Eran las once de la mañana cuando Archille y Suzanne llegaron a la plaza de la Bastilla. Querían comprobar que, efectivamente, la protesta no podría comenzar allí y que tendrían que caminar varios kilómetros para sumarse a la manifestación. Les movía una convicción: «No nos … sentimos representados. A los jóvenes no se nos escucha y estamos en un momento muy peligroso». Había que tener ganas de manifestarse, porque la previsión del tiempo era horrible: agua, viento y un frío que bien podría ser del mes de enero.
El Acto II de las movilizaciones en París comenzó con una incógnita: dónde arrancaría finalmente la marcha. Las dudas se despejaron al mediodía, cuando el dispositivo policial desplegado en la plaza de la Bastilla impidió el paso de los manifestantes y los agentes les indicaron que debían dirigirse hacia la plaza de Italia.
Unos 110.000 manifestantes, según la Policía, y 250.000, según los sindicatos, salieron a las calles de la capital francesa en una jornada marcada por un enorme despliegue policial y una protesta que, pese a la intensa lluvia, se prolongó hasta la noche.
Archille y Suzanne iban a ser nuestros guías durante los más de cinco kilómetros que separaban la plaza de Italia, donde finalmente comenzó la marcha, de la Puerta de Vincennes. Durante buena parte del recorrido, el ambiente fue festivo y reivindicativo. En medio de un momento de revuelo, ambos se perdieron entre la multitud, aunque seguimos en contacto por teléfono.
«¿Cómo vais?», les preguntamos. «Todo bien. Supertranquilo. Esperemos que siga así», responden con una foto. Están de fiesta.
Fueron más de dos horas de caminata entre jóvenes y mayores, batucadas, megáfonos y versiones de La Marsellesa cantadas a pleno pulmón. El encarecimiento de la vida, el deterioro de los servicios públicos y la pérdida de derechos centraron las reivindicaciones de quienes habían salido a la calle.
Entre la multitud también se distinguían pequeños equipos de asistencia médica formados por voluntarios. Con sus chalecos blancos, estudiantes de enfermería y medicina recorrían la manifestación preparados para atender a quienes necesitaran ayuda, especialmente ante la posibilidad de que se produjeran enfrentamientos con la Policía.
«Estamos aquí para ayudar a cualquiera que necesite nuestros servicios. Somos voluntarios, estudiantes de enfermería, de medicina, que venimos por si la Policía agrede a algún manifestante», explicaba a ABC una de ellas.
La gente gritaba sus consignas. Cada cual las suyas, pero todos compartían una cosa: no querían la violencia del sábado pasado.
«Estoy aquí porque hay que manifestarse contra el coste de la vida, que cada vez es más alto», contó Lauranne a ABC.
Laurence, vecina de République, también había acudido a la plaza de Italia para sumarse a la protesta.
Laura, que lleva 27 años viviendo en Francia y trabaja como informática, lamentó el deterioro de las condiciones de vida en el país. «Lo que están haciendo al prohibir las manifestaciones es una falta de derechos increíble», denunció. «La degradación de la vida aquí en Francia ha sido increíble. Estamos peor que nunca. Rezo por no ponerme mala porque los servicios sanitarios son cada vez peores».
«La degradación de la vida aquí en Francia ha sido increíble. Estamos peor que nunca. Rezo por no ponerme mala porque los servicios sanitarios son cada vez peores»
Pero el ambiente cambió al final de la tarde. La presencia policial se intensificó y un amplio dispositivo de seguridad dificultó los movimientos de los manifestantes, que en algunos momentos quedaron encajonados, sin saber por dónde avanzar ni cómo abandonar la zona.
Estallan los enfrentamientos
El grito de «ACAB», acrónimo de la expresión inglesa ‘All Cops Are Bastards’ (Todos los policías son unos bastardos), se escuchó durante toda la jornada. Las consignas se mezclaron con los movimientos de los agentes hasta que la manifestación derivó en un correcalles, con grupos de personas que intentaban apartarse de las cargas y protegerse como podían.
Los enfrentamientos estallaron alrededor de las cinco y media de la tarde, poco después de la llegada de la marcha a la Puerta de Vincennes. La Prefectura de Policía aseguró que más de 500 individuos violentos atacaban a las fuerzas del orden en Cours de Vincennes. «Las fuerzas del orden maniobran para detener a los alborotadores y promover la dispersión», añadió el organismo.
Había alborotadores, eran distinguibles: vestimenta oscura y tapados hasta las cejas. Durante el recorrido no se venían muchos así, pero al final, cuando se podía calentar el ambiente, aparecieron por todos lados.
Durante la marcha no se veían alborotadores enmascarados y vestidos de negro, pero aparecieron de todos lados al final del recorrido y estallaron los enfrentamientos
Mientras tanto, Archille y Suzanne dejaron de dar señales. Los mensajes de WhatsApp ni siquiera les llegaban. Quizá se habían quedado sin batería. Quizá los teléfonos habían acabado en el suelo después de alguna carrera entre la multitud. Hubo varias durante toda la jornada.
Según la versión policial, los manifestantes lanzaron proyectiles contra los agentes, que respondieron con un cañón de agua y gases lacrimógenos. La intervención incluyó también el lanzamiento de granadas aturdidoras y de dispersión. El efecto de los gases se hizo notar enseguida: la irritación comenzaba en la garganta y llegaba hasta los ojos.
La multitud avanzaba con dificultad entre la presión policial y las carreras se sucedían en distintos puntos. La escena contrastaba con el ambiente festivo de las primeras horas. Según el Ministerio del Interior, la jornada se saldó con 1.000 detenidos.
Decenas de camiones policiales llegaron a Cours de Vincennes y reforzaron el dispositivo, que permaneció activo hasta pasadas las siete de la tarde, cuando la actuación de las fuerzas de seguridad terminó por disuadir la concentración.
Después de varias horas sin saber nada de Archille y Suzanne, finalmente supimos que estaban bien. Se habían quedado sin batería y habían terminado la jornada en un bar, lejos de los disturbios, tomando una cerveza con su grupo de colegas al grito de «¡viva la libertad!».
