Para aumentar su capacidad de defensa, las Fuerzas Armadas Suecas están llevando a cabo este año las maniobras Aurora 26, junto con unidades militares de otras 12 naciones. El objetivo es poner a prueba los planes operativos nacionales y aliados en caso … de conflicto y practicar los protocolos de actuación. Y uno de los retos, cuando estalla una guerra, es qué hacer con los cadáveres.
En el mayor simulacro de gestión de cadáveres en el país desde los años cincuenta, con 500 bolsas mortuorias, 300 militares, pastores de la Iglesia Luterana, cámaras frigoríficas, convoyes militares y protocolos de notificación internacional, Suecia ha puesto a prueba esta semana toda la cadena logística de la muerte en estado de guerra: desde la recuperación de cuerpos hasta los entierros con honores.
«Hace tiempo convivimos con el peligro de una guerra, pero ha sido al ver toda esa gran cantidad de bolsas mortuorias apiladas y verse en la situación de tener que hablar a los familiares lo que ha causado en nosotros un gran impacto», ha reconocido Sverg, un voluntario de Cruz Roja. Los ejercicios han evidenciado que Suecia carece de tumbas suficientes, en caso de guerra, y el país se prepara para poner remedio a esa carencia cuanto antes.
Suecia, que durante décadas se concibió a si misma como neutral, practica ahora la doctrina de «defensa total», ante la creciente amenaza rusa. Esto implica que no son sólo los soldados lo que deben entrenar y estar preparados para el conflicto, sino la sociedad entera. Y uno de los problemas que afrontaría el país, si se declarase una guerra en el flanco oriental de la OTAN, sería la gestión de los numerosos fallecidos que cabe esperar.
Suecia, que durante décadas se concibió a si misma como neutral, practica ahora la doctrina de «defensa total», ante la creciente amenaza rusa
Según las Fuerzas Armadas suecas, el llevado a cabo esta semana ha sido el mayor simulacro de logística funeraria desde 1952, cuando el país aún vivía bajo el trauma de la Segunda Guerra Mundial. El corazón del ejercicio fue un despliegue de 500 bolsas mortuorias reales, cada una con un maniquí que representaba a un soldado caído, transportadas en un convoy militar desde la costa del mar Báltico hasta las zonas de clasificación y registro.
Cada bolsa llevaba una etiqueta metálica con la identidad del «fallecido», como sucedería en un conflicto real. Más de un centenar de funcionarios de la Iglesia Luterana registraban los nombres en grandes carpas blancas, en coordinación con la Agencia Tributaria, que es la responsable del registro civil, mientras docenas de pastores simulaban los servicios. Un capellán militar ha relatado después que ver decenas de bolsas alineadas «volvió tangible lo que suele ser abstracto: la muerte en la guerra».
Pruebas de estrés
Para garantizar la máxima verosimilitud, el Ejercicio ha incluido pruebas de estrés en cámaras frigoríficas, donde se evaluó la capacidad de conservar cuerpos durante largos periodos. Los equipos médicos comprobaron cómo responderían ante un flujo masivo de cadáveres, algo que requerirá «un reajuste considerable» en la dotación de recursos, según las conclusiones del ejercicio.
Aurora 26 ha evitado limitarse a la logística y también se han ensayado los procesos de significado simbólico y morales. Cada maniquí recibió un simulacro de extremaunción y cada entierro simulado incluyó una breve ceremonia con un texto preparado para la ocasión. Un estudio académico publicado en Frontiers in Psychiatry subraya que la dignidad ha sido uno de los ejes centrales del ejercicio.
Los nuevos protocolos que se elaboren a partir de esta experiencia estarán orientados a evitar presiones de tiempo excesivas, mantener ceremonias breves pero respetuosas y garantizar que cada cuerpo sea tratado como único, según fuentes del Ministerio de Defensa sueco. La cadena logística involucra a todo el Estado en la recuperación e identificación de cuerpos, procesos de registro civil, notificación a embajadas aliadas, comunicación con el Comité Internacional de la Cruz Roja, medios de transporte y entierros con honores.
Por primera vez, las Fuerzas Armadas, la Iglesia de Suecia, la Agencia Tributaria y los organismos de reclutamiento han trabajado de forma conjunta en un simulacro integral que ha revelado un desafío inesperado: Suecia no cuenta con suficientes tumbas para un escenario de guerra prolongada. La Iglesia Luterana recomienda que cada parroquia disponga de suelo para enterrar al 5% de su población, unas 500.000 personas, en caso de conflicto.
40.000 metros cuadrados adicionales para 30.000 tumbas
En Gotemburgo, por ejemplo, las funerarias han comprado 40.000 metros cuadrados adicionales de terreno para albergar 30.000 tumbas, que se suman a los 60.000 metros cuadrados ya reservados para entierros habituales. La burocracia y los plazos de obra retrasarán la apertura de nuevos cementerios en al menos diez años y será necesario acortar ese plazo, a la luz de la creciente tensión bélica en la región, si el país quiere estar realmente preparado.
También se ha revelado como aconsejable la creación de una unidad específica para ocuparse de esta tarea. «Desde perspectivas psicológicas, operativas y relacionadas con la dignidad, una unidad dedicada, bien entrenada y bien equipada parece preferible para cumplir con los procedimientos y rituales relevantes, y equipada con vehículos y equipos especializados», afirma Jan Grimell, de la Universidad de Umeå.
Estimaciones heredadas de la Guerra Fría
El hecho de que el ejercicio estime la necesidad de capacidad de enterramientos para 500.000 personas ha causado impacto en la población sueca, pero los responsables advierten que no se trata de un referente técnico. Jan-Olof Olsson, de la agencia de defensa civil sueca, ha aclarado que esta cifra no implica que las autoridades esperen realmente tantas víctimas, sino que se trata de estimaciones heredadas de la Guerra Fría que permiten dimensionar recursos en caso de un escenario extremo. «No es una predicción, sirve para calcular la logística, prever recursos y coordinar instituciones civiles y militares para lograr una mayor eficiencia», ha dicho.
«Desde la perspectiva de la lesión moral», añade, «una unidad especializada de este tipo también puede estar mejor preparada para reconocer y afrontar los desafíos que pueden surgir antes, durante y después de las operaciones de asuntos mortuorios masivos».
