Giorgia Meloni ha puesto su Gobierno en manos de un voto secreto. Este jueves, la Cámara de Diputados decide la reforma electoral que la primera ministra considera irrenunciable, y ella ha avisado a sus aliados de que, si fracasa, abrirá una crisis.
« … Si la Cámara de Diputados rechazara la reforma, sería prácticamente inevitable la crisis de Gobierno, pues el centroderecha ha convertido la ley electoral en uno de sus temas estrella», explica a ABC Federico Gonzato, analista de la publicación especializada Pagella Politica.
La ley no convence del todo a sus socios y en julio, parlamentarios aliados de Meloni aprovecharon una votación secreta para hundir un punto que ella consideraba fundamental para esta ley. Por eso esta vez Giorgia Meloni ha solicitado a Antonio Tajani y a Matteo Salvini que se aseguren de que todos sus diputados acudan a la votación de este jueves a las 12.30 y de que aprueben la reforma. «Si no se aprueba la ley, todos a casa», aseguró en el último consejo de ministros.
La Cámara de Diputados ha aprobado esta semana los cuatro artículos que modificó en septiembre el Senado. Con la excusa de evitar el obstruccionismo de la oposición a través de la presentación de enmiendas, la primera ministra ha sometido tres modificaciones a una ‘cuestión de confianza’. Con este mecanismo, el texto se vota sin dar la posibilidad de modificarlo, pero el Gobierno queda obligado a dimitir si no se aprueba. El plan ha funcionado y Meloni las ha superado con holgura y sin sobresaltos.
Este jueves, la Cámara deberá dar su aprobación definitiva a la reforma electoral. La oposición ha pedido que el voto sea secreto, lo que hace más incierta la situación para el Gobierno. A la primera ministra le inquieta que, aprovechando el anonimato, ‘francotiradores’ entre sus aliados hundan la ley electoral. En tal caso, aunque el Gobierno no estaría obligado a dimitir, quedaría debilitado.
Federico Gonzato subraya que «el accidentado recorrido que esta ley ha tenido hasta ahora en el Parlamento demuestra que no todos en la coalición de gobierno están satisfechos con la reforma». Recuerda que «hay quien dice que incluso esta reforma ya no convence del todo a Giorgia Meloni dado que fue diseñada antes del nacimiento de Futuro Nacional», el partido de derecha radical del exgeneral Roberto Vannacci. Con esta reforma, si Meloni quiere tener una mayoría parlamentaria en futuras elecciones, necesitará el apoyo de Vannacci.
Algunos consejeros de Meloni piensan que en todo caso a la primera ministra le favorecería un adelanto electoral, dado que, a su derecha, Vannacci tendría menos tiempo para confeccionar sus listas y, a su izquierda, los líderes de la oposición aún no han conseguido ponerse de acuerdo sobre quién guiaría la coalición progresista. El panorama es más gris para sus aliados, Tajani en Forza Italia y Matteo Salvini en la Lega, pues dentro de sus partidos se ponen abiertamente en duda sus liderazgos.
Incertidumbre en la coalición
Las diferencias sobre la reforma electoral en la coalición de gobierno se refieren sobre todo a la posibilidad de votar con listas semiabiertas. Hermanos de Italia, partido de Meloni, quería que los votantes pudieran indicar preferencias entre candidatos de la coalición, pero Forza Italia y la Lega se opusieron por miedo a perder diputados. Finalmente acordaron que en cada circunscripción haya un líder de lista fijo, quien tendrá más posibilidades de resultar elegido, y que el votante exprese tres preferencias entre los otros seis candidatos de la misma lista. Las preferencias deberán alternar hombres y mujeres pero este criterio no se aplica para el cabeza de lista, decisión que provocó malestar en la coalición.
Lo que ocurra este jueves en la Cámara italiana determinará no sólo cuándo irán a votar los italianos sino, sobre todo, con qué reglas. La ley electoral ha sido cambiada por gobiernos de derechas y de izquierdas –Silvio Berlusconi en 2005, Matteo Renzi en 2015, y Paolo Gentiloni en 2017–. La nueva ley de la coalición de Giorgia Meloni se llama ‘Stabilicum’, en referencia a su propósito de facilitar la formación de gobiernos estables.
Claves de la nueva ley electoral
Se trata de una ley electoral que reparte los escaños de modo proporcional, con un factor de corrección para facilitar la gobernabilidad. Si la lista ganadora obtiene el 42 % en ambas cámaras, recibirá otros 70 escaños en la Cámara de Diputados, donde podrá tener hasta un máximo de 220 de los 400, y otros 35 en el Senado, hasta un tope de 113 de los 200.
Otra novedad es que para poder entrar en el Parlamento, los partidos deben superar el 3% de los votos a nivel nacional y las coaliciones el 10%. Será también más complicado que nuevos partidos concurran a las urnas, pues si no están ya representados, para presentar candidaturas tendrán que documentar 6.000 apoyos en cada circunscripción, un incremento significativo frente a los 1.500 actuales.
En caso de derrota, la coalición de gobierno entraría en un periodo complejo, pero no necesariamente se convocarían elecciones generales. En Italia la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones son prerrogativa del presidente de la República. «En los próximos meses, el Gobierno deberá aprobar los Presupuestos, la medida más importante del año, y deberá obtener el visto bueno del Parlamento antes del 31 de diciembre. Tal y como están las cosas, el jefe del Estado podría pedirle a Meloni que permanezca en el cargo para aprobar los Presupuestos y, posteriormente, convocar elecciones en la primavera de 2027», explica Gonzato.
Meloni quiere llevar la legislatura hasta el final, octubre de 2027. Sin embargo, tiene marcada una fecha en su calendario. Entre abril y junio habrá elecciones municipales y si las cosas no van bien este jueves, esa convocatoria podría aprovecharse para celebrar también generales.
