La relación entre Rusia y el Reino Unido ha entrado en una fase de tensión aún mayor tras la decisión de Moscú de retirar la acreditación de seis diplomáticos británicos, acusándolos de espionaje. Según el Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB), las actividades de estos diplomáticos constituían una amenaza para la seguridad del país. En un comunicado oficial, el Gobierno informó que esta medida fue una respuesta a «múltiples actos hostiles» por parte del Reino Unido, sugiriendo que las acciones diplomáticas británicas se habían desviado de las normas internacionales establecidas en la Convención de Viena.
Maria Zajárova, portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, justificó la medida afirmando que «la Embajada británica ha violado de manera flagrante los límites establecidos por la Convención de Viena» y acusó a los diplomáticos británicos de realizar «acciones destinadas a dañar a nuestro pueblo». Estas afirmaciones fueron respaldadas por el FSB, que aseguró haber detectado actividades de espionaje que comprometían la seguridad de Rusia.
Esta acción se produce en un momento delicado para las relaciones entre Moscú y Londres, en el contexto de la guerra en Ucrania. El Reino Unido ha sido uno de los mayores defensores del país, proporcionando armamento avanzado, incluidos los misiles de largo alcance Storm Shadow, y ha ejercido presión diplomática a nivel internacional para aislar a Rusia. La expulsión de estos diplomáticos británicos es vista por muchos analistas como una represalia directa por el papel protagónico que ha asumido el Reino Unido en el suministro de armamento a Ucrania.
Señalamiento a la OTAN
A su vez, el presidente ruso, Vladímir Putin, elevó el tono al advertir que Rusia consideraría un ataque directo contra su territorio con armas occidentales como una escalada dramática del conflicto. Putin fue claro en su mensaje: «Esto significaría nada menos que la participación directa de los países de la OTAN, Estados Unidos y Europa, en la guerra en Ucrania». Subrayó que el uso de misiles de largo alcance fabricados en Occidente para atacar objetivos en suelo ruso cambiaría «la esencia misma del conflicto».
Putin enfatizó que no se trata sólo de permitir o no a Ucrania atacar a Rusia, sino de la implicación directa de las potencias occidentales en el conflicto: «El Ejército ucraniano no puede atacar con sistemas modernos de largo alcance y alta precisión. Sólo es posible con datos de inteligencia provenientes de satélites de la Unión Europea, Estados Unidos y la OTAN», afirmó. «Por tanto, esto no es una cuestión de permitir que el régimen de Kyiv ataque con estas armas, sino de si los países de la OTAN deciden o no participar directamente en el conflicto».
Este tono amenazante ha generado preocupación sobre una posible escalada mayor en el conflicto, especialmente si los aliados occidentales, incluidos Estados Unidos y el Reino Unido, permiten a Ucrania utilizar armas de largo alcance para atacar directamente el territorio ruso. El presidente ruso advirtió que Moscú responderá si estas amenazas se materializan, dejando claro que Rusia está preparada para tomar represalias si se siente atacada por Occidente.
Putin enfatizó que no se trata sólo de permitir o no a Ucrania atacar a Rusia, sino de la implicación directa de las potencias occidentales en el conflicto
Ante estas advertencias, el primer ministro británico, Keir Starmer, respondió con firmeza, reiterando que Rusia fue la que inició esta guerra y que la responsabilidad del conflicto recae únicamente en Moscú. «Rusia empezó este conflicto. Rusia invadió ilegalmente Ucrania. Rusia puede poner fin a este conflicto ahora mismo», afirmó Starmer durante su viaje a Washington, donde tiene previsto reunirse con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, para discutir, entre otros temas, el futuro del apoyo militar a Ucrania.
Starmer, sin embargo, también dejó claro que su Gobierno no busca un conflicto directo con Moscú, pero que Londres sigue comprometido en apoyar a Ucrania en su derecho a defenderse de la agresión rusa. En declaraciones a la prensa, el primer ministro subrayó: «No estamos buscando un conflicto con Rusia. No queremos una escalada, pero Ucrania tiene todo el derecho a defenderse de la invasión ilegal de Rusia». A pesar de los intentos de rebajar el tono de confrontación directa, Starmer destacó que el apoyo británico a Ucrania es inquebrantable, y añadió que «fue Rusia quien comenzó esto. Son ellos quienes causaron este conflicto, y son ellos los que están actuando de manera ilegal».
Creciente presión internacional
Las acciones de Moscú, tanto la retirada de la acreditación de los diplomáticos británicos como las amenazas veladas de Putin, se producen en un contexto de creciente presión internacional. Desde que comenzó la invasión a Ucrania en 2022, el Reino Unido ha estado a la vanguardia del apoyo occidental al Gobierno de Volodímir Zelenski. Este respaldo no ha sido sólo militar, sino también diplomático, con Londres asumiendo un papel clave en las sanciones impuestas contra Moscú.
Starmer dejó claro que su Gobierno no busca un conflicto directo con Moscú, pero que Londres sigue comprometido en apoyar a Ucrania
En las últimas semanas, se ha intensificado el debate sobre si permitir que Ucrania utilice armas occidentales de largo alcance, como los misiles Storm Shadow, para atacar objetivos dentro de Rusia. Hasta ahora, había una fuerte reticencia en permitir este tipo de ataques, debido a los temores de que pudiera considerarse provocativo y arrastrar a la OTAN directamente al conflicto. Sin embargo, la creciente agresividad de Moscú, combinada con el apoyo militar que Rusia está recibiendo de países como Irán, está haciendo que los líderes occidentales revalúen su postura.
El primer ministro británico no fue el único en reaccionar a las advertencias de Putin. Lord Peter Ricketts, exasesor de seguridad nacional del Reino Unido, sugirió que la medida de Moscú de expulsar a los diplomáticos británicos es una clara represalia por el apoyo de Londres a Ucrania. «Esto es un castigo ruso por el papel que ha asumido el Reino Unido como uno de los principales defensores de Ucrania», afirmó en una entrevista con BBC Radio 4. Y añadió que las acusaciones de espionaje son «completamente inventadas».
