Una de las cosas que Donald Trump tumbó con su desembarco en política en 2016 fue el protagonismo de Ohio. Esta región del Medio Oeste era el ‘swing state’ (‘estado bisagra’) por antonomasia, el territorio pendular que inclina la elección hacia un lado u … otro. ‘¿Qué pasará en Ohio?’, se preguntaban los analistas políticos de Washington y los taxistas de Nueva York en cada elección presidencial. Porque allí había estado siempre la respuesta a quién sería el ganador: desde la victoria de Richard Nixon en 1964, Ohio había sido infalible. Y, antes de aquella elección, fue de lejos el estado que más acertó. Quien se imponía en Ohio, lo hacía en todo el país. Desde la Guerra Civil, a mediados del siglo XIX, hasta 2016, Ohio solo falló tres veces.
Eso cambió con el multimillonario neoyorquino. Ganó con claridad en 2016 y desde entonces ha sido territorio trumpista. Ohio no acertó en 2020, cuando ganó Joe Biden, y dejó de ser termómetro electoral. Pero ahora, con la fiebre del coste de la vida –de la gasolina a la vivienda– que vive Estados Unidos, puede volver a serlo.
El próximo martes, los estadounidenses irán a las urnas en sus ‘midterms’, sus elecciones legislativas de mitad de mandato. Y las miradas han regresado a Ohio, que ha recuperado lo que tenía hace una década: protagonismo en el rumbo que toma el país. Por eso, las campañas se han gastado aquí 750 millones de dólares (670 millones de euros) en propaganda electoral.
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ELECCIONES DE MEDIO MANDATO
Javier Ansorena
«Yo comprendo que todo el mundo esté frustrado con el precio del combustible», dice Robert Pace, un votante republicano que acaba de hacer una hora de cola al sol para votar de forma anticipada en las oficinas de la Junta Electoral de Columbus, la principal ciudad del estado. «Pero eso se resolverá, es cuestión de tiempo. El país va por el camino correcto, los republicanos debemos mantenernos unidos y conservar ese rumbo».
«Los votantes republicanos de verdad no están contentos con la guerra de Irán y con lo que ha supuesto para el precio de la gasolina o de la cesta de la compra», asegura Heidi Lantala, quien reconoce que se ha asegurado de ir a votar de forma anticipada «para echar al mayor número posible de republicanos del Congreso».
Sentimientos contrapuestos
Ohio es un símbolo de lo que está ocurriendo en el resto de EE.UU.: el retroceso republicano en muchos territorios trumpistas, de Texas a Iowa, por esa ansiedad económica. Las encuestas apuntan a que los aliados de Trump perderán su mayoría en la Cámara de Representantes. La cuestión es si pasará lo mismo en el Senado, que se renueva solo en un tercio, y donde los republicanos partían con ventaja. Pero, si pierden en territorios como Ohio, donde el republicano Jon Husted defiende su escaño ante el demócrata Sherrod Brown, la ‘marea azul’ puede acabar también con su mayoría en la Cámara Alta. Y en Ohio, además, puede afectar a su Ejecutivo estatal: el republicano Vivek Ramaswamy, quien fue candidato presidencial en 2024, y la demócrata Amy Acton se juegan el puesto de gobernador.
«Hay mucho entusiasmo entre los demócratas y no tanto entre los republicanos», explica Robert Alexander, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal Bowling Green y director de sus sondeos demoscópicos con YouGov. Sus estudios dan ahora ventaja a los demócratas en Ohio, después de que el estado se viera como un territorio seguro para los republicanos el año pasado. «La gran pregunta es si esos votantes republicanos aparcarán su frustración e irán a votar el 3 de noviembre», añade. Pocos creen que los conservadores vayan a votar a candidatos demócratas. Pero sí podrían hacer pagar su frustración con la economía quedándose en casa o votando a terceros candidatos, como los del Partido Libertario.
Trump participó en un mitin republicano en Chillicothe el jueves por la noche, en la primera foto. En la segunda imagen, la candidata a gobernadora de Ohio, Amy Acton, en un acto de campaña en la ciudad estadounidense de Toledo. Un cartel republicano contra el socialismo y el comunismo, en la última foto..
(AFP y Reuters)
Alexander explica que Ohio sigue siendo un estado «generalmente conservador en lo cultural». Pero destaca que «las cuestiones culturales que hasta ahora han funcionado muy bien para movilizar el voto republicano, como la identidad de género, la agenda LGBTQ, el racismo sistémico, el aborto o el cambio climático, han sido desplazadas por la economía. Y la última versión del populismo económico», que siempre ha tenido peso en Ohio, también puede ir en contra de los republicanos. Según los datos de Alexander, los centros de datos, los multimillonarios y la inteligencia artificial son los conceptos con peor popularidad entre los votantes. Y todos ellos tienen una relación cercana con Trump.
