidatura republicana en 2028. Su nombre lleva meses circulando entre dirigentes del partido, donantes y antiguos colaboradores de Trump, pero la magnitud de la derrota electoral ha acelerado unas conversaciones que hasta ahora se desarrollaban con discreción. Rubio no ha expresado aspiraciones a la presidencia y su equipo desmiente tajantemente movimiento alguno en ese sentido.
Este jueves, el diario The Independent publicó que Rubio estudia abandonar la Administración para preparar su candidatura presidencial. Horas después, Bloomberg, que mantiene una amplia red de fuentes en el Departamento de Estado y entre los responsables de política exterior, publicó una información propia según la cual el secretario de Estado y sus asesores están evaluando sus opciones, sin que exista una decisión ni un calendario para su salida. La agencia aseguró que Rubio había hablado con funcionarios de la Casa Blanca sobre la posibilidad de dimitir y que desde el entorno presidencial se le había pedido que continuara en sus funciones.
Bloomberg suele ser una fuente fiable en lo que respecta a Rubio. Pero el Departamento de Estado reaccionó con un desmentido extraordinariamente contundente. Dylan Johnson, responsable de Asuntos Públicos de la diplomacia, calificó las informaciones de falsas y sostuvo que estaban basadas en fuentes anónimas inventadas. Negó expresamente que Rubio hubiera mantenido conversaciones sobre una posible renuncia y aseguró que seguiría sirviendo a Trump.
This is completely baseless fake news from made-up anonymous «sources.» It is unsurprising that this completely fabricated hoax is being peddled by @AndrewFeinberg — who recently worked for a Russian state-owned media outlet. We look forward to revisiting this «report» in the coming weeks to celebrate yet another humiliating own goal by The Independent.
— Dylan Johnson (@ASDylanJohnson) November 5, 2026
Sin embargo, en la Casa Blanca la interpretación de estas publicaciones no es unánime. Fuentes con las que ha hablado ABC consideran que las informaciones pueden responder a globos sonda lanzados desde el entorno del propio Rubio para tantear el terreno, medir la reacción del presidente y comprobar qué apoyos suscitaría una eventual salida del Gobierno. Es una interpretación que estas fuentes hacen de la secuencia de acontecimientos, no una maniobra cuya autoría esté acreditada. El Departamento de Estado niega tajantemente que exista semejante operación.
En los círculos políticos de Washington existe además una práctica conocida: permitir que circulen determinadas posibilidades sin asumir públicamente su autoría, evaluar las consecuencias y desmentirlas si provocan una reacción desfavorable. Eso no demuestra que sea lo sucedido en este caso, aunque es precisamente la hipótesis que manejan algunos interlocutores de ABC próximos a la Casa Blanca.
Este diario ha hablado también con dos personas conocedoras de conversaciones que se han producido en el entorno de Rubio durante los últimos meses. Ambas coinciden en que ya antes de las elecciones se había mencionado en el entorno de Rubio la posibilidad de abandonar el Gobierno en algún momento de 2027. Ninguna de ellas pudo precisar los motivos de esa eventual decisión ni confirmó que existiera un plan organizado para preparar una candidatura presidencial. Pero sus testimonios indican que las especulaciones sobre una salida anterior al final del mandato no surgieron después de la derrota del martes.
Hay además una cuestión personal que diferencia a Rubio de otros posibles aspirantes. El secretario de Estado no procede de una familia adinerada ni ha acumulado una gran fortuna durante su carrera política. Hijo de inmigrantes cubanos y criado en un hogar de clase trabajadora en Florida, desarrolló prácticamente toda su vida profesional en la política. Después de catorce años en el Senado y su paso por el Gobierno, una eventual salida al sector privado podría permitirle afrontar una nueva campaña presidencial. Es una posibilidad que se menciona entre personas familiarizadas con su trayectoria, aunque Rubio nunca ha anunciado públicamente una candidatura para 2028.
De hecho, en una reciente conversación con periodistas, el secretario de Estado llegó a decir que los cambios que está supervisando en Venezuela avanzaban junto con su mandato: «En el mejor de los casos, me quedan dos años y dos meses en este cargo. Por lo tanto, tengo la clara intención de ver este asunto resuelto con suficiente antelación antes de que deje este cargo, o estos cargos».
Tampoco sería su primera experiencia presidencial. En 2016 disputó las primarias republicanas a Trump, con quien protagonizó algunos de los enfrentamientos más ásperos de aquella campaña. Diez años después, aquella rivalidad parece completamente superada. Trump lo nombró secretario de Estado y posteriormente le confió también la coordinación de la seguridad nacional, una acumulación de responsabilidades que lo ha convertido en uno de los hombres más poderosos de su Gobierno.
Una parte del republicanismo tradicional, representada por veteranos dirigentes como Newt Gingrich, contempla con creciente interés la posibilidad de que Rubio se convierta en una alternativa a Vance. En esos sectores existen reservas sobre la orientación que está adoptando el vicepresidente, particularmente su proximidad al ala más aislacionista del movimiento trumpista y sus posiciones respecto a Israel. La polémica de Ohio y la rapidez con la que Vance ha señalado a la guerra de Irán después de la derrota han alimentado esas suspicacias. Algunos republicanos consideran que está intentando desvincularse de las decisiones más impopulares de Trump antes incluso de que termine su mandato.
