
Estamos viviendo un momento geopolítico muy complicado. Estamos enfrentándonos a una ideología imperialista Rusa de retorno, una ideología absolutista que ha justificado el fin de la convivencia representada por el Derecho internacional. Y en estos días también estamos asistiendo a una violencia terrorista y a una barbarie en Israel que ha superado cualquier límite y que no tiene justificación alguna. Detrás de estas situaciones hay objetivos políticos dictatoriales y autocráticos, como en este caso el hecho de intentar de abortar el inicio de diálogo entre Arabia Saudí e Israel. Está claro enfrentamiento de los sistemas dictatoriales a los democráticos occidentales. Las ideologías que dividen, que son intolerantes, que excluyen, son exactamente las que son utilizadas y aprovechadas por los dictadores. Estás ideologías peligrosas son las radicales, sean políticas que religiosas. La historia está llena de guerras justificadas por ideologías extremas, sean políticas sean religiosas o que coinciden peligrosamente. El mundo occidental ha evolucionado democráticamente cuando ha conseguido la separación entre el Estado y la Iglesia, la política y la religión. El mundo democrático en el cual vivimos seguramente es mejorable y debemos mejorarlo, pero al mismo tiempo debemos defenderlo internamente de los intentos de generar divisiones e incomunicación y, externamente, de los ataques de las autocracias o de la intolerancia y barbarie terrorista. Para los países democráticos occidentales no es posible justificar la limitación de la libertad, la violencia física y psicológica, la negación de la igualdad entre hombres y mujeres, como el uso de la pobreza o de la ignorancia como condiciones para ejercer y afirmar el poder. Es visible lo que pasa en Rusia en términos de represión, lo que pasa en China en términos de control de la población, lo que pasa en Iran con la violencia sobre las mujeres; también, en los grupos terroristas con el exaltación de la violencia, del terror y de la represión cultural y individual. Y en todo esto los pueblos, dramáticamente, son las únicas víctimas.Hoy creo que está más claro que nunca que la tentativa occidental de generar más colaboración, cooperación y paz entre los distintos países a través de la globalización comercial y cultural ha sido frenado por los países autocráticos por el miedo de perder el control y el poder sobre sus pueblos. No olvidamos que la globalización ha contribuido al desarrollo de los países emergentes reduciendo la pobreza mundial, aunque ha supuesto unos costos para nuestros países desarrollados.Como decía, es un momento difícil pero es un momento también en el cual tenemos y podemos valorar de manera clara la suerte que tenemos de vivir en el mundo que con gran sacrificio, nuestros ancestros han construido y que ahora nosotros tenemos que mejorar y defender con fuerza.
