El anhelo de Leonardo José Velásquez Peraza de regresar a su natal Venezuela quedó convertido en una espera eterna, mientras su familia enfrenta un duelo repentino a causa de un certero y despiadado ataque armado.
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Su vida parecía girar en torno a dos cosas: su familia y las motos. Esta última pasión terminó llevándolo a la muerte, pues el ataque ocurrió en un escenario relacionado con esos vehículos que tanto disfrutaba.
Según se conoció, uno de sus mayores deseos era adquirir una Suzuki DR, pero tampoco alcanzó a cumplirlo.
“Siempre haciéndolo real, primo. Extrañaré hablar contigo de motos y prometo comprar esa DR que tanto nos gusta”, comentó una prima del fallecido desde su tierra natal, Barquisimeto, estado Lara, Venezuela.
Hacía varios años que Leonardo se había radicado en Cúcuta junto con su familia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, era evidente su anhelo de regresar algún día a su país.
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“Lo siento, familia, este año no volveré a casa. Duele decirlo”, publicó hace algunos años en Facebook.
En Cúcuta pudo invertir en su pasión. Recientemente había adquirido una Kawasaki KLR650 negra, con la que solía recorrer la avenida que comunica los barrios Belén y La Divina Pastora, pasando por sectores como Jerónimo Uribe y María Gracia.
Su gusto por las motos no era exclusivo de él, pues también había contagiado a su familia. Su hermano solía acompañarlo en estos recorridos y se atrevía a realizar maniobras más arriesgadas.
“Te voy a extrañar mucho, hermano. Siempre juntos en la pista”, publicó el joven, acompañado de un video en el que ambos aparecen recorriendo la mencionada vía, donde Leo, como era conocido por sus allegados, terminó encontrando la muerte.
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En el lavadero
Fue en un lavadero de motos y parqueadero nocturno, ubicado entre los sectores anteriormente mencionados, donde las fronteras se hacen difusas, que Leo llegó para lavar su vehículo. Allí permaneció hasta que aparecieron otros motociclistas que no eran clientes del establecimiento.
De acuerdo con información extraoficial, pasadas las 7:00 de la noche del pasado lunes festivo, 2 de noviembre, dos hombres que se movilizaban en una motocicleta NKD negra llegaron a este establecimiento, ubicado frente a la manzana 2.
Los desconocidos identificaron a Leonardo, de 35 años, y, sin dudarlo, desenfundaron un arma de fuego y dispararon en repetidas oportunidades. Varios proyectiles impactaron al venezolano, quien se desplomó en el suelo, mientras los responsables huían hacia el Anillo Vial Occidental y el caos se apoderaba del lugar. El pistolero vestía un short, saco negro, sandalias y portaba un bolso terciado sobre el pecho.
Trabajadores del establecimiento, otros clientes, residentes del sector y transeúntes corrieron para ponerse a salvo, mientras la sangre comenzaba a derramarse. Tras los primeros segundos de tensión, algunas personas se acercaron a revisarlo y notaron que aún tenía signos vitales.
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En un vehículo particular fue trasladado al Policlínico de Atalaya, donde recibió atención de urgencia y fue ingresado para someterlo a varios procedimientos médicos con los que intentaron salvarle la vida. Su estado era crítico. Fueron varias horas de angustia, pero el desenlace terminó siendo devastador.
“Así no era, Leo”, fue uno de los mensajes que comenzaron a aparecer pocos minutos después de que, antes de la medianoche, el corazón de Velásquez se apagara para siempre, dejando un inmenso vacío entre sus tres hijos y demás seres queridos.
Las autoridades llegaron al lugar poco después del ataque para iniciar las investigaciones, recopilar material probatorio e identificar a los responsables del homicidio.
En la zona hay varios establecimientos comerciales que cuentan con cámaras de seguridad, por lo que las autoridades podrían tener acceso a registros que permitan identificar a los atacantes y reconstruir la ruta que siguieron antes y después del crimen.
Entretanto, en medio del caos que se desató tras el ataque, ocurrió otro hecho lamentable: una mujer fue despojada de su teléfono celular por un ladrón que aprovechó la confusión para cometer el hurto y escapar.
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