El actual primer ministro de Bélgica, Bart de Wever, es en realidad el dirigente de un partido cuyo principal objetivo es la independencia de la región flamenca y la desaparición del país. Y, sin embargo, hasta ahora ha demostrado ser uno de los jefes … de Gobierno más sólidos en la defensa de los intereses comunes de todos los belgas. No se sabe si se trata de una conversión real o solamente temporal, pero nadie le puede acusar en estos momentos de ser un mal primer ministro, comprometido sinceramente con las reformas más urgentes que nadie se había atrevido a afrontar.
Su última operación, presentar su dimisión porque sus socios de coalición no tienen valor para apoyar su plan de recortes de 10.000 millones de euros, demuestra que no es un dirigente corriente dispuesto a renunciar a los objetivos que cree necesarios.
De Wever nació en 1970 en Mortsel, en la provincia de Amberes, en una familia vinculada al movimiento nacionalista flamenco. Desde su etapa en la universidad, donde estudió historia, ha estado vinculado a la política e interesado en la separación de la región de Flandes, que cuenta con aproximadamente el 60% de los habitantes del país, y de Valonia, donde se habla francés.
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Enrique Serbeto | Corresponsal en Bruselas
Aparte de la cuestión lingüística, la tesis de que los valones, que históricamente han votado al socialismo, se dedican a aprovecharse de los subsidios del Estado, ha sido muchas veces la gasolina del independentismo flamenco contemporáneo. Primero lo abanderó el sector más radical, racista y totalitario, el Vlaams Block, que acabó siendo ilegalizado y tuvo que cambiar su denominación. Pero, a comienzos de siglo, De Wever participó en la creación de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA) y lo convirtió en un partido moderno y políticamente presentable, basado en el principio de la separación de Flandes, el conservadurismo cultural (De Wever ha acabado por escribir un libro contra el ‘wokismo’), el liberalismo económico, la disciplina presupuestaria y una política migratoria más restrictiva y condicionada a la integración.
Con ese programa se convirtió en la primera fuerza política en Flandes. En las elecciones de 2010, también fue el partido más votado de toda Bélgica, a pesar de que solo se pueden presentar en su propia región. De Wever llegó a la política de Bruselas defendiendo abiertamente la desaparición paulatina del poder federal y la monarquía, para lograr la escisión de la región. Y, por ello, a partir de entonces la política belga se centró en la búsqueda de mayorías que excluían sistemáticamente a la N-VA, lo que lo hizo aún más popular.
En 2024, su alianza volvió a ser la fuerza más votada en Bélgica, con aproximadamente el 16,7 % de los votos nacionales, seguido de los más radicales herederos del Vaams Block y también independentistas flamencos. Entre las dos fuerzas sumaban el 40% de los votos de todo el país y, si hubieran querido lanzar una operación rupturista, habría sido muy difícil detenerla. De Weber era entonces el popular alcalde de Amberes, la segunda ciudad del país y uno de los principales puertos de Europa.
Abandono de las ideas independentistas
Sin embargo, como partido más votado aceptó el encargo del rey Felipe para formar Gobierno y, para ello, anunció públicamente que aparcaba todo su equipaje independentista. Tras más de siete meses de negociaciones logró formar una coalición de cinco partidos, con el objetivo de someter a todo el país a la política económica y a las reformas que habría querido impulsar en una Flandes separada del resto. La única exclusión (que por otro lado es mutua) ha sido cooperar con los socialistas valones, a los que acusa de haber saqueado los recursos del país en ayudas sociales desproporcionadas.
El 3 de febrero de 2025 tomó posesión como primer ministro un dirigente nacionalista flamenco. El Parlamento le dió el mando del país a alguien que, hasta entonces, se había propuesto destruirlo. Desde ese momento, ha abandonado cualquier mención a lo que en Bélgica se denomina eufemísticamente «la reforma institucional del Estado» y se ha centrado en poner las cuentas en orden con el objetivo de reducir el déficit galopante (más del 5%) para evitar la bancarrota de unas cuentas públicas excesivamente endeudadas. Toda su actividad se ha dedicado a garantizar la supervivencia del país.
Amistad con el monarca
En las discusiones en el Consejo Europeo sobre el uso posible de los activos confiscados a Rusia y que están físicamente depositados en territorio belga, fue capaz de aguantar las presiones de los demás aliados y defender con uñas y dientes que si algo salía mal sería Bélgica el país que sufriría las consecuencias.
Los analistas belgas han descubierto incluso que este nacionalista conservador ha desarrollado estos años una amistad con el monarca, al que ha pedido varias veces que le ayudase a superar bloqueos políticos. Las primeras fotos del independentista entrando en el Palacio de Laeken se observaban como una rareza, pero ahora De Wever es visto con cierta frecuencia en conversaciones con el Rey.
La cuestión ahora es saber qué sucederá con el movimiento flamenco cuando De Wever deje definitivamente el cargo de jefe de Gobierno. Él no ha querido dimitir como alcalde de Amberes, sino que está en una especie de excedencia porque el cargo no es compatible con el de primer ministro. Eso indicaría que tiene intención de volver a la política regional, pero no está claro que todos sus votantes hayan sufrido la misma transformación que él en su relación sentimental con el Reino de Bélgica. O puede que sí, que este periodo haya servido para suavizar las proclamas independentistas flamencas.
