Sin pruebas de que Mojtaba Jamenei aún vive y manda, cada facción del aparato de Teherán puede alegar que eso es lo que el Líder Supremo le ha dicho que haga. Pero nadie sabe con total seguridad quién toma las principales decisiones en Irán. … El Gobierno está presidido por Pezeshkian. Las negociaciones indirectas con los estadounidenses las dirige el presidente del Parlamento, Ghalibaf. Y el aparato de seguridad está controlado con mano dura por el general Rezai, nuevo jefe del Consejo de Seguridad Nacional y hasta entonces jefe del Ejército de élite de Irán, los Guardianes de la Revolución (GR), desde la era de Jomeini.
Medio año después de que Estados Unidos comenzase la guerra más extraña de la región, que se saldó desde el principio con la muerte del Líder y dejó gravemente herido a su hijo y sucesor, Mojtaba, el presidente Trump no cuenta con un interlocutor definido en Teherán. Esta situación complica aún más la posibilidad de pactar un ‘acuerdo honorable’ de paz que permita la reapertura del estrecho de Ormuz, enclave estratégico por el que transita una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas líquido. Donald Trump se niega a perder esta guerra –y menos con las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre a la vuelta de la esquina– pero sabe que, hasta el momento, tampoco es capaz de ganarla.
Qué cálculos hizo Trump para aventurarse en febrero al conflicto –iniciado solo con el concurso de Israel, y que ahora lleva en solitario– es algo que a día de hoy todavía es un misterio. Lo que parece claro es que si pretendía frenar de modo definitivo las aspiraciones de Irán a ser potencia nuclear, la guerra ha concedido a la dictadura teocrática otro activo no menos importante: el control de Ormuz que antes no tenía. Y con el que chantajea al mercado mundial energético. El más contundente en expresarlo ha sido el general Rezai, que el pasado mes de julio declaró que «el control de Ormuz vale más que una docena de bombas atómicas».
El ‘hombre fuerte’ de Irán dijo también esta semana, en su cuenta en la red social X, que «la nueva estrategia de Irán hará añicos el bloqueo de EE.UU.», lo que sugiere que la iniciativa la tiene ahora el régimen de los ayatolás. El propio vicepresidente de EE.UU. Vance acaba de declarar que «no se puede decir que el conflicto con Irán sea una guerra», y que terminará «cuando Teherán lo quiera». Pero Irán aguantará hasta que Washington levante el bloqueo a sus puertos y no haya más bombardeos contra objetivos en su país, unas condiciones difíciles de cumplir para Trump antes del 3 de noviembre pues sería el equivalente a dar por perdida la guerra, y sobre todo Ormuz.
Mohsen Rezai, que acaba de cumplir 72 años, es la autoridad militar más conocida de Irán porque desde los 27 años ha estado en la cumbre de los órganos de la seguridad del régimen de Jomeini. Siempre ha estado en la sombra. Sus cuatro intentos de aspirar a la presidencia de Irán –figurar en la lista de candidatos nunca fue un problema– se saldaron con cuatro derrotas.
En su juventud fue activista contra el régimen del Sha durante los años 70, motivo por el que fue detenido y encarcelado en Ahvaz. Poco antes de la llegada al poder del ayatolá Jomeini, Rezai fundó con otros islamistas radicales los ‘muyahidines de la revolución islámica’, lo que le sirvió para ser nombrado desde muy joven líder de los nuevos Guardianes de la Revolución, el cuerpo militar ideológico del sistema.
Como recordaron recientemente los medios occidentales, el nombre de Rezai se ha vinculado internacionalmente al atentado de 1994 contra el centro comunitario judío AMIA en Buenos Aires, que causó 85 muertos y cientos de heridos, el ataque terrorista más mortífero de la historia de Argentina. En 2007, fiscales argentinos solicitaron órdenes de detención contra nueve personas en relación con el ataque, entre ellas Rezai, que entonces era comandante de la Guardia Revolucionaria. Interpol emitió contra él una notificación roja que permanece en vigor.