«Las cuestiones culturales que hasta ahora han funcionado muy bien para movilizar el voto republicano han sido desplazadas por la economía»
Robert Alexander
Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal Bowling Green
De Ohio siempre se ha dicho que encierra un poco de todo lo que representa EE.UU.: la franja industrial oxidada, la América rural, los ‘progres’ de las ciudades, los barrios negros de Cleveland o Columbus, el espíritu de los Apalaches, la orilla de los Grandes Lagos, el llamado ‘cinturón de la Biblia’… Esa diversidad no se nota pasando horas en la carretera, donde el paisaje es la llanura continua, la sucesión de gasolineras, restaurantes de comida rápida y campos de cultivo. Por la radio, la importancia de esta batalla electoral se nota en que las campañas han monopolizado los bloques de anuncios. Y muestra algo significativo: solo los candidatos demócratas mencionan a Trump, para afearle sus políticas, su guerra de Irán, sus aranceles, su responsabilidad en los precios…
Apoyo republicano
Viajamos de Columbus a Chillicothe, donde acude Trump a ofrecer un mitin. Es un intento de movilizar a sus bases, de sacudir su desidia y llevarlos a las urnas. «Puede que algunos se queden en casa. Pero los verdaderos republicanos son conscientes de lo que está en juego: que el comunismo llegue a este país», dice Alicia Kammler desde la cola para entrar al mitin. «Espero que no caigamos en eso porque la gasolina se haya puesto a más de cuatro dólares el galón (3,58 euros por 3,78 litros)». «Todos queremos que la guerra acabe ya», añade otro seguidor de Trump, Mike Paul, quien cuenta que la factura de electricidad en su casa se ha triplicado. «Pero por eso no vamos a dejar de apoyarle ni de votar a republicanos».
«Los verdaderos republicanos son conscientes de lo que está en juego: que el comunismo llegue a este país»
Alicia Kammler
Simpatizante republicana
Ninguno de ellos logra entrar en el mitin, pese a pasar varias horas en la cola. No cabe más gente. Pero eso tampoco es una buena señal para Trump. El multimillonario neoyorquino, que acostumbraba a llenar estadios deportivos para 10.000 o 15.000 personas, ha venido a un pabellón con capacidad para 2.400. «Es significativo que haya elegido este lugar y que tenga que viajar a una zona donde antes ha ganado con facilidad», dice Kelly Hawkins, que está entre un grupo de demócratas que protesta la visita del presidente. «¡Deja de proteger a un pedófilo! ¡Ten cuidado con tus hijas, que ahí corren peligro!», grita a su lado una mujer con un megáfono a la multitud republicana para reabrir una herida que escuece: la relación de Trump con Jeffrey Epstein.
«Mentirosa y borracha»: la feroz campaña republicana contra la candidata demócrata
En las últimas semanas de la campaña, la televisión y la radio en Ohio son una sucesión de anuncios de candidatos. De ninguno se ha hablado tanto, dentro y fuera de Ohio, como del anuncio de la campaña de Vivek Ramaswamy, el candidato republicano a gobernador, contra su rival, la demócrata Amy Acton.
La campaña de Ramaswamy empezó a emitir hace unos días un anuncio protagonizado por la madre de Acton, Donna Arthur, en el que se gastó cuatro millones de dólares (3,5 millones de euros) para llenar los espacios publicitarios de Ohio. Arthur decía que su hija «ha mentido toda su vida» y que «necesita ayuda». El anuncio no mencionó que Acton está separada de su madre desde que tenía doce años y que eso se debió a los abusos sexuales de su padre, en los que la madre se puso del lado de su esposo.
La emisión provocó un escándalo en todo el país. A la censura de los demócratas se unieron algunos republicanos de Ohio, como el gobernador, Mike DeWine, y de otros lugares, como la candidata al Senado por Iowa, Ashley Hinson, quien pidió que se retirara.
Pero Ramaswamy se mantuvo en sus trece, apoyado por quienes más mandan en el partido. El vicepresidente, J. D. Vance, muy cercano a él, insistió en que Acton es una «mentirosa» y recomendó a los republicanos díscolos que dejaran de «lloriquear». Trump también mantuvo su apoyo al anuncio. Pero, en una señal negativa para Ramaswamy, que va muy igualado con Acton en las encuestas, el republicano acaba de retirar el anuncio: su campaña comprobó que le había perjudicado ante la opinión pública.
Vance, que también es de Ohio, ha intentado otra línea de ataque contra Acton: acusarla de borracha. Para ello, se basa en un incidente doméstico de 2019, en el que la Policía acudió a casa de Acton por una pelea conyugal en la que ella y su marido habían bebido. En un mitin reciente en Lima, al noroeste del estado, dijo con socarronería que había prometido a la demócrata «que me encontraría con ella después en un bar, sé que eso es lo que le va».
Alexander, el profesor de Políticas, dice que él es una persona de datos. Pero no desprecia las sensaciones. Dice que flota un ambiente de distancia hacia Trump: «Las banderas con su nombre que antes había en tantas casas han desaparecido en su mayoría. No se ven tantos carteles de candidatos republicanos en los jardines». Por lo que se percibe desde la carretera, eso es cierto. Como también lo es que las sensaciones pueden fallar tanto como las encuestas.
