Rusia ya advirtió el pasado 18 de agosto al Reino Unido: «Las acciones de Londres inevitablemente tendrán consecuencias por las que tendrá que responder», aseguró en un comunicado publicado en Telegram la embajada rusa en la capital británica. El primer ministro, Andy Burnham, aprovechó su visita a Kiev … este lunes para dar luz verde a la cesión de los planos de los misiles de largo alcance Storm Shadow, una decisión que desató la cólera de Moscú.
El primero en expresarla fue el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien durante su rueda de prensa diaria acusó a Downing Street de echar «más leña al fuego» y calificó la decisión de destructora de «cualquier mínimo progreso» hacia una solución pacífica del conflicto.
El país liderado por Vladímir Putin ha retirado además a Andrei Kelin, su embajador en Londres, noticia que fue confirmada este domingo. No está previsto un sustituto a corto plazo, lo que deja las relaciones entre ambos países en uno de sus momentos más bajos. En el comunicado difundido por la representación diplomática rusa ya se advertía de que «cuanto más profunda sea su implicación en el conflicto y mayor sea su apoyo a la ‘máquina terrorista’ de Kiev, más alto será el precio a pagar».
Tras las declaraciones de Peskov, varios medios ucranianos preguntaron a Burnham por las acusaciones rusas. «¿Quién empezó el fuego? Esa es la pregunta, ¿verdad?», respondió el dirigente británico.
El Ministerio de Defensa ruso comunicó que ya está identificando las instalaciones donde podrían producirse y ensamblarse estos proyectiles en territorio ucraniano. Según el Departamento, cualquier infraestructura o vehículo que incorpore tecnología militar británica pasará a ser un «objetivo legítimo» para los ataques de precisión de sus Fuerzas Armadas.
No es la primera vez que Moscú lanza este tipo de advertencias. En septiembre de 2024, Putin aseguró que cualquier contingente, instructor militar o fuerza de paz de la OTAN desplegado dentro de Ucrania sería considerado de inmediato un «objetivo militar prioritario» para las tropas rusas. Meses antes, en junio de ese mismo año, el presidente ruso ya había insinuado que podría suministrar armamento a países hostiles a Occidente como respuesta al apoyo militar que este presta a Kiev. Entre los posibles receptores citó a aliados del Kremlin como Nicaragua, Libia, Irán, Malí y Burkina Faso.
Contra el comercio electrónico
Mientras tanto, la guerra continúa sobre el terreno. Los últimos ataques ucranianos con drones se han dirigido contra almacenes de la empresa de comercio electrónico Ozon, principal competidora de Wildberries. Cuatro centros logísticos de la compañía fueron alcanzados en las regiones rusas de Adiguea, Daguestán, Stávropol y Krasnodar. En esta última, una de las explosiones provocó un incendio.
Para Putin, estos ataques abren «una caja de Pandora», y ha advertido de que el Ejército ruso responderá golpeando los sectores «más relevantes de la economía ucraniana». En la misma intervención reconoció que Rusia afronta «dificultades en lo que respecta al envío de productos», aunque se mostró convencido de que acabarán resolviéndose. «Por consiguiente, no habrá escasez en el mercado mundial», concluyó.
Las tropas rusas respondieron este mismo lunes con bombardeos contra posiciones en Járkov, en el este de Ucrania. Las autoridades locales informaron a través de Telegram de que un ataque en las afueras de la ciudad causó la muerte de tres personas. Los servicios de emergencia lograron rescatar a ocho vecinos, algunos de ellos heridos.
