Los israelíes acuden a las urnas en unas elecciones que han vuelto a convertirse en un plebiscito en torno a Benjamin Netanyahu. Las encuestas arrojan un empate entre los bloques a favor y en contra de un primer ministro que divide al … país y los partidos árabes se presentan como el elemento clave para desequilibrar la balanza y superar la barrera de los 61 escaños en el Parlamento. Pero, entre las fuerzas de la oposición, hay diferentes criterios sobre si aceptar o no su apoyo.
El primer ministro centró las últimas horas de campaña en la amenaza de Irán, difundió una imagen de una bomba atómica sobre Tel Aviv y quiso recuperar su papel de «Mister Seguridad». Pero el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 es una losa sobre la espalda del líder del Likud y el resto de fuerzas que conforman la coalición que estaba en el poder aquel sábado negro. Su gran rival es el general Gadi Eisenkot, líder de Yashar y ex jefe del Ejército, que no ha resuelto el dilema del voto árabe y ha evitado comprometerse a rechazar su apoyo desde fuera de la coalición.
El redactor jefe de ‘Haaretz’, Aluf Benn, recogió en su último artículo que en estas elecciones el papel de los partidos árabes devuelve a Israel al escenario de 1992, cuando Isaac Rabin logró derrotar al Likud gracias a su disposición a apoyarse en los diputados árabes. Benn encuentra numerosos paralelismos entre Rabin y Eisenkot, dos antiguos jefes del Ejército que, en su opinión, comparten la misión de «salvar a Israel de un gobierno de derechas, alejarlo del abismo y devolverle la esperanza». Sin embargo, el responsable del diario recuerda que «Eisenkot está lejos de ser un izquierdista o de mostrar empatía por los palestinos, contra quienes ha combatido toda su vida».
El voto árabe también fue decisivo para desalojar temporalmente a Netanyahu del poder en 2021. Entonces, Mansour Abbas, líder del partido islamista Ra’am, rompió un tabú de la política israelí al incorporarse a la coalición de ocho partidos encabezada por Naftali Bennett y Yair Lapid. Sus cuatro diputados fueron claves para reunir 61 escaños y poner fin a doce años consecutivos de Netanyahu. El diario ‘The Washington Post’ reveló que el propio primer ministro intentó primero aliarse con Abbas, pero este le dio la espalda y apostó por el cambio, con lo que Netanyahu le llama desde entonces «amenaza para Israel». El resultado fue un gobierno débil que apenas superó el año de vida y en las siguientes elecciones se produjo el regreso de un fortalecido Netanyahu de la mano de ultranacionalistas sionistas y ultraortodoxos.
«Justicia para los dos pueblos»
«Los ciudadanos palestinos dentro de Israel son más o menos el 20 por ciento. Tienen mucha fuerza y creo que los resultados de las elecciones dependen mucho de cuántos árabes vayan a votar. Si llegamos al 70 por ciento de participación en la comunidad, vamos a cambiarlo todo», opina Ofer Cassif, diputado judío del Partido Comunista integrado en la coalición Hadash. Este enviado especial se encuentra con Cassif en un mitin organizado por sorpresa en la parte oriental de Jerusalén por motivos de seguridad. El diputado, una de las voces más críticas con Netanyahu, asegura que «normalmente no puedo salir solo a ningún lugar, salvo a lugares árabes. Pero soy diputado y es el precio que tengo que pagar. Queremos paz y justicia para los dos pueblos de esta tierra, los judíos y los palestinos. Todos tienen derecho a vivir con seguridad, con paz, con derechos y para ello hay que acabar con el actual gobierno».
«Los ciudadanos palestinos dentro de Israel son más o menos el 20%. Los resultados de las elecciones dependen mucho de cuántos árabes vayan a votar»
Ofer Cassif
Diputado judío del Partido Comunista en la coalición Hadash
Hadash forma parte de la Lista Conjunta junto a Ta’al y Balad. El partido islamista Ra’am, de Abbas, participa en solitario pero, entre todos ellos, los sondeos aseguran que pueden llegar a los 13 escaños y podrían resultar decisivos para romper el empate entre bloques. En un gesto sin precedentes, Ra’am incluyó en sus filas como número dos al exdiputado judío Yoav Segalovitz para reforzar su imagen de posible socio de coalición.
El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, afirmó durante la campaña que formar un gobierno con Abbas sería «peor que la masacre del 7 de octubre». Netanyahu también ha convertido el apoyo de los árabes en arma electoral y en los mítines emplea la frase «o yo y Trump, o Eisenkot y Abbas».
«Formar un gobierno con Abbas sería peor que la masacre del 7 de octubre»
Bezalel Smotrich
Ministro de Finanzas de Israel
La Comisión Electoral descalificó a comienzos de septiembre a los partidos árabes y a Cassif, pero la medida no fue aceptada por el Tribunal Supremo. Al final de la reunión con los votantes en Jerusalén, el diputado de Hadash, agotado por la larga campaña, no para de recibir abrazos de los asistentes. «Tengo una misión, una obligación moral, ideológica y política. Y por eso voy a continuar», asegura Cassif antes de unas elecciones que considera «decisivas».
