Donald Trump ha pedido este martes a Kimberly Guilfoyle, la embajadora de EE.UU. en Grecia, su dimisión tras revelaciones de que pidió a un donante republicano que metiera 100.000 dólares en su tarjeta de crédito.
Es el último y el más grave de … los líos que han acompañado a la corta carrera diplomática de Guilfoyle, elegida para el cargo por Trump en diciembre de 2024, cuando todavía era prometida de su hijo mayor.
«Hemos pedido a la embajadora Guilfoyle que dimita», dijo la nueva portavoz de Trump, Katie Zacharie, en su debut en la sala de prensa de la Casa Blanca. «Ha sido un gran activo para el equipo y le deseamos lo mejor», añadió con un tono seco.
La cabeza de Guilfoyle parecía a punto de rodar desde la víspera, cuando Trump por fin se refirió a las informaciones sobre la corrupción de una persona que ha estado durante años en su círculo más íntimo, reveladas por ‘The Wall Street Journal’.
«Lo estamos mirando», dijo el lunes a los reporteros que le acompañaban en un mitin en Ohio. «No estamos contentos».
Las alegaciones contra Guilfoyle son demoledoras. La embajadora en Grecia exigió a Eric Deters, un donante del Partido Republicano y excandidato electoral en Kentucky, que ingresara 100.000 dólares en su cuenta de American Express el pasado julio, unos pocos días antes de su confirmación en el cargo por parte del Senado.
En su petición, Guilfoyle alardeó de la mano que tenía dentro del entorno de Trump y que podría ayudar con asuntos de interés ante Hacienda –Deters quería influir en una investigación en su contra– y ante el Departamento de Justicia. Ella le prometió ser su «aliada incondicional ante Trump, por siempre jamás».
Los abogados de Guilfoyle defendieron que el pago –que tenía que realizarse sin dejar huella– se debía a cantidades que tenían pendientes con la embajadora por participación en eventos, algo que Deters negó.
La nominación de Guilfoyle para el cargo de embajador ante Grecia –un puesto de relevancia pues hay una relación histórica y estrecha entre ambos países– fue recibida con cierta sorpresa cuando se produjo a finales de 2024. No porque Guilfoyle no tuviera ninguna experiencia diplomática: es algo habitual, tanto en republicanos como en demócratas, ‘devolver’ los favores de donantes y de quienes respaldan las campañas con cargos de este tipo. Tampoco porque fuera indecoroso elegir a alguien de la familia para un desempeño gubernamental relevante, algo que Trump ha convertido en norma. Sino porque la relación entre Guilfoyle y el hijo mayor de Trump, Donald Trump Jr., se resquebrajaba en esos momentos.
Para cuando el presidente electo señaló a Guilfoyle como próxima embajadora en Grecia, ya habían aparecido imágenes en los tabloides estadounidenses del vástago de Trump con otra pareja: Bettina Anderson, una figura conocida de los círculos sociales del sur de Florida, exmodelo y mucho más joven que Guilfoyle.
Figura de confianza para Trump
La relación entre Trump Jr. y Guilfoyle, que estaban prometidos desde 2020, se rompió. El hijo del presidente y Anderson se casaron este verano. Pero la ruptura no sacó a Guilfoyle del círculo íntimo de Trump, en el que ha tenido protagonismo durante años. Tiene un perfil que encanta al presidente de EE.UU. : leal, defensora feroz de sus políticas en medios y en mítines y expresentadora de Fox News.
Guilfoyle ha estado en ese círculo desde la primera presidencia de Trump, en la que se convirtió en una de las ‘cheerleaders’ o animadoras del multimillonario neoyorquino, siempre dispuesta a aparecer en la tele para defender sus políticas. Llegó a estar en las quinielas para ser su portavoz, pero no ocurrió. Su protagonismo en el ‘trumpismo’ fue sorprendente por su pasado: durante sus años como fiscal en California, donde se crió, estuvo casada con Gavin Newsom, político demócrata, ahora gobernador del estado y uno de los posibles candidatos del partido a la presidencia en 2028.
