Kinslee Tschida, una niña de 8 años de Illinois (EE.UU.), ha muerto al ser alcanzada por un rayo mientras jugaba en un columpio en el patio de su casa con su hermana, que resultó ilesa. Ambas se encontraban a una distancia de apenas 90 … o 120 centímetros, y los momentos previos al impacto «no ofrecieron ninguna advertencia clara».
Así lo comunicó a la CNN el abuelo de las dos pequeñas, Chris Scheib, que trabaja en una granja y conoce bien los peligros de los rayos. «Tschida estaba a unos 4 o 5 metros de la casa», asegura el anciano, e indica que «en 5 o 10 segundos habría estado a salvo». Sin embargo, la tormenta, que parecía estar muy lejos, propició un estruendo y, cuando el hombre salió al patio trasero de su casa, la niña ya estaba desplomada.
El abuelo señala que no podría «haber hecho nada diferente» para salvarle la vida a la niña. «Dicen que a los nietos se les malcría más. Probablemente sea cierto, pero también se les dedica más tiempo a enseñarles cosas que uno olvidó enseñar a sus propios hijos», apunta Scheib a pesar de la tragedia.
Campaña de ayuda
La tía de la niña fallecida ha creado una campaña GoFundMe para ayudar a su madre, que «se ve abrumada por gastos médicos inesperados, los costos del funeral y las dificultades financieras que conlleva afrontar una tragedia tan inimaginable», explica en un comunicado.
El operativo caritativo ha sido difundido en redes sociales y ya acumula casi 25.000 euros. Según la tía y precursora de esta iniciativa, los servicios funerarios de Kinslee ya han sido programados y el resto del dinero se invertirá tanto en gastos médicos como en cubrir sus necesidades habituales mientras la madre «está de baja laboral y se toma el tiempo para llorar la pérdida de su querida hija».
Una niña brillante
La familia de Kinslee la recuerda como «una luz brillante en todo el sentido de la palabra». Sus abuelos la describían como una persona con mucha madurez. «En la escuela, decían que la conocían como la abeja reina», apuntan.
Su tía indica que le encantaba cantar, bailar y contagiar alegría a quienes la rodeaban. Su risa «fuerte e inolvidable llenaba cualquier lugar», y su sonrisa «tenía la capacidad de iluminar incluso los días más difíciles». Así, concluye que amaba con un corazón «mucho más grande que su pequeña estatura», y cualquiera que la conoció «quedó conmovido por su bondad, energía y amor».
