– Daniel Torok/White House / Zuma Press / Europa Pre
El impulso del progresismo y la erosión del movimiento MAGA desata una catarsis en un reactivado electorado demócrata
La subida del combustible apaga a la base republicana mientras Trump achaca la derrota a la ausencia de su nombre en las papeletas
MADRID, 4 Nov. (EUROPA PRESS) –
El Partido Demócrata de Estados Unidos ha vivido una de las más grandes noches de su historia reciente y está en firme camino de hacer válidos los escenarios más optimistas y ganar el control de las dos cámaras del Congreso en las elecciones legislativas de este martes; un voto de condena a las políticas (la económica en particular) del presidente Donald Trump, que encara sus dos últimos años de mandato debilitado como nunca a los ojos del Partido Republicano.
Todas las proyecciones de los principales medios estadounidenses, incluidas las de la conservadora Fox News, conceden a los demócratas los 51 escaños que les dan la mayoría en la cámara alta y, con holgura, más de los 218 escaños que necesitaban para ganar la Cámara de Representantes, la cámara baja del Congreso; un escenario impensable a principios de año.
Un malherido Trump ha intentado enmarcar la derrota en la ausencia de su nombre en las papeletas, por mucho que se haya pasado las últimas semanas recorriendo el país entero, mitin tras mitin, intentando asociar su identidad a sus candidatos.
El presidente estadounidense lleva días asegurando que la derrota no afectará en lo más mínimo a su forma de gobernar y recurrirá sin pudor al veto ejecutivo para obstaculizar la ola de investigaciones que propulsará el nuevo Congreso, pero la realidad es que la noche demócrata ha sido una sucesión de victorias en estados donde el mandatario había ganado con comodidad las presidenciales de 2024.
Triunfos, además, enormemente significativos: los demócratas han ganado esta noche en su bastión de Texas por vez primera en casi 40 años merced a un voto latino que ha colocado a su primera gobernadora en el estado (también sin precedentes, a un gobernador en California en la figura de Xavier Becerra). Además, han amenazado su dominio en Florida, castigado en Carolina del Sur el legado de su aliado Lindsay Graham al rechazar la candidatura de su hermana Darline. Han perdido las dos Carolinas, Kansas, Iowa y Ohio.
La ‘ola azul’ ha terminado de precipitarse sobre las 05.00 de esta madrugada: un cariacontecido presidente republicano de la Cámara de Representantes, el a partir de ahora saliente Mike Johnson, celebraba el legado de «uno de los Congresos más productivos de la historia de la institución».
Johnson ha esgrimido que la derrota republicana ha sido, en parte, fruto de la tradición. «En los últimos 90 años, solo en dos ocasiones un presidente en ejercicio ha logrado ganar o retener escaños para su partido durante ese primer ciclo de dos años, y existen muchas razones para ello. Es algo sumamente difícil de conseguir, y todo apunta a que, esta noche, la historia se mantendrá tal como ha sido hasta ahora», manifestó. Mientras tanto, la líder en la sombra del Partido Demócrata, Nancy Pelosi, anunciaba a Hakeem Jeffries como nuevo líder de la cámara.
En realidad, la victoria demócrata se debe a la reactivación del electorado y el impulso de un progresismo que ha estimulado, por ejemplo, al voto joven clave en estados tan importantes como Ohio. Desde su primera candidatura al Senado en 2006, el flamante senador demócrata Sherrod Brown nunca había obtenido más del 64% del voto juvenil. Este año, el apoyo a Brown entre los votantes menores de 30 años se disparó al 70%, según la encuesta a pie de urna de NBC News.
Los demócratas comienzan desde ya su «iniciativa de cien días» para acorralar a Trump a base de investigaciones y, a pesar del veto de Trump, no desistirán en su impulso a proyectos de ley por difícil que parezca.
Ahora mismo hay cinco grupos de trabajo que abordan cuestiones como el coste de la vida, la atención médica, vivienda y alimentos, encabezados por una combinación de progresistas y centristas, y propuestas listas para revertir los recortes sanitarios impuestos por la «gran y hermosa ley» económica de Trump, que contempla exenciones fiscales y recortes de programas, incluidos nuevos requisitos laborales para los beneficiarios.
«Necesitamos bajar el precio de los alimentos y la gasolina», enumeró Jeffries a mediados de mes, durante la presentación de su «agenda de 100 días» para complicar las cosas a Trump. «Segundo, necesitamos que la atención médica sea asequible para todos los estadounidenses. Tercero, vamos a exigir responsabilidades a los delincuentes que han perpetrado actos de corrupción sin precedentes contra el pueblo estadounidense. Desde el primer día».
